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The Stream Church
Escuela de Discipulado
Basado en "Manual del Discipulado: Creciendo y ayudando a otros a crecer"
por
Gregory J. Ogden
Colección Teológica Contemporánea
24 lecciones para desarrollar la madurez en Cristo
dos niveles • una lección por
semana
Este manual cubre las 24 lecciones del libro de Ogden, divididas en dos niveles de estudio.
Estimado maestro, tiene en sus manos una herramienta diseñada para guiarle lección a lección en la formación de discípulos de Jesucristo. Este manual está basado en el libro “Manual del Discipulado: Creciendo y ayudando a otros a crecer” de Gregory J. Ogden, y ha sido adaptado para nuestra Escuela de Discipulado en The Stream Church.
El propósito de este currículo no es simplemente transmitir información bíblica, sino crear un ambiente donde el Espíritu Santo pueda transformar vidas a través de tres elementos fundamentales:
Cada lección está construida sobre principios bíblicos sólidos. Las enseñanzas siguen un orden secuencial, como un mosaico que va tomando forma lección a lección. Al final del curso, sus discípulos tendrán una comprensión integral de la vida cristiana.
El discipulado no sucede en aislamiento. Fomente un ambiente de confianza donde los participantes puedan compartir sus luchas, sus preguntas y sus victorias. Cuando nos abrimos a los demás, le damos permiso al Espíritu Santo para que nos moldee.
Los miembros del grupo se comprometen a rendirse cuentas mutuamente. Esto no es control, sino amor en acción. Cuando nos acompañamos en el camino, la obediencia se hace más natural y el crecimiento se acelera.
Para caminar hacia la madurez en Cristo, y para completar la Escuela de Discipulado, me comprometo a:
Firmado: ___________________________ Fecha: _______________
Lecciones 1 a 13 • Creciendo en Cristo y Entendiendo su Mensaje
Lecciones 1–6 • Fundamentos del discipulado y las disciplinas de la fe
El discipulado es el mandato central de Cristo a su Iglesia: una relación intencional de caminar juntos hacia la madurez en Cristo con el propósito de multiplicarse.
Que los estudiantes comprendan el mandato bíblico de hacer discípulos según Mateo 28:18-20, reconozcan la estrategia relacional y multiplicadora de Jesús, y se comprometan a vivir el discipulado no como un programa sino como un estilo de vida comunitario e intencional.
Piense en una persona que haya tenido un impacto profundo en su vida espiritual. Sin mencionar su nombre aún, describa en una o dos frases qué fue lo que esa persona hizo que marcó la diferencia en su caminar con Dios. después de que varios compartan, reflexionen juntos: ¿qué tienen en común todas esas descripciones? Probablemente descubrirán que todas involucran una relación cercana, tiempo invertido y un ejemplo de vida. Eso es discipulado.
El discipulado es una relación cuya intención es caminar con otros discípulos para animarnos, equiparnos y retarnos en amor a crecer hacia la madurez en Cristo. No es simplemente un curso de estudios bíblicos ni un programa más de la iglesia. Es la forma de vida que Jesús diseñó para que su mensaje y su poder se transmitieran de generación en generación. Incluye preparar al discípulo para que, a su vez, enseñe a otros, creando así una cadena ininterrumpida de fe viva.
Cuando Jesús pronunció la Gran Comisión en Mateo 28:18-20, usó un solo verbo imperativo: "haced discípulos". Los otros verbos — ir, bautizar, enseñar — son participios que describen cómo se hace. Esto significa que el mandato central de Cristo no fue simplemente predicar, ni construir templos, ni organizar eventos. Fue hacer discípulos. Todo lo demás es el vehículo; el discipulado es el destino.
Gregory Ogden nos recuerda que el discipulado bíblico se distingue de la mera instrucción académica porque involucra la totalidad de la persona: mente, corazón y voluntad. No basta con saber más acerca de Dios; el discípulo busca conocer a Dios personalmente y ser transformado a la imagen de Cristo en cada área de su vida cotidiana.
La estrategia de Jesús para alcanzar al mundo fue sorprendentemente contra-intuitiva. En lugar de buscar las multitudes como prioridad, seleccionó a doce hombres comunes para invertir en ellos de manera profunda. Lucas 6:12-16 nos relata que Jesús pasó toda la noche en oración antes de elegir a sus doce apóstoles. Esta decisión no fue casual; fue el fruto de una comunión íntima con el Padre. Jesús sabía que la profundidad de la relación produciría la amplitud del impacto.
El principio de interiorización significa concentrarse en pocos para asegurar la continuidad del mensaje. Jesús no escribió libros ni fundó instituciones durante su ministerio terrenal. Invirtió su vida en personas. Comió con ellos, caminó con ellos, les enseñó, los corrigió, los amó y los envió. Al centrarse en un grupo reducido, Jesús garantizó que la transmisión de su enseñanza y su espíritu fuera fiel y profunda.
El principio de multiplicación es el otro lado de la moneda. Jesús no formó a los doce para que se quedaran en un salón de clase permanente. Los envió (Lucas 9:1-6) dándoles poder y autoridad sobre demonios y enfermedades. Luego los reunió para evaluar su experiencia (Lucas 9:10). Este ciclo de formación, envío y evaluación es el modelo que la Iglesia debe seguir. Cada discípulo que se forma debe, a su vez, formar a otros. Así, lo que comenzó con doce se convirtió en un movimiento que transformó el mundo entero.
El discipulado bíblico tiene tres características esenciales que lo distinguen de cualquier otro tipo de formación. Primero, es relacional. No se trata de un contenido que se transmite de forma impersonal, sino de vidas que se comparten. Jesús no solo enseñó a sus discípulos lo que debían saber; les mostró cómo vivir. Ellos observaron su oración, su compasión, su valentía y su humildad. Aprendieron tanto de sus palabras como de su ejemplo.
Segundo, es intencional. El discipulado no sucede por accidente. Requiere un compromiso deliberado de tiempo, energía y vulnerabilidad. Jesús fue intencional al escoger a los doce, al planificar sus tiempos de enseñanza y al crear experiencias que los desafiaran a crecer. De la misma manera, nosotros debemos ser intencionales al buscar relaciones de discipulado, establecer metas de crecimiento y rendirnos cuentas mutuamente.
Tercero, es multiplicador. El discipulado bíblico nunca termina en uno mismo. Pablo lo expresó claramente a Timoteo: "Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros" (2 Timoteo 2:2). En este solo versículo hay cuatro generaciones de discipulado: Pablo, Timoteo, hombres fieles y otros. Cuando el discipulado se multiplica, el evangelio avanza exponencialmente.
En Lucas 9, vemos el modelo de Jesús puesto en práctica de forma concreta. Primero, Jesús les dio poder y autoridad (v. 1). Antes de enviarlos, los equipó. No los mandó con sus propias fuerzas, sino con el poder del cielo. Esto nos enseña que el discipulado eficaz depende del poder del Espíritu Santo, no de nuestras habilidades humanas.
Segundo, los envió a predicar el reino de Dios y a sanar enfermos (v. 2). El discipulado no es solo teoría; es práctica. Jesús los lanzó a la acción porque sabía que se aprende haciendo. La fe crece cuando se ejerce, no cuando se almacena. Luego, cuando regresaron, los reunió y ellos le contaron todo lo que habían hecho (v. 10). Este momento de rendición de cuentas y evaluación es clave. Jesús celebró con ellos, los corrigió donde fue necesario y los preparó para el siguiente paso.
Este ciclo — equipar, enviar, evaluar — es el corazón del discipulado multiplicador. Cada clase de esta Escuela de Discipulado sigue este mismo patrón: aprendemos juntos, aplicamos durante la semana y compartimos nuestras experiencias al regresar.
Mateo 28:18-20
"Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo."
Este pasaje, conocido como la Gran Comisión, es el mandato fundamental de la Iglesia. El verbo principal en griego es "matheteusate" (haced discípulos), un imperativo aoristo que indica una acción decisiva y urgente. Los participios "yendo", "bautizando" y "enseñando" describen el proceso continuo mediante el cual se hacen discípulos. Nótese que Jesús comienza declarando su autoridad universal ("toda potestad") y termina con la promesa de su presencia permanente. El discipulado se realiza bajo la autoridad de Cristo y con la seguridad de su compañía. No es una tarea que hacemos solos ni con nuestras propias fuerzas.
Esta Lección, memorice Mateo 28:19-20 y ore cada día pidiendo a Dios que le muestre a una persona específica en quien usted pueda invertir espiritualmente. Escriba el nombre de esa persona en un lugar visible y comience a orar por ella. Además, identifique a alguien que haya sido un "discipulador" en su vida y envíele un mensaje de agradecimiento esta Lección, reconociendo el impacto que tuvo en su fe.
Versículo para memorizar: Lucas 9:23-24 • Estudio Bíblico: Lucas 5:1-11 • Lectura: Demanda toda mi persona
Que los estudiantes comprendan el costo real del discipulado, reconozcan que seguir a Jesús implica una entrega total de la vida, y respondan con renovado compromiso al llamamiento misericordioso de Cristo, entendiendo que lo que Jesús demanda es toda su persona.
Imagine que recibe una oferta de trabajo increíble: el mejor salario, la ubicación perfecta, el trabajo de sus sueños. Pero hay una condición: debe dejar absolutamente todo lo que tiene ahora — su casa, sus posesiones, su ciudad — y partir mañana sin poder llevar nada consigo. ¿Aceptaría? ¿Por qué sí o por qué no? Ahora piense: eso fue exactamente lo que Jesús pidió a sus primeros discípulos. ¿Qué los motivó a decir que sí?
Un discípulo es alguien que responde con fe y obediencia al llamamiento misericordioso de Jesucristo. Ser un discípulo es un proceso de por vida de negarse a sí mismo y de dejar que Jesucristo viva en nosotros.
La palabra "discípulo" en griego es "mathetes", que significa "aprendiz" o "seguidor". Pero en el contexto del Nuevo Testamento, ser discípulo de Jesús va mucho más allá de ser un estudiante en un aula. Implica una adhesión completa a la persona de Cristo, una reorientación total de la vida en torno a Él.
Jesús nunca engañó a nadie dándole una visión falsa o equivocada de lo que significaba seguirle. De forma clara explicó cuáles eran las condiciones y los beneficios de ser uno de sus discípulos.
El magnetismo y poder de la persona de Jesús son la base de nuestra fe. En este pasaje veremos que Pedro se encuentra con un Jesús que tiene un doble impacto sobre su vida: por un lado, Pedro siente por Jesús una atracción irresistible, y por otro, le produce pavor.
"La vida es difícil." Así empieza el libro The Road Less Traveled de M. Scott Peck. Hay muchas personas que no son capaces de ver esta verdad. Mucha gente cree que la vida debería ser fácil. El camino más viajado es el de la queja ante las dificultades de la vida. El camino menos viajado es el de la aceptación de las dificultades, aceptación que te ayuda a enfrentarlas.
Lo que M. Scott Peck dice sobre la vida en general es aplicable también a la vida con Jesús. El discipulado es difícil. Seguir a Jesús tiene un precio. En el Sermón del Monte Jesús dejó bien claro que vivir con Él suponía ir por el camino menos viajado: "Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Pero estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan" (Mateo 7:13-14).
Jesús promete dar a todos los que le sigan vida abundante (Juan 10:10), pero también deja bien claro desde el principio que seguirle es difícil y costoso. Nos llama a seguirle por el camino menos viajado.
Jesús y sus discípulos estaban viajando por las aldeas alrededor de Cesarea de Filipo, una ciudad al norte del Mar de Galilea con una herencia filosófica y religiosa muy rica y diversa. Jesús les preguntó: "¿Quién dicen los hombres que soy yo?". Después de recibir varias respuestas, preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy?". Pedro, hablando por los doce, dijo: "Tú eres el Cristo" (v. 29).
Jesús aceptó la respuesta, pero inmediatamente empezó a describir al Mesías de una forma fuera de lo esperado: "El Hijo del Hombre debe padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitado después de tres días" (v. 31). Pedro no podía creer lo que Jesús estaba diciendo: "¡No, Señor! ¡Eso no te puede pasar!" El sufrimiento y la muerte no entraban dentro del concepto que Pedro tenía del Mesías.
Pedro también sabía cuál sería la implicación de seguir a un Mesías así. Sin la crucifixión del Maestro, no había resurrección; del mismo modo, sin la crucifixión de los discípulos, tampoco había resurrección. Pedro se había convertido en el portavoz del tentador, repitiendo la tentación que Jesús había resistido en el desierto.
Desde aquel día Jesús caminó y enseñó el camino menos viajado, el camino que lleva a la resurrección pasando por la cruz. En ese camino hay muchas encrucijadas donde se ofrecen otros caminos que evitan pasar por la cruz, pero todos ellos al final se convierten en un camino sin salida. Solo hay un camino que lleva a la vida, y solo podemos llegar allí a través de la cruz.
William Barclay observó: "Nadie puede decir que Jesús le ha engañado, dándole falsas promesas. Jesús nunca intentó sobornar a nadie ofreciéndole un camino fácil." Jesús fue claro: "Si alguno quiere ser mi discípulo, y espero que queráis pues yo os puedo dar vida abundante, tiene que estar dispuesto a pagar el precio" (ver Marcos 8:34-35).
Véase que usa la partícula condicional "si". Ese "si" refleja que Jesús está reconociendo que tenemos libertad de elección. Un joven rico escuchó el llamamiento de Jesús, pero luego se marchó por otra dirección (Marcos 10:17-22). Entendió cuál era el precio, pensó que era demasiado alto, y no quiso pagarlo. Marcos nos cuenta que Jesús miró a aquel joven con amor (v. 21), aun sabiendo cuál iba a ser su elección. Jesús no salió corriendo detrás de él, ni cambió las condiciones del discipulado. Jesús dijo: "Calcula el precio" (Lucas 14:28).
Jesús usa tres expresiones que recogen muy bien cómo se ha de hacer el camino menos viajado:
1. Niégate a ti mismo. La palabra que Marcos usa en 8:34 significa "resistir" o "rechazar", o sea, "decir no". La expresión "negarse a uno mismo" aparece en otros textos: en Marcos 14:71, Pedro negó conocer a Jesús. Negarte a ti mismo quiere decir negarte a ser el señor de tu vida. Significa decirle "no" al dios que tienes dentro de ti, rechazar las exigencias de ese dios que hay en ti. No es renunciar al valor que tienes, ni a tus sentimientos, ni a tu felicidad, ni a tu inteligencia. Es negarte a obedecer al dios que hay en ti, para poder decirle "sí" a Él.
2. Toma tu cruz. Esta expresión se ha interpretado mal muchas veces. Mucha gente la usa para referirse a soportar una enfermedad o una relación molesta: "Esta es la cruz que me ha tocado." Pero las palabras de Jesús iban mucho más allá. Los criminales solo cargaban la cruz si se les había sentenciado a muerte. Un hombre que se dirigía a su ejecución pública "estaba obligado a abandonar todas sus esperanzas o todas sus ambiciones en esta Tierra." Jesús llama a sus discípulos a que piensen en ellos mismos como personas que están muertas, a que entierren todos sus planes. Y Él resucitará esos sueños o los sustituirá con los suyos propios. Esta enseñanza es dura, pero también muy liberadora. La esclavitud humana en todas sus formas no es más que el resultado de haber querido ser nuestros propios dioses. Obtenemos la libertad cuando descendemos del trono que un día usurpamos.
3. Pierde tu vida por mi causa. ¡Vaya paradoja! Nos encontramos a nosotros mismos cuando perdemos nuestra vida por causa de Jesús. ¿Y cómo la perdemos? Invirtiendo todo lo que somos y todo lo que tenemos por Él y por el Evangelio. Diciéndole: "Aquí tienes mi casa, mi libreta bancaria, mis talentos y mis dones, mi mente, mi corazón, mis manos, mis pies, mi boca. Todo es tuyo. Úsalo para tu gloria y para el avance de tus propósitos en la Tierra."
Al final, cuando la Historia llegue a su fin, ¿qué es lo que va a contar? Lo único que va a contar es el Reino de Dios. Jim Elliot lo resume muy bien: "No es necio el que da lo que no puede guardar para ganar lo que no puede perder."
Por eso Pablo dijo a los filipenses con gran gozo: "Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo... yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo... y conocerle a Él, el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos, llegando a ser como Él en su muerte, a fin de llegar a la resurrección de entre los muertos." (Filipenses 3:7-11)
¿Cuáles son las evidencias de que aún no hemos tomado en serio el reto que Jesús nos lanza? Las evidencias abundan en nuestras iglesias: envidia por no tener lo que otros tienen; competición, pues siempre queremos lograr más que la persona que tenemos al lado; espíritu de discusión, pues siempre queremos tener la razón; sensibilidad exagerada que nos lleva a sentirnos heridos cuando nuestro trabajo no se reconoce. Creemos que merecemos las cosas que tenemos. Planificamos nuestro futuro sin pensar en el Reino de Dios y gastamos los recursos que tenemos en construir nuestro propio reino.
Pero, "si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, seguirá siendo un solo grano; pero si muere, lleva mucho fruto" (Juan 12:24). El camino a la resurrección pasa por la crucifixión. El camino hacia la vida nueva pasa por la muerte de la antigua. Jesús nos llama a ir por ese camino, el camino que Él hizo.
Esta Lección, memorice Lucas 9:23-24. Cada mañana, antes de comenzar sus actividades, deténgase un momento y diga en voz alta: "Señor, hoy me niego a mí mismo, tomo mi cruz y te sigo." Identifique un área específica de su vida donde necesita rendirle el control a Cristo (una relación, un hábito, una ambición, un temor) y tome un paso concreto de obediencia esta Lección en esa área. Además, lea la lectura "Demanda toda mi persona" completa y responda por escrito las preguntas del estudio de la lectura. Escriba en un diario lo que Dios le muestre.
Lucas 9:23-24 (Versículo para memorizar)
"Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará."
Jesús dirige estas palabras "a todos", no solo a un grupo selecto. El discipulado radical no es opcional; es la norma para todo seguidor de Cristo. El verbo "niéguese" (aparnesasthō) es un imperativo aoristo que indica una decisión puntual y definitiva. "Tome su cruz" (lambanetō) está en tiempo presente, indicando una acción continua y diaria. La paradoja central — perder la vida para salvarla — invierte la lógica del mundo. El mundo dice: "Protégete, acumula, asegúrate". Jesús dice: "Entrégate, da, confía".
Lucas 5:1-11 (Estudio Bíblico)
"Viendo Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador... No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron."
Este pasaje muestra el doble impacto de la persona de Jesús: atracción irresistible y pavor ante su santidad. Pedro, un pescador experimentado, obedece a un carpintero en asuntos de pesca — y el resultado sobrenatural lo lleva a reconocer su pecado. La respuesta de Jesús no es condenación sino comisión: "serás pescador de hombres." Y la respuesta de Pedro es entrega radical: dejó todo en el mejor día de negocios de su vida.
Así como Jesús se apartaba para estar con su Padre, el discípulo necesita un encuentro diario y personal con Dios a través de la lectura bíblica, la meditación y la oración.
Que los estudiantes comprendan la importancia vital del tiempo devocional diario, aprendan sus componentes esenciales (lectura bíblica, meditación y oración), y establezcan un plan práctico para cultivar este hábito como la base de su relación personal con Dios.
¿Cuánto tiempo podría usted sobrevivir sin comer? Probablemente varios días, aunque con mucho malestar. ¿Y sin beber agua? Solo unos pocos días. Ahora piense: ¿cuánto tiempo ha pasado sin alimentar su alma con la Palabra de Dios y la oración? ¿Cómo describiría el estado actual de su "salud espiritual" en una escala del 1 al 10? Comparta con la persona que tiene al lado y conversen brevemente sobre qué factores afectan esa puntuación.
Del mismo modo en que Jesús se retiraba a "un lugar apartado" para estar con su Padre (Marcos 1:35), el discípulo debería buscar un momento cada día para apartarse de los asuntos de esta vida y tener un tiempo de silencio, de encuentro personal con su Señor y Salvador.
Si alguien no necesitaba un tiempo devocional, era Jesús. Él era Dios encarnado, en perfecta comunión con el Padre. Sin embargo, Marcos 1:35 nos dice: "Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba". Si el Hijo de Dios consideró necesario apartarse regularmente para estar a solas con su Padre, cuánto más nosotros necesitamos esa disciplina.
Jesús no oraba por obligación religiosa ni por rutina vacía. Oraba porque su relación con el Padre era la fuente de todo lo que hacía. De ese tiempo a solas salía con dirección, con poder y con paz. El tiempo devocional no es un lujo espiritual; es la brújula que orienta nuestra vida.
Un tiempo devocional diario contiene, al menos, tres componentes esenciales:
Jesús usa la metáfora de la vid y los pámpanos para ilustrar la relación vital entre Él y sus discípulos. "Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí" (Juan 15:4). Una rama separada de la vid se seca y muere.
El tiempo devocional es la práctica diaria de permanecer en la vid. Sin ese permanecer, nuestros esfuerzos se vuelven actividad sin vida. Jesús lo dice con claridad absoluta: "separados de mí nada podéis hacer" (Juan 15:5). No dijo "poco"; dijo "nada". Pero la promesa es igualmente poderosa: cuando permanecemos en Cristo, experimentamos el gozo que Él prometió — "para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido" (Juan 15:11).
Juan 15:1-11 — La vid y las ramas
Jesús elige una imagen de la naturaleza para describir el tipo de relación que debemos tener con Él si queremos dar fruto. Jesús dice que Él es la vid y que nosotros somos las ramas (Juan 15:5). Lee el pasaje y responde:
Adaptado de Lord of the Universe, Lord of My Life, InterVarsity Press, 1973.
Un tiempo devocional diario es un encuentro diario y a solas entre un discípulo y el Señor Jesucristo. No debería ser algo improvisado. Podemos hablar con el Señor de forma espontánea muchas veces al día, pero el tiempo devocional es un periodo de tiempo que apartamos de forma planificada con el propósito de tener un encuentro personal con nuestro Salvador y Señor.
Hay al menos tres razones por las que debemos tener un devocional diario:
Aunque no hubiera otra razón, ésta ya sería suficiente. De todos los sacrificios del Antiguo Testamento, solo había uno que tenía que celebrarse a diario: el continuo sacrificio. Su propósito no era propiciación, sino complacer a Dios — producir un aroma agradable para el Señor. El Padre está buscando a personas que le adoren de forma continua: "El Padre tales adoradores busca que le adoren" (Juan 4:23). Un indicador de la profundidad de nuestra relación con el Señor es nuestra disposición a pasar tiempo a solas con Él no por lo que obtenemos, sino por lo que significa para Él.
Esto era lo que el salmista tenía en mente: "Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por Ti, oh Dios, el alma mía" (Salmo 42:1-2). Nos beneficiamos en cuatro sentidos:
"Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba" — Marcos 1:35
Si nuestro Señor creyó que era necesario encontrarse a solas con su Padre, su ejemplo es una buena razón para hacer lo mismo. La cuestión es: ¿seremos cristianos mediocres o cristianos que crecen? El factor principal estará en si desarrollamos o no la disciplina del tiempo devocional diario.
Una vez que deseas empezar un tiempo devocional diario, ¿cómo puedes comenzar? Sigue estos pasos:
Haz lo que tienes que hacer cuando tienes que hacerlo, de la forma en la que debes hacerlo, en el lugar adecuado y por las motivaciones adecuadas. Dicho de otro modo, la autodisciplina es el uso sabio de tus recursos personales como el tiempo y la energía.
El tiempo devocional debería tener lugar en el momento del día en que estamos más despejados. Para algunos es la mañana; para otros, en otro momento o por la noche. Una orquesta no afina sus instrumentos después del concierto. En cuanto a la duración, un buen plan consiste en empezar con diez minutos e ir aumentando hasta llegar a los treinta. Toma ahora mismo una decisión: desde mañana me voy a encontrar con mi Señor una vez al día.
No te vayas a dormir tarde, para que cuando te levantes estés lo suficientemente fresco. La batalla del tiempo devocional diario normalmente se pierde la noche anterior.
"Estad quietos, y conoced que yo soy Dios" (Salmo 46:10). Apaga la radio o la televisión. Encuentra un sitio tranquilo. No te quedes en la cama — siéntate derecho. Estar reclinado en una silla demasiado cómoda no te ayudará a concentrarte.
Pídele al Espíritu Santo que esté en control de ese tiempo, que guíe tu alabanza, tu acción de gracias, tu adoración, tu intercesión, tus peticiones y tu meditación. Abre tu mente y corazón a la Palabra de Dios.
Escribe las ideas que quieres recordar y las preguntas que no puedes contestar. Expresar lo que nos pasa por la cabeza hace que las cosas calen más; escribir es una buena forma de expresarse.
Cuéntale que estás intentando desarrollar la disciplina del tiempo devocional diario. Pídele que ore por ti, que Dios te ayude a llevar a cabo tus objetivos.
Los problemas más comunes cuando empezamos a tener un tiempo devocional son:
Solución: Pídele al Espíritu Santo que ponga en ti el deseo. Nadie más puede hacer eso por ti — ni tú mismo puedes crear ese deseo.
Solución: Tenlo de todas formas, y de forma sincera, dile a Jesús que no te apetece pero que sabes que merece la pena. Pídele que mejore tu disposición e intenta descubrir por qué te sientes así.
Solución: Pídele al Espíritu Santo que centre tu mente en Cristo. Cantar, orar o leer en voz alta puede ayudar. Te desconcentrarás menos si escribes las cosas o elaboras un diario de oración.
Solución: Pídele al Señor que refuerce ese deseo. No permitas que la culpa o las acusaciones del diablo te venzan. Confiesa, pide perdón, y renueva tu relación con Él. No te rindas.
Solución: Ora para que el Señor te devuelva el gozo (Salmo 51:12). Introduce algún elemento diferente: canta un himno o prueba un método distinto de estudio bíblico.
Tu vieja naturaleza no quiere que tengas un tiempo devocional ni que desarrolles cualquier disciplina que agrade a Cristo (Gálatas 5:16-17). Pide que el Espíritu Santo dé fuerzas a tu nueva naturaleza para que venza a la vieja.
El diablo se opone a cualquier esfuerzo que hagas para agradar a Cristo. Su estrategia es complicar tu horario, hacer que estés cansado, que no te puedas concentrar — cualquier cosa para que no te encuentres con Cristo. Pídele al Espíritu Santo que frene al diablo.
Planifica ahora mismo el tiempo devocional de mañana, y mañana, vuelve a planificar el del día siguiente. Si algún día no lo tienes, no te rindas — niégale al diablo el placer de vencerte. Te lo saltarás en más de una ocasión; tendrás que "empezar de nuevo" muchas veces antes de desarrollar esta disciplina.
Mucha gente tarda meses en desarrollar el hábito del tiempo devocional diario. De hecho, para muchos es una lucha de por vida. Sea como sea, no te rindas. Con la ayuda de Dios, toma la decisión de crecer para ser un discípulo comprometido que se encuentra con Cristo regularmente y que tiene con Él encuentros significativos.
Esta Lección, comprométase a tener un tiempo devocional de al menos 15 minutos cada día durante los próximos siete días. Use el siguiente plan: lea un pasaje del Evangelio de Juan cada día (comience en el capítulo 1), medite en un versículo que le llame la atención escribiéndolo en un cuaderno, y termine con una oración de respuesta. Al final de la semana, anote brevemente cómo fue la experiencia: ¿qué días fueron fáciles? ¿Cuáles difíciles? ¿Qué le habló Dios? Traiga sus notas a la próxima clase para compartir.
Salmo 1:1-2
"Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche."
Un fruto saludable es el resultado de unas raíces nutridas y bien alimentadas. En la vida ocurre lo mismo. Si afianzamos nuestra vida en la verdad de la Palabra de Dios, la vida florecerá en nosotros. El Salmo 1 es la puerta de entrada a todo el libro de los Salmos y presenta el contraste fundamental entre dos caminos de vida. El hombre bienaventurado ("ashrei" en hebreo — una dicha profunda y estable) se define primero por lo que evita y luego por lo que abraza: la meditación constante en la Palabra de Dios.
Preguntas de estudio del versículo:
Las Escrituras, siendo la revelación inspirada de Dios, son el fundamento de toda verdad para la fe y la vida del discípulo, y deben estudiarse con método, reverencia y aplicación personal.
Que los estudiantes valoren la Biblia como Palabra inspirada de Dios, aprendan el método inductivo de estudio bíblico (observación, interpretación, aplicación), y desarrollen el hábito de estudiar las Escrituras de manera sistemática y transformadora.
Si un amigo que nunca ha leído la Biblia le pidiera que le recomiende un solo libro o pasaje para comenzar, ¿cuál le recomendaría y por qué? Comparta su respuesta con el grupo. Luego reflexionen: ¿qué dice su elección sobre lo que ustedes consideran más importante de la Biblia? Esta actividad nos ayuda a reconocer que todos tenemos "favoritos", pero que toda la Escritura es igualmente valiosa e inspirada.
Como las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento son la Revelación de Dios, las pautas para conocer la verdad en cuanto a todas las cuestiones de la fe y de su práctica, cada día deberíamos leer una porción de la Palabra de Dios, y estudiarla y meditar en ella. La Biblia es para el espíritu lo que el alimento es para el cuerpo.
La Biblia no es un libro cualquiera. Según 2 Timoteo 3:16-17, "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra." La palabra "inspirada" en griego es "theopneustos", que literalmente significa "soplada por Dios". La Biblia es el aliento mismo de Dios expresado en palabras humanas.
La Biblia cumple cuatro funciones: enseñar (nos muestra la verdad), redargüir (nos señala dónde estamos equivocados), corregir (nos muestra cómo enderezar el camino) e instruir en justicia (nos entrena en la vida recta). Es como un espejo que muestra nuestra verdadera condición, un mapa que señala el camino correcto, y un alimento que nutre nuestra alma.
El estudio bíblico inductivo hace uso del método científico de investigación. Se empieza con los datos que aparecen en el texto bíblico, y a partir de los datos se extrae el significado y la aplicación. El proceso emplea las seis preguntas de investigación: ¿Quién? ¿Qué? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué?
¿Qué dice el texto? Leer con atención buscando datos, palabras clave, personajes, lugares y tiempo.
¿Qué significa el texto? Descubrir el significado original y su relevancia hoy mediante definiciones y relaciones.
¿Qué significa para mí? Aplicar la enseñanza de forma personal, específica y práctica a mi vida.
En primer lugar, pide al Señor que acalle tu corazón y te ayude a recibir la verdad que vas a escuchar.
Si nos tomamos la obediencia a Dios de forma seria, tendremos que descubrir qué es lo que Dios nos está diciendo.
Busca las causas y motivaciones que el texto da explícita o implícitamente.
El método o proceso que describe el texto. ¿Cómo se desarrollan los eventos?
El objetivo es descubrir el significado original y su relevancia hoy.
Personajes:
¿Qué ocurre?
¿Por qué se cuenta?
Para enseñar que debemos orar siempre y no desmayar.
Salmo 119:1-16 — La Palabra de Dios en la vida del discípulo
El Salmo 119 es el salmo más extenso y es una exaltación de la ley de Dios. Leyendo los primeros dieciséis versículos veremos cuál es la actitud que deberíamos tener hacia la Palabra de Dios y el lugar que debe ocupar en nuestras vidas.
Esta semana, practique el método inductivo con el Salmo 23 usando las tres columnas. El primer día, dedíquese solo a la observación (escriba todo lo que note: palabras clave, imágenes, acciones de Dios, respuestas del salmista). El segundo día, trabaje en la interpretación (¿qué significan estas imágenes? ¿qué revelan sobre el carácter de Dios?). El tercer día, aplique (¿en qué área de mi vida necesito confiar hoy en que el Señor es mi pastor?). Traiga sus notas a la próxima clase y esté preparado para compartir lo que descubrió.
2 Timoteo 3:16-17
"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra."
Estos versículos son parte de un pasaje clásico sobre la fuente y el valor de la Biblia. Pablo escribe a su joven discípulo Timoteo en un contexto donde la sana doctrina estaba siendo amenazada por falsos maestros. La afirmación "toda la Escritura" (pasa graphe) no deja lugar para una inspiración selectiva. "Theopneustos" (inspirada por Dios) aparece solo aquí en todo el Nuevo Testamento. El resultado final es un discípulo "artios" — completo, competente — equipado para servir a Dios en toda circunstancia.
Preguntas de estudio del versículo:
La oración es un diálogo transparente e íntimo con el Creador del universo, donde nos dirigimos a Dios y Él se dirige a nosotros, transformando nuestra vida desde adentro.
Que los estudiantes comprendan la oración como un diálogo relacional con Dios (no un monólogo religioso), aprendan los cuatro tipos de oración: (adoración, confesión, gratitud, súplica), y crezcan en la práctica de una vida de oración persistente e íntima siguiendo el modelo del Padrenuestro.
¿Recuerda la primera vez que habló por teléfono con alguien importante para usted: un primer amor, un jefe, una persona que admiraba? Probablemente estaba nervioso, no sabía bien qué decir, y quizás hasta ensayó lo que iba a decir. Ahora, con las personas cercanas, la conversación fluye naturalmente. ¿Cómo describiría su "conversación" actual con Dios? ¿cómo una llamada nerviosa con un desconocido, o como una charla fluida con su mejor amigo? ¿Por qué?
La oración es un diálogo transparente. Es una conversación con Dios en la que nos dirigimos a Él y Él, de forma silenciosa, se dirige a nosotros.
La oración es el lugar de mayor seguridad que podemos encontrar. A través de ella podemos abrir nuestros corazones sin miedo a ser rechazados, similar a lo que haríamos con un amigo que nos acepta tal como somos, con todas nuestras imperfecciones y debilidades. Ante Dios no necesitamos usar máscaras ni lenguaje religioso elaborado.
'Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.'
HEBREOS 4:16 RVR1960
La palabra "confiadamente" (parresia) significa con libertad de expresión, con franqueza total. El trono de Dios NO es un tribunal de condenación; es un trono de gracia.
La mejor forma para aprender a orar es estudiando la oración que Jesús enseñó después de que sus discípulos le dijeran: "Enséñanos a orar" (Lucas 11:1). El Padrenuestro no es una fórmula para repetir mecánicamente, sino un modelo que estructura nuestra vida de oración.
Su estructura es profundamente significativa:
Primero Dios, luego nosotros.
Jesús usó dos parábolas para enseñar sobre la persistencia.
Lucas 11:5-13; 18:1-8 — La oración y la persistencia
Para interpretar cada uno de estos dos pasajes es muy útil compararlos. Veremos cómo Lucas 11 nos ayuda a entender la extraña comparación que Jesús hace entre Dios y el juez injusto en Lucas 18. Prepárate para ir de un texto al otro.
El argumento de Jesús es de menor a mayor: si personas imperfectas responden a la insistencia, cuánto más nuestro Padre celestial responderá a sus hijos.
La oración persistente no cambia la mente de Dios; ¡CAMBIA NUESTRO CORAZÓN!
La oración es una conversación íntima con el Creador del Universo y con el Redentor de nuestras vidas, quien tiene el profundo deseo de pasar tiempo con nosotros.
En la oración debemos presentarnos tal como somos. Como dice Richard Foster:
"El Señor nos invita a volver al hogar… un hogar de serenidad, paz y gozo, un hogar de amistad, comunión y sinceridad, un hogar de intimidad, aceptación y afirmación."
En la oración, la primera reacción del corazón es la adoración. Es importante distinguir entre adoración y gratitud.
La adoración nos eleva más allá de nosotros mismos para admirar la grandeza y la belleza de Dios:
'Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, Y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre. Cada día te bendeciré, Y alabaré tu nombre eternamente y para siempre. Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; Y su grandeza es inescrutable.'
SALMOS 145:1-3 RVR1960
Una forma de practicar la adoración es seleccionar un atributo de Dios y meditar en él. Por ejemplo:
¿Por qué quiere Dios que le alabemos? No solo porque lo merece, sino por lo que nosotros ganamos: "La alabanza es el dulce eco de su propia excelencia en los corazones de su pueblo." — John Piper
Cuando llenamos nuestros corazones con la gloria de Dios, la reacción natural es ver la oscuridad de nuestras vidas a la luz de su resplandor.
En griego, confesar significa "estar de acuerdo con".
'[1] Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones… [3] Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. [4] Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio.'
SALMOS 51:1,3-4 RVR1960
¿Cómo distinguir cuándo Satanás nos acusa y cuándo Dios nos convence de pecado?
Produce desánimo. Su objetivo es que nos hundamos en la culpa y concluyamos que no somos dignos de ser hijos de Dios. Este peso paraliza y no transforma.
Es penetrante y específica. Desenmascara pecados concretos, nos lleva al arrepentimiento (cambio de conducta) y finalmente nos limpia, renovándonos como el aire después de las lluvias de primavera.
"No hay condenación para aquellos que están en Cristo Jesús".
Los mensajes/pensamientos de desánimo no son del Señor.
Cuando entendamos de verdad el rescate que Dios ha realizado al salvarnos, la motivación fundamental para vivir la vida cristiana será la gratitud. Pablo nos dice que:
'[demos] siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.'
EFESIOS 5:20 RVR1960
La gratitud es el cultivo de una memoria:
En octubre de 1942, Eddie Rickenbacker pilotaba su B-17 sobre el Pacífico cuando algo falló y se precipitaron al mar. Los ocho tripulantes sobrevivieron en botes salvavidas. Ocho días después se les acabaron los víveres. Hicieron un culto devocional, y mientras Rickenbacker dormía, una gaviota se posó en su cabeza — comida enviada por Dios a cientos de kilómetros de la orilla. Sobrevivieron.
Rickenbacker nunca cesó de mostrar su gratitud. Cada semana llevaba un cubo de gambas al muelle y alimentaba a las gaviotas hasta que el cubo quedaba vacío — su ofrenda de acción de gracias de por vida.
Con frecuencia, y con demasiada facilidad, olvidamos ser agradecidos. La gratitud es hacer una lista en oración de todo lo bueno que hay en nuestra vida.
Suplicar significa pedir con intensidad, seriedad y perseverancia. Jesús dice:
'…Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.'
SAN LUCAS 11:9 RVR1960
La súplica incluye:
La intercesión consiste en situarse entre Dios y otra persona para rogarle a Dios por ella;
Las oraciones de intercesión de Pablo en Efesios 1:16-19, 3:16-19 y Colosenses 1:9-12 nos enseñan a ir más allá de las necesidades materiales y orar por el conocimiento de la voluntad de Dios y por ser llenados de su amor.
Cuando NO pedimos, estamos desperdiciando una oportunidad. Tenemos al creador del universo con nosotros, pero nosotros queremos hacerlo por nosotros mismos.
Que nuestra conversación con Dios esté caracterizada por la adoración, la confesión, la gratitud y la súplica.
'Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.'
ROMANOS 8:26-27 RVR1960
Esta semana, use el modelo ACGS en su oración diaria. Consiga un cuaderno que será su "diario de oración". Cada día, divida una página en cuatro secciones: Adoración (escriba un atributo de Dios y medite en él), Confesión (sea honesto sobre pecados específicos, no generales), Gratitud (liste al menos tres cosas concretas por las que está agradecido) y Súplica (escriba sus peticiones, incluyendo intercesión por otros). Además, elija una petición específica por la que orará persistentemente todos los días sin desanimarse. Al final de la semana, revise su diario y note cómo ha cambiado su perspectiva.
Mateo 6:9-13 — El Padrenuestro
"Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén."
El Padrenuestro se encuentra en el Sermón del Monte, donde Jesús contrasta la oración auténtica con la oración hipócrita de quienes oraban "para ser vistos por los hombres" (Mateo 6:5). En Mateo 6, Jesús enseña esta oración después de señalar la diferencia entre la forma correcta e incorrecta de mostrar devoción a Dios.
Preguntas de estudio del versículo:
El propósito principal de la Iglesia es honrar a Dios a través de la adoración, porque esa es la vocación del pueblo de Dios para la eternidad.
Que los estudiantes comprendan la adoración como la actividad central de la vida cristiana y la vocación eterna de la Iglesia, experimenten una visión renovada de la majestad de Dios a través del estudio de Apocalipsis 4-5, y se comprometan a vivir vidas de adoración que van más allá del servicio dominical.
¿Alguna vez ha presenciado algo tan impresionante que se quedó sin palabras? Quizás un amanecer espectacular, una obra musical magistral, o un momento de la naturaleza que lo dejó asombrado. Describa brevemente ese momento al grupo. ¿Qué sintió? ¿Cómo reaccionó? Ese sentimiento de asombro, de sentirse pequeño ante algo grandioso, es el comienzo de la adoración. Ahora multiplíquelo infinitamente, y empezará a entender lo que se experimenta ante la presencia del Dios todopoderoso.
Las funciones de la Iglesia son, como se dice en varias ocasiones, la enseñanza, la comunión, la evangelización y la adoración (ver Hechos 2:42-47). De todas estas importantes funciones, el propósito principal de la Iglesia es honrar a Dios a través de la adoración, porque ésa es su vocación para la eternidad.
En Apocalipsis 4 se nos presenta la sala donde está el trono de Dios. Su trono resplandece con gloria y belleza y está rodeado de criaturas que de forma continua alaban al Señor diciendo: "Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el Todopoderoso" (v. 8). Apocalipsis 4-5 es como si a través de una ventana pudiéramos ver un destello de lo que será nuestra vocación por toda la eternidad.
La adoración es la única actividad de la Iglesia que continuará en la eternidad. La evangelización cesará cuando todos hayan oído. La enseñanza se completará cuando lo conozcamos todo. Pero la adoración nunca terminará. No adoramos para sentirnos bien ni para obtener bendiciones. Adoramos porque Dios es digno.
La vitalidad y la relevancia de nuestra adoración están directamente relacionadas con nuestra comprensión de Dios. Adoración auténtica tendrá lugar cuando somos conscientes de que Dios está presente y reconocemos quién es ese Dios. Sin embargo, hay dos actitudes dentro de nosotros que nos impiden verle tal como Él es:
Tendemos a formarnos nuestro propio concepto de Dios, proyectando el dios que nos gustaría que existiera. Reducimos a Dios a algo manejable, predecible, cómodo.
Cuando Dios se revela tal como Él es, le ignoramos o rechazamos porque lo que descubrimos sobre Él es demasiado para nosotros. Preferimos una mentira cómoda a una verdad abrumadora.
'En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. '
ISAÍAS 6:1-3 RVR1960
Hay un atributo de Dios que unifica el resto de sus atributos: la Santidad.
La santidad de Dios tiene dos significados.
La palabra santo contiene básicamente dos ideas que constituyen una amenaza para el ser humano pecador:
Ambos son una amenaza para el ser humano pecador.
Santo significa totalmente único, separado, aparte de lo común. Dios es totalmente único, completamente diferente a todo lo demás. En presencia de Dios somos polvo y cenizas.
Job dijo:
'He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca. '
JOB 40:4 RVR1960
La perfección absoluta que no tolera la suciedad del pecado. La santidad, por su naturaleza, tiene que destruir el pecado. En la presencia del fuego purificador de la santidad, Isaías tembló porque sabía que si las llamas le alcanzaban, moriría. En la presencia de la pureza absoluta, nuestros intentos de excelencia moral se quedan bastante cortos.
Isaías exclamó:
'… ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. '
ISAÍAS 6:5 RVR1960
La paradoja de la Santidad de Dios:
Aunque Isaías estaba aterrado en la presencia de Dios, pero también deseaba permanecer en ella.
La resolución a esta tensión es la gracia:
'Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. '
ISAÍAS 6:6-7 RVR1960
'¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! '
HEBREOS 10:31 RVR1960
Punto 4: La adoración auténtica tiene tres expresiones:
Gracias a Jesucristo, podemos acercarnos al Santo Creador del Universo y dirigirnos a Él con toda familiaridad: ¡Abba Padre!
Isaías 6 & Apocalipsis 4-5
Esta semana, practique la adoración de tres maneras. Primero, cada mañana dedique al menos cinco minutos exclusivamente a adorar a Dios por lo que Él es — no por lo que ha hecho. Seleccione un atributo de Dios (su santidad, soberanía, omnisciencia) y medite en él usando el Salmo 145 como guía. Segundo, lea Isaías 6:1-8 despacio y permita que la escena le impacte: ¿qué siente al verse en la presencia del Dios Santo? Escriba su reacción en su libreta. Tercero, al final de cada día, identifique una acción ordinaria de su jornada que pueda ofrecer a Dios como un "sacrificio vivo" — el trabajo bien hecho, la paciencia con alguien difícil, la honestidad en una situación complicada.
Apocalipsis 4:11
"Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas."
En Apocalipsis 4 se nos presenta la sala donde está el trono de Dios, rodeado de criaturas que de forma continua alaban al Señor. La palabra "digno" (axios) era un término usado en el mundo greco-romano para declarar a alguien merecedor de honor público. Los veinticuatro ancianos se postran, echan sus coronas ante el trono y declaran que solo Dios merece la gloria, la honra y el poder.
Preguntas de estudio del versículo:
Lecciones 7–13 • Doctrina esencial: Trinidad, Creación, Pecado, Gracia, Redención, Justificación y Adopción
Aunque la naturaleza de Dios trasciende nuestra plena comprensión, la Escritura revela que hay un solo Dios eterno que existe en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Que los estudiantes comprendan la doctrina bíblica de la Trinidad, reconozcan las evidencias escriturales de la divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y aprecien cómo esta verdad fundamental afecta su relación con Dios y su vida de fe.
"¿Cómo puede Dios ser uno y tres al mismo tiempo?"
Aunque no podemos comprender de forma plena la naturaleza de Dios, sabemos que solo hay un Dios eterno y que éste, siendo uno, es en tres personas: Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo.
La palabra Trinidad no es un término bíblico, y tampoco hay muchos pasajes que mencionen a la vez a las tres personas de la Trinidad. Entonces, ¿cómo hemos llegado a creer que Dios es uno en tres personas?
La respuesta es sencilla: porque la Biblia las describe a las tres como personas divinas y, a la vez, con personalidades distintas.
El punto de partida para entender la doctrina de la Trinidad es la afirmación categórica del monoteísmo bíblico.
'Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. '
DEUTERONOMIO 6:4 RVR1960
Esta confesión, conocida como la Shemá (del hebreo "escucha"), era (y sigue siendo) la declaración de fe fundamental del pueblo judío. No hay múltiples dioses; hay uno solo. La Trinidad no contradice el monoteísmo; lo profundiza:
Cuando Dios se reveló a Moisés en la zarza ardiente, le dijo su nombre: "YO SOY EL QUE SOY" (Éxodo 3:13-14).
'Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy. '
SAN JUAN 8:58 RVR1960
El concepto que Juan elige para describir el contacto que Dios establece con nosotros es el del Verbo o la Palabra:
'En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. '
SAN JUAN 1:1 RVR1960
'Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. '
SAN JUAN 1:14 RVR1960
Las palabras de Juan nos recuerdan otro comienzo. 'En el principio creó Dios los cielos y la tierra. ' En GÉNESIS 1:1 RVR1960 describe la vieja Creación, y Juan 1:1 introduce la nueva Creación.
1. ¿Por qué elige Juan la imagen del Verbo para presentarnos a Jesús?
El mensaje a la humanidad se materializó en la persona de Jesucristo:
'Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; '
HEBREOS 1:1-2 RVR1960
2. ¿Qué significado tiene que Jesús sea eterno, y no un ser creado?
Si Jesús es creado, no puede ser Dios y no puede salvar de forma definitiva.
'Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; '
SAN JUAN 5:26 RVR1960
3. ¿Era Jesús consciente de que Él ya existía antes de la Creación?
Evidentemente. Durante su último encuentro con los discípulos en el aposento alto, expresó el deseo que tenía de estar de nuevo con el Padre como antes de venir a este mundo. En su oración, dice lo siguiente:
'Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. '
SAN JUAN 17:5 RVR1960
4. ¿Cuál es la relación entre el Padre y el Hijo?
Aquí es donde las cosas se complican un poco.
'En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. '
SAN JUAN 1:1 RVR1960
El Hijo y el Padre tienen roles distintos. El Hijo obedece al Padre:
'…De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. '
SAN JUAN 5:19 RVR1960
y el Padre glorifica al Hijo:
'…y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; '
SAN JUAN 17:1 RVR1960
Nos encontramos ante dos seres que dicen ser eternos y, sin embargo, son distintos el uno del otro.
5. ¿Quiere decir que tenemos dos dioses?
6. ¿Cómo se llegó a formar esta idea?
La idea de la Trinidad surgió de la enseñanza bíblica que igualaba al Hijo y al Espíritu Santo con Dios.
No es una invención posterior de la Iglesia:
7. ¿Por qué Jesús no dijo directamente las palabras: “Soy Dios”?
'Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. Por esto los judíos aún más procuraban matarle, porque no solo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios. '
SAN JUAN 5:17-18 RVR1960
Cuando Jesús decía: 'Yo y el Padre uno somos. ' SAN JUAN 10:30 RVR1960, no se refería a que era idéntico al Padre, o a que su función tenía el mismo propósito, sino a que eran uno en esencia. Jesús hacía cosas que solo Dios podía hacer. Juan menciona dos cosas en concreto:
A. Jesús, agente de la Creación.
'Todas las cosas por él [Jesús] fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. '
SAN JUAN 1:3 RVR1960
B. Jesús, fuente de vida.
'Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida. '
SAN JUAN 5:21 RVR1960
Jesús no necesita que nadie le dé vida; Él es la vida, y por eso puede decir:
'Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre. '
SAN JUAN 10:18 RVR1960
El Espíritu Santo no es una fuerza impersonal ni una energía abstracta. Es la tercera persona de la Trinidad, plenamente Dios.
En Hechos 5:1-4, Pedro confronta a Ananías:
'Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del precio, sabiendo lo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. '
HECHOS 5:1-4 RVR1960
A la persona del Espíritu Santo también se le otorgan cualidades divinas, pero con una función claramente distinta de la del Padre y de la del Hijo.
El papel del Espíritu Santo en la vida del discípulo es fundamental:
8. ¿Qué papel tiene el Espíritu Santo en la vida del creyente?
El Espíritu Santo en nosotros es el que nos introduce en la familia de Dios.
'Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios... '
ROMANOS 8:15-16 RVR1960
Imagina:
La iglesia organiza un picnic en el parque. Tienes muchos recados que hacer y no te da tiempo de prepararte la comida que llevaras al picnic. Corriendo, pasas por casa antes de que el picnic empiece para coger algo de comida. Pero lo único que te queda en la nevera es un trozo de queso un tanto seco, y te acuerdas de que hace dos días viste en la panera dos o tres rebanadas de pan.
Cuando llegas al parque, te sientas en una mesa donde ya está colocada una familia numerosa. Pones sobre la mesa tu triste bocadillo de queso. La familia empieza a sacar de la enorme bolsa de picnic un pollo enorme, una suculenta ensalada de patata, un sinfín de cosas para picar y, por fin, un sabroso pastel de chocolate. Al ver tu bocadillo de queso, la madre te lanza una invitación: "¿Por qué no compartimos la comida?". Tú protestas, pero ella enseguida contesta: "Venga hombre, si hay suficiente para todos. Además, nos encantan los bocadillos de queso." Así que llegas al picnic con una miseria de bocadillo, y acabas comiendo como un rey.
Venimos a este mundo como huérfanos, y Jesús nos adopta para que formemos parte de su familia eterna. Jesús "comparte con nosotros lo que tiene". Jesús nos dice: "Deja que te dé vida, pues ése es el propósito para el que fuiste creado/a". El Padre y el Hijo nos dicen a través de la presencia viva del Espíritu Santo: "Todo lo que somos y tenemos está a tu disposición".
La doctrina de la Trinidad nace de tomar en serio tanto el monoteísmo del Antiguo Testamento como las afirmaciones de Jesús en el Nuevo Testamento.
'La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.'
2 CORINTIOS 13:14 RVR1960
Esta semana, dedica cada día de oración a una persona diferente de la Trinidad. Lunes y martes, ora al Padre como Creador y sustentador, agradeciéndole su amor y provisión. Miércoles y jueves, ora a Jesús como Salvador y Señor, agradeciéndole su gracia y su ejemplo. Viernes y sábado, ora al Espíritu Santo como Consolador y Guía, pidiéndole que te llene y produzca su fruto en ti. El domingo, ora a las tres personas juntas usando la bendición de 2 Corintios 13:14. Anota en tu diario cómo esta experiencia enriqueció tu comprensión de Dios.
Deuteronomio 6:4 y 2 Corintios 13:14
"Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es."
"La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén."
Vamos a aprender dos versículos que nos ayudan a ver la enseñanza bíblica de que Dios es uno y, a la vez, en tres personas: Deuteronomio 6:4, o la shemá, que los judíos escriben sobre la puerta de entrada a las sinagogas, y 2 Corintios 13:14.
Preguntas de estudio del versículo:
El ser humano, hombre y mujer, es la obra maestra de la creación de Dios, hecho a su imagen y semejanza, con dignidad intrínseca y vocación de vivir en relación con su Creador y con los demás.
Que los estudiantes comprendan el significado bíblico de ser creados a imagen de Dios (imago Dei), reconozcan la dignidad intrínseca de todo ser humano, y vivan a la luz de su identidad como portadores de la imagen divina en sus relaciones, su trabajo y su propósito de vida.
Si tuviera que crear una "obra maestra" — una pintura, una escultura, una canción — que represente lo mejor de usted como artista, ¿en qué pondría más cuidado y atención? Ahora considere esto: de todo lo que Dios creó — galaxias, océanos, montañas, animales — la Biblia dice que su obra maestra fue usted. El ser humano. ¿Cómo le hace sentir saber que es la obra maestra del Artista supremo? ¿Lo cree de verdad, o le cuesta aceptarlo?
Dios, el Creador eterno, creó el mundo haciendo uso de su infinita creatividad y poder. La obra maestra de su Creación fue el ser humano, hombre y mujer, hechos a su imagen y semejanza.
Dios, el Creador eterno, creó el mundo haciendo uso de su infinita creatividad y poder. El relato de Génesis 1 presenta una creación ordenada, progresiva y llena de propósito. Cada día de la creación construye sobre el anterior, y cada obra recibe la aprobación divina: "Y vio Dios que era bueno." Pero cuando llega al ser humano, la narrativa cambia dramáticamente. Dios no simplemente habla al ser humano a la existencia como hizo con la luz o los animales. Se detiene, delibera y anuncia: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza" (Génesis 1:26).
El plural "hagamos" ha intrigado a los estudiosos durante siglos. Aunque algunos lo atribuyen a un plural de majestad, la tradición cristiana ve aquí una referencia a la Trinidad deliberando antes de su obra maestra. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo participan juntos en la creación del ser humano. En Génesis 2, se nos dice que Dios "formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente" (Génesis 2:7). Hay una intimidad artesanal en este acto: Dios no solo habla, sino que forma con sus manos y sopla su propio aliento.
Esta descripción de la creación nos revela que el ser humano no es un accidente cósmico ni el resultado de fuerzas ciegas. Es el producto intencional del amor y la sabiduría de un Dios personal. Nuestra existencia tiene un Autor, y ese Autor es el mismo Dios trino que adoramos.
"Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza" (Génesis 1:26). La frase "imagen de Dios" (en hebreo tselem Elohim) es una de las declaraciones más importantes de toda la Escritura sobre la naturaleza humana. No significa que nos parezcamos a Dios físicamente; Dios es espíritu (Juan 4:24). Significa que llevamos en nuestro ser cualidades que reflejan, como un espejo, algo de quién es Dios.
Ser creados a imagen de Dios incluye, en primer lugar, la capacidad relacional. Dios es en sí mismo relación (Padre, Hijo, Espíritu Santo), y nos creó para vivir en relación: con Él, con otros seres humanos y con la creación. La soledad no es el diseño original; por eso Dios dijo: "No es bueno que el hombre esté solo" (Génesis 2:18). En segundo lugar, incluye la capacidad racional: podemos pensar, razonar, crear, investigar, aprender. Nuestra mente refleja, de manera finita, la mente infinita de Dios.
En tercer lugar, la imagen de Dios nos otorga dignidad intrínseca. El valor de un ser humano no depende de su productividad, su apariencia, su inteligencia ni su estatus social. Todo ser humano lleva la imagen de Dios y, por lo tanto, posee un valor sagrado e inviolable. Finalmente, la imagen de Dios incluye una vocación de dominio responsable: "señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias..." (Génesis 1:26). No se trata de explotación sino de mayordomía: cuidar la creación como Dios la cuidaría.
Génesis 1:27 es enfático: "Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó." La imagen de Dios no reside exclusivamente en el hombre ni exclusivamente en la mujer; ambos la llevan plenamente. Esta afirmación era revolucionaria en el mundo antiguo, donde las mujeres frecuentemente eran consideradas inferiores.
La creación de la mujer en Génesis 2 profundiza esta verdad. La palabra "ayuda" (ezer) no implica subordinación; es la misma palabra que se usa para describir a Dios como nuestra "ayuda" en los Salmos (Salmo 33:20; 70:5). "Idónea" (kenegdo) significa "correspondiente a él", su complemento perfecto. La mujer fue formada de la costilla del hombre: no de su cabeza para dominarlo, ni de sus pies para ser pisoteada, sino de su costado para ser su compañera, de debajo de su brazo para ser protegida, y cerca de su corazón para ser amada.
En Génesis 2:23 el hombre no puede contener su gozo cuando Dios crea a la mujer. La palabra hebrea para el hombre antes de la creación de la mujer es adán. Pero a partir de ese momento, la palabra que se usa para referirse al varón es ish. Adán no aparece descrito como varón hasta que Dios crea a la mujer. Sin la mujer, el varón está incompleto, y viceversa. Dios ha hecho al ser humano "hombre y mujer" y así reflejamos la pluralidad de Dios.
Si somos la obra maestra de la creación de Dios, hechos a su imagen, esto tiene consecuencias prácticas enormes para la vida diaria. Primero, afecta nuestra identidad. En un mundo que constantemente nos dice que nuestro valor depende de lo que producimos, de cómo nos vemos o de cuánto tenemos, la verdad bíblica nos libera: nuestro valor está en quién nos hizo y a cuya imagen fuimos creados.
Segundo, afecta cómo tratamos a los demás. Si toda persona lleva la imagen de Dios, entonces toda forma de desprecio, discriminación, abuso o indiferencia hacia otro ser humano es un ataque contra la imagen de Dios en esa persona. Santiago 3:9 lo dice directamente: "con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios." No podemos adorar al Creador mientras despreciamos a su obra maestra.
Tercero, afecta nuestro propósito. No fuimos creados para simplemente existir, consumir y morir. Fuimos creados para reflejar a Dios en el mundo: su amor, su justicia, su creatividad, su compasión. Y fuimos creados para vivir en relación con Él. Agustín de Hipona dijo: "Nuestros corazones están inquietos hasta que encuentran quietud o reposo en Él." La prioridad es la relación vertical con Aquel que nos hizo para sí mismo, y en segundo lugar, invertir en las relaciones horizontales.
Esta semana, viva consciente de que usted y cada persona que encuentre son portadores de la imagen de Dios. Primero, cada mañana, mírese al espejo y diga: "Soy obra maestra de Dios, hecho a su imagen, con propósito y dignidad." Segundo, escoja a una persona difícil en su vida (un compañero de trabajo complicado, un familiar con quien tiene tensión, un vecino que le molesta) y trate conscientemente a esa persona como portadora de la imagen de Dios: con respeto, paciencia y bondad. Tercero, identifique una manera concreta en que puede ejercer mayordomía responsable sobre la creación esta semana (reducir desperdicio, cuidar un espacio verde, ser agradecido por los recursos naturales). Anote sus experiencias para compartirlas en la próxima clase.
Génesis 1:26-27
"Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó."
Para entender la naturaleza del ser humano hemos de ir al principio. Según las Escrituras, ¿cuál fue la intención original de Dios cuando nos creó? Estos versículos nos dicen qué quiere decir haber sido creados a imagen de Dios.
Preguntas de estudio del versículo:
Algunos dicen que Génesis 1 y 2 son dos relatos contradictorios. Pero hay que ver el capítulo 2 como una explicación de Génesis 1:26-27. Génesis 1 es un resumen, mientras que Génesis 2 describe de forma detallada el proceso de la Creación.
Al filósofo alemán Immanuel Kant le encantaba salir a hacer largos paseos en las noches de verano para pensar y meditar. En una ocasión estaba sentado en un parque cuando un policía, al ver que llevaba allí horas, se acercó y le dijo: "¿Qué está haciendo?". Kant le contestó: "Estoy pensando". Entonces el policía le preguntó: "¿Y quién es usted?". Kant, pensativo, le respondió: "Ése es precisamente el problema sobre el que estaba pensando".
Génesis 1 y 2 son la respuesta a la pregunta de aquel policía: ¿Quiénes somos? El primer capítulo avanza hasta llegar a la creación del ser humano. Si tuviéramos que representar Génesis 1, al llegar a Génesis 1:26-27 la música llegaría a su clímax y ése sería el momento en que los fuegos artificiales ascenderían para llenar alegremente el firmamento.
En Génesis 1 la estructura de los primeros seis días de la Creación llega a su clímax con la creación del ser humano.
Solo Dios crea. La primera evidencia de la singularidad de la Humanidad está en la palabra crear: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra". La palabra en hebreo nunca se usa para referirse a la habilidad creadora del ser humano, porque Dios puede hacer algo que el ser humano no puede hacer: crear a partir de la nada. El término crear también se usa en otro momento crucial del proceso de creación: cuando Dios crea la vida consciente. "Y creó Dios los grandes monstruos marinos... y toda ave según su género" (v. 21). Y por fin se usa tres veces más cuando se narra la creación del ser humano: "Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó" (v. 27).
Y vio Dios que era bueno. El tercer día Dios empieza a concluir el trabajo de cada día con la misma fórmula. Los versículos 10, 12, 18, 21 y 25 acaban igual: "Y vio Dios que era bueno". En primer lugar quiere decir que Dios está disfrutando del ejercicio de su poder creador. También está diciendo: "He hecho un buen trabajo. Todo está saliendo exactamente como quería". Pero aún nos falta la obra maestra de la Creación de Dios. Una vez el ser humano ha sido creado, la fórmula experimenta un ligero, pero importante cambio. Después de que Dios acabara toda su obra creadora, "vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera" (v. 31).
La fórmula de la Creación. Durante los seis días de la Creación, empezando en el versículo 3, en cada acción creadora Dios usa una forma impersonal. Leemos: "Y Dios dijo: Sea la luz" y así, sucesivamente. Dios habla, y ocurre. Pero con la creación de los seres humanos la fórmula cambia de repente. En el versículo 26 leemos: "Y Dios dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza". El ser humano es la expresión de la naturaleza personal del Creador y, por lo tanto, es cualitativamente diferente del mundo animal y del resto de la Creación.
En Génesis 1:26-27 hay dos pistas que nos llevan a un descubrimiento muy emocionante.
La pluralidad de Dios. La primera pista la encontramos en el versículo 26: "Y Dios dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza". Dios usa para referirse a sí mismo un pronombre en plural. El Dios único habla de sí mismo como de una entidad plural. ¿Con quién está hablando Dios? Lo más lógico es que Dios estuviera hablando consigo mismo. Aquí tenemos una referencia indirecta a nuestra comprensión neotestamentaria del Dios trino. Desde la eternidad Dios es un ser en comunión. Antes de la acción creadora de Dios la única realidad existente era Dios mismo en tres personas.
Dios no hizo la Creación para completar algo que a Él le faltaba; la Creación fluyó de su amor. Pablo dice en Hechos 17:25 que Dios "no es servido por manos humanas, como si necesitara de algo, puesto que Él da a todos vida y aliento y todas las cosas". Debido a su gran amor, quería que el ser humano también entrara en ese círculo de amor. Meister Eckhart, el místico alemán, dijo que la Creación nació de la risa de la Trinidad. Dios amplió el círculo y nos introdujo en él.
Hombre y mujer. El segundo elemento lo encontramos en Génesis 1:27: "Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó". El hecho de que Dios haya hecho "varón y hembra" es una indicación más de que estamos hechos para las relaciones. Nuestra naturaleza refleja que Dios está en comunión, pues siguiendo el modelo de su propia naturaleza nos hizo diferentes para que podamos tener relación con otras personas.
Adán no aparece descrito como varón hasta que Dios crea a la mujer. Sin la mujer, el varón está incompleto, y viceversa. Dios ha hecho al ser humano "hombre y mujer" y así reflejamos la pluralidad de Dios.
La prioridad de estas relaciones de amor es que fuimos creados para ser amados por Dios. En Génesis 2:2 leemos: "Y en el séptimo día completó Dios la obra que había hecho; y reposó en el día séptimo de toda la obra que había hecho". Dios reposó para disfrutar de su creatividad. En el Nuevo Testamento una de las imágenes que se usa para la salvación es la expresión "entrar en el reposo de Dios". La afirmación de Agustín de Hipona es totalmente cierta: "Nuestros corazones están inquietos hasta que encuentran quietud o reposo en Él". Por tanto, la prioridad es la relación vertical: nuestra relación con Aquel que nos hizo para sí mismo.
En segundo lugar, estar hechos a imagen de Dios significa que estaremos cumpliendo nuestro propósito en esta vida si invertimos en las relaciones horizontales. Si las relaciones más importantes no están en orden, ¿qué importa lo demás? Estar hechos a imagen de Dios es estar hechos para relaciones de amor. Ser semejantes a Dios implica que nuestra prioridad debe ser invertir tiempo y energía en amar a Dios y a los demás.
Cuando uno ha hecho un pacto, es importante revisarlo periódicamente, ver si se han ido cumpliendo las obligaciones y renovar el compromiso. Como puede pasar en cualquier relación, podemos descuidarnos e ir abandonando los elementos que hacen que una relación funcione. Las siguientes preguntas te ayudarán a recordar el pacto que un día hiciste y a comprometerte de nuevo para que tú y tus compañeros podáis lograr los objetivos que os pusisteis.
Aunque fuimos creados a imagen de Dios y en perfecta armonía con él, desobedecimos conscientemente ante la autoridad de Dios y no confiamos en su bondad. Como consecuencia nuestra relación con Dios se rompió, pasamos a un estado de muerte espiritual y eso también afectó negativamente a nuestra relación con nosotros mismos, con los demás, y con la Creación.
Que cada discípulo comprenda la naturaleza y las consecuencias devastadoras del pecado según Génesis 3, reconozca la estrategia del engaño que el enemigo sigue usando hoy, e identifique las cuatro relaciones fundamentales que fueron dañadas por la caída, a fin de valorar más profundamente la necesidad de un Salvador.
Pida a los participantes que piensen en alguna vez que alguien les convenció de hacer algo que sabían que no debían hacer. Sin entrar en detalles personales incómodos, invite a dos o tres personas a compartir brevemente: ¿Cuál fue la táctica que usó esa persona para persuadirlos? ¿Qué les hizo dudar de lo que ya sabían que era correcto? Use las respuestas como puente para explicar que la estrategia del engaño que experimentamos a diario tiene un origen muy antiguo, registrado en Génesis 3.
Aunque fuimos creados a imagen de Dios y, por tanto, en perfecta armonía con Él, desobedecimos conscientemente ante la autoridad de Dios y no confiamos en su bondad. Como consecuencia nuestra relación con Dios se rompió, pasamos a un estado de muerte espiritual y eso también afectó negativamente a nuestra relación con nosotros mismos, con los demás, y con la Creación.
Génesis 3 nos presenta la escena más trágica de la historia humana. La serpiente, descrita como el más astuto de los animales, se acerca a Eva con una pregunta aparentemente inocente: "¿Conque Dios os ha dicho...?" Esta primera táctica consiste en cuestionar la Palabra de Dios. No la niega directamente; simplemente siembra una semilla de duda. Si el enemigo puede lograr que cuestionemos lo que Dios ha dicho, ya ha ganado terreno significativo en nuestra mente.
La segunda táctica es la distorsión. La serpiente tergiversa el mandamiento de Dios: "¿No podéis comer de ningún árbol?" Dios había dado libertad para comer de todos los árboles excepto uno, pero el enemigo presenta a Dios como restrictivo y mezquino. Eva corrige parcialmente la mentira, pero ella misma añade a la Palabra de Dios diciendo que no podían ni "tocar" el fruto, algo que Dios nunca dijo. Normalmente vemos las restricciones como una reclusión injusta; sin embargo sabemos que la libertad que no tiene restricciones solo lleva a la destrucción. Dios prohibió a Adán y a Eva que comieran del árbol del conocimiento del bien y del mal para que no tuvieran que enfrentarse a la consecuencia del mal, que es la muerte.
La tercera táctica es la oferta de independencia: "Seréis como Dios, conociendo el bien y el mal." La expresión "del bien y del mal" no es más que un sinónimo de "todo conocimiento". Significa querer llegar a conocer como Dios conoce, querer llegar a ser omnisciente. Aspirar al conocimiento del bien y del mal es buscar esa madurez que libera a uno de tener que depender de Dios para saber cómo actuar sabiamente. Adán y Eva eligieron la independencia, y al hacerlo descubrieron que la libertad fuera de Dios no es libertad en absoluto, sino esclavitud.
La primera relación destruida fue la relación con Dios. Génesis 3:8 nos dice que Adán y Eva "se escondieron de la presencia de Jehová Dios." Antes del pecado, caminaban con Dios en el frescor del día en perfecta comunión. Después de la desobediencia, la presencia de Dios que antes era motivo de gozo se convirtió en motivo de terror. Esta es la esencia de la muerte espiritual: la separación del Dios vivo. Romanos 6:23 lo confirma: "Porque la paga del pecado es muerte."
La segunda relación dañada fue la relación consigo mismos (v. 7). Inmediatamente después de pecar, "fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos." El pecado introduce la culpa, la inseguridad y la identidad fragmentada. La tercera relación afectada fue la relación con los demás (v. 11-16). Cuando Dios confronta a Adán, este inmediatamente culpa a Eva. Y Eva, a su vez, culpa a la serpiente. El pecado introduce la culpa mutua, la desconfianza y el conflicto. Finalmente, la cuarta relación rota fue con la Creación (v. 17-19): la tierra fue maldecida, produciendo espinos y cardos. El trabajo que antes era gozo se convirtió en sudor y fatiga. Toda la creación gime esperando la redención (Romanos 8:22).
Romanos 3:23 declara: "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios." El pecado no es un problema de algunos; es la condición universal de toda la humanidad. Sorprendentemente, hemos buscado un término aceptable para este dios de la independencia: el individualismo. Queremos derechos pero no responsabilidades. Sin embargo, las buenas noticias son que nuestro Señor vino en la persona de Jesucristo para buscarnos y darnos un nuevo corazón.
Romanos 6:23 proclama: "Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro." Dios no nos dejó en nuestra condición de muerte. En Génesis 3:15, la primera promesa mesiánica, Dios anuncia que la simiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente. John Stott escribió: "La esencia del pecado es el ser humano sustituyendo a Dios con su propia persona, mientras que la esencia de la salvación es Dios sustituyendo al ser humano con su propia persona." Solo hay una respuesta acertada: rendirnos ante la misericordia de Dios.
Durante esta semana, dedique un tiempo cada día para hacer un examen de conciencia honesto ante Dios. Identifique al menos un área de su vida donde está eligiendo la independencia de Dios — quizás una decisión que toma sin consultarle, un hábito que sabe que le desagrada, o una relación donde no actúa según sus principios. Escriba en un cuaderno esa área específica y ore cada día pidiéndole a Dios que le muestre la profundidad de su necesidad de él. Al final de la semana, comparta con su compañero de discipulado lo que Dios le reveló.
Romanos 3:23 y Romanos 6:23
"Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios."
"Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro."
Estos dos versículos describen de forma clara la naturaleza universal del pecado y las consecuencias nefastas para nuestra relación con Dios.
Preguntas de estudio del versículo:
Génesis 3 narra la caída de la Humanidad y que, como consecuencia de esa caída, el pecado entró en el mundo. La propia naturaleza del pecado, su habilidad para engañarnos y confundirnos y distorsionar nuestro conocimiento del bien y el mal, queda ilustrada en la seductora persuasión que la serpiente usa para hacer que Eva pruebe el fruto prohibido, y en la vergüenza que Adán y Eva sintieron después de haber desobedecido.
Bill Hybels, el pastor de la conocida iglesia de Willow Creek, cerca de Chicago, predicó un domingo sobre el hecho de que todos somos pecadores y necesitamos un Salvador. Después del culto, un hombre se le acercó para decirle que él no era un pecador. Bill le preguntó si siempre le había sido completamente fiel a su mujer. Titubeando, el hombre respondió: "Bueno... Me dedico a la venta, y viajo mucho...". Entonces Bill le preguntó sobre su honestidad a la hora de pasar los gastos a la empresa. "Hombre, ¡todo el mundo sabe que para vender hay que mentir!", dijo el hombre defendiéndose. Bill entonces le dijo: "A ver. Me acabas de decir que eres un adúltero, un estafador y un mentiroso". El hombre estaba enfadado; no podía creer la falta de sensibilidad de aquel pastor. Él, al igual que cualquiera de nosotros, quería dar una buena imagen.
Se ha dicho que la fe cristiana no tiene ningún sentido hasta que la persona no reconoce que hay algo que no anda bien. La Biblia dice que el problema de todos los males de la Humanidad no está en la sociedad, sino en el corazón de cada persona. Alexander Solzhenitsyn pasó ocho años en un gulag ruso después de la Segunda Guerra Mundial. Cuando entró en ese campo de trabajo él era un comunista convencido, por lo que creía que un nuevo orden social podría cambiar a la gente. Pero mientras estuvo en aquel infierno se dio cuenta de que el problema no estaba en el sistema económico o en el gobierno. Solzhenitsyn escribió:
Los primeros cinco versículos de Génesis 3 revelan cuál es el problema del ser humano: nosotros mismos. En ese pasaje vemos que el ser humano da la espalda a su Creador abandonando así su idílico estado de inocencia y su perfecta comunión con Dios en un paraíso maravilloso donde todas sus necesidades estaban cubiertas y sus anhelos satisfechos de forma abundante.
Dios había dado al ser humano un regalo algo arriesgado: la libertad de elegir. Si no hay habilidad de elegir, no hay seres humanos sino robots. Si no hay posibilidad de elegir, no hay amor. Dios nos honró dándonos el arriesgado regalo de la elección, pues éste es una condición necesaria para el amor. Génesis 3 empieza presentándonos al que quería desviar a aquella pareja inocente de la relación que tenían con Dios: "La serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo que el Señor había hecho" (3:1). Esta serpiente parlante, Satanás, es el mal que se opone al Dios bueno. Es la maestra de la seducción y el engaño, y tiene un plan que empieza por confundir a la mujer.
La primera estrategia de la serpiente es hacer que la mujer se cuestione si Dios realmente quiere lo mejor para ellos. "¿Con que Dios os ha dicho...?". La táctica es empezar a sembrar la duda, hacer que la mujer se pregunte si Dios no está siendo demasiado restrictivo. En la respuesta de la mujer ya vemos pequeños signos de duda en cuanto a la bondad de Dios. La manera en la que Eva construye su frase refleja que se está obsesionando con la restricción de Dios. "Del fruto de los árboles del huerto podemos comer, pero del fruto que está en medio del huerto, ha dicho Dios: 'No comeréis de él, ni lo tocaréis, para que no muráis" (v. 3). Dios había dicho que no comieran de él, pero no dijo nada de tocarlo o no tocarlo. Eva se lo inventa.
Las normas de la conducción están hechas para protegernos y también para proteger a los demás usuarios de las vías. Las leyes como los Diez Mandamientos existen para que podamos honrar al Creador y para evitar que nos hagamos daño a nosotros mismos. Por nuestro bien, la libertad siempre tiene que estar enmarcada dentro de unos límites.
La serpiente se vuelve ahora mucho más descarada. "Y la serpiente le dijo a la mujer: Ciertamente no moriréis. Pues Dios sabe que el día que de él comáis, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal" (3:4-5). Satanás le hace creer que Dios está protegiendo de forma celosa su posición de autoridad. ¿Qué es exactamente el árbol del conocimiento del bien y del mal? La expresión "del bien y del mal" es un sinónimo de "todo conocimiento". Significa querer llegar a conocer como Dios conoce, querer llegar a ser omnisciente. Con la prohibición, Dios les estaba diciendo: "Os he creado con la necesidad de depender de mí para tener vida y para actuar con sabiduría. El día que aspiréis a ser como vuestro Creador, perderéis todas las cosas buenas que tengo para vosotros".
Hemos buscado un término aceptable para este dios de la independencia: el individualismo. Queremos derechos, pero no queremos tener responsabilidades. Con nuestra mentalidad, parece que lo lógico es que Dios se hubiera desentendido de sus desobedientes criaturas. Pero las buenas noticias son que nuestro Señor vino en la persona de Jesucristo para buscarnos y darnos un nuevo corazón. Pablo dijo: "Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no eximió ni a su propio Hijo, sino lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas?" (Romanos 8:31-32).
Los efectos de la Caída solo se pueden deshacer de una forma: poniendo nuestra confianza en Cristo. Cuando nos rendimos ante la autoridad de Dios y confiamos en su bondad, después de confesar que somos culpables de alta traición contra nuestro Hacedor, Él nos da un corazón nuevo. John Stott, en su libro La Cruz de Cristo, escribió:
Solo hay una respuesta acertada: rendirnos ante la misericordia de Dios.
La Biblia es una historia de amor: la historia del Dios de amor que se revela para buscar a la humanidad rebelde. Esa búsqueda llega a su clímax en la cruz, con la entrega del Hijo de Dios, Jesucristo.
Que cada discípulo comprenda la gracia de Dios como el favor inmerecido que impulsa toda la historia bíblica, que experimente la profundidad del amor del Padre a través de la parábola del hijo pródigo, y que pueda distinguir entre la gracia verdadera y los intentos humanos de ganar el favor divino.
Invite a los participantes a recordar el regalo más inesperado e inmerecido que hayan recibido en su vida, algo que no pidieron, no esperaban y que no hicieron nada para ganar. Deje que dos o tres personas compartan brevemente su experiencia y cómo se sintieron al recibirlo. Luego diga: "Esa sensación de sorpresa, de no merecer algo hermoso que alguien nos da libremente... eso es apenas una sombra de lo que significa la gracia de Dios. Hoy vamos a explorar un amor que va mucho más allá de cualquier regalo humano."
Una de las narraciones de Jesús que mejor explica el Evangelio y el carácter misericordioso de Dios es la parábola del hijo pródigo. Pero si estudiamos esta parábola con detenimiento veremos que el centro de la historia no es tanto el hijo rebelde, sino el padre que espera.
¿Cuál es la respuesta de Dios ante nuestra desconfianza y desobediencia?
La Biblia es una historia de amor: la historia del Dios de amor que se revela para buscar a la humanidad rebelde. Esa búsqueda llega a su clímax en la cruz, con la entrega del Hijo de Dios, Jesucristo.
Un hijo malagradecido y un Padre amoroso:
Lucas 15:11-24 es quizás la historia más conmovedora que Jesús jamás contó. Un hijo menor le pide a su padre la herencia que le correspondía. En la cultura judía del primer siglo, esto equivalía a decirle al padre: "Para mí, estás muerto. Dame lo que me toca." Era una ofensa/insulto tan horrible y profunda, un rechazo total de la relación familiar.
"Y él les repartió sus bienes" (15:12)
Lo normal hubiera sido que el padre no se hubiera sometido a la voluntad de su hijo para así reafirmar su autoridad y, muy probablemente, le hubiera desheredado.
El padre elige soportar el dolor del rechazo, para dejar la puerta abierta a un posible retorno de su hijo.
Jesús narra una historia que es, de hecho, nuestra historia:
El hijo se fue a una provincia apartada y desperdició todo y lo pierde todo en una vida desenfrenada.
Cuando una gran hambruna azotó la tierra, se encontró cuidando cerdos; el trabajo más degradante e inmundo para un judío.
En el corral, con el lodo hasta las rodillas y rodeado de animales que un judío no podía tocar, el texto dice que "deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada" (Lucas 15:16).
Este es el retrato perfecto de la condición humana sin Dios: hambre profunda del alma, degradación, y soledad absoluta.
Solo cuando tocó fondo, "volvió en sí" y decidió regresar a la casa del padre.
El camino a casa:
Aunque el hijo ha decidido volver a casa, es evidente que aún no se ha dado cuenta de que el que le espera es un padre con el corazón destrozado.
La motivación que le empuja a volver: "¡Yo aquí perezco de hambre!" (15:17).
"Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar" (Mateo 11:28).
Otra muestra de que el hijo aún no había entendido el dolor que le había causado a su padre: El hijo cree que va a poder negociar con el padre.
¿creía el hijo que el arrepentimiento consistía en tenerse que ganar el favor de su padre?
¿Bienvenida o rechazo?
Como patriarca del clan, lo que se esperaba de un padre era que salvaguardara el honor de la familia humillando al hijo y haciendo que pagara por haberles deshonrado.
lo más extraordinario de la parábola no es el arrepentimiento del hijo, sino la respuesta del padre. El texto dice que: ' cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. ' (Lucas 15:20).
El hijo se ha preparado para enfrentarse a una humillación pública, a un castigo, a tener que explicarle a su padre cómo había gastado los ingresos de la familia... pero...
Dios vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.
El término "compasión" viene de una palabra relacionada con los intestinos o las entrañas. Compasión significa "padecer con".
Hasta este momento, el padre aún no ha dicho nada.
'Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. ' SAN LUCAS 15:21
Entonces el padre, se dispuso a reparar las relaciones rotas del hijo:
Se volvió a los sirvientes que venían corriendo detrás de él, y les dio varias órdenes:
Mientras el hijo no hacía más que lamentarse de que no era digno, el padre estalla de gozo al ver que su hijo ha vuelto.
La gracia no es solo un concepto del Nuevo Testamento.
Desde el momento en que Adán y Eva pecaron en el Edén, vemos a Dios tomando la iniciativa.
Romanos 5:8 resume esta verdad con una claridad impactante: "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros." Observe las palabras "siendo aún pecadores."
Esto es GRACIA: el amor de Dios actuando a favor de quienes no lo merecen, no lo buscan y no lo pueden pagar.
Una de las verdades más difíciles de aceptar para el corazón humano es que la gracia es completamente gratuita. Nuestra naturaleza caída nos impulsa a querer ganar, merecer o comprar el favor de Dios. Pensamos: "Si oro más, si leo más la Biblia, si doy más diezmo, si soy más bueno, entonces Dios me amará más." Pero la gracia destruye esta lógica de mérito. Dios no nos ama porque seamos buenos; nos ama porque él es bueno.
En la parábola, el hijo pródigo había preparado un discurso: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros" (Lucas 15:18-19). Quería ganarse un lugar como empleado, no como hijo. Pero el padre ni siquiera lo dejó terminar su discurso. Le puso un anillo en la mano (señal de autoridad), sandalias en los pies (señal de libertad, pues los esclavos andaban descalzos) y la mejor ropa (señal de honor). Lo restauró completamente como hijo, no como sirviente. La gracia no nos hace empleados de Dios; nos hace hijos.
Lea Lucas 15 completo (las tres parábolas: la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo) en un momento de quietud. Después de leer, escriba una carta personal dirigida a Dios expresándole cómo se siente al saber que él corrió hacia usted cuando usted aún estaba lejos. Identifique a una persona en su vida con quien la relación está rota o distante y busque una oportunidad concreta para extenderle gracia esta semana.
Romanos 5:8
"Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros."
En Romanos 5:6-11, Pablo queda asombrado por la acción de Dios en la cruz. La frase "siendo aún pecadores" es crucial: no dice "cuando éramos pecadores arrepentidos" ni "cuando estábamos mejorando", sino en plena rebelión. La cruz no es la respuesta de Dios a nuestra bondad, sino a nuestra maldad. Ese es el escándalo glorioso de la gracia.
'Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, '
1 TIMOTEO 2:5
El Padre envió a Jesucristo para ser el mediador entre Dios y la Humanidad. La muerte
sustitutoria de Cristo en la cruz anuló la condena por el pecado, y la resurrección física del Señor venció
a la muerte de una vez y para siempre.
Pregunte al grupo: "Si alguien les debiera una cantidad enorme de dinero que jamás podrían pagar, y un desconocido llegara y pagara toda esa deuda por ustedes, ¿cómo reaccionarían? ¿Cómo cambiaría eso su vida?" Permita que varios compartan. Luego diga: "Lo que vamos a estudiar hoy es infinitamente más grande que cualquier deuda financiera. Vamos a ver cómo Dios pagó una deuda que nosotros jamás podríamos pagar, y cómo esa transacción cambió la historia del universo para siempre."
Setecientos años antes de que Jesús naciera en Belén, el profeta Isaías describió con detalle asombroso lo que le ocurriría al Mesías:
'Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.'
(ISAÍAS 53:4-6)
El Siervo no fue víctima pasiva, sino que:
Cada detalle apunta a la cruz de Cristo con precisión profética impresionante.
El versículo 5 revela la naturaleza sustitutoria del sacrificio: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”
El versículo 6 concluye con una de las declaraciones más solemnes de toda la Escritura: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”.
La imagen de ovejas que se pierden no es accidental.
La cruz no fue un accidente de la historia; fue el plan eterno de Dios.
Si la cruz fuera el final de la historia, seríamos los seres más miserables del planeta.
'Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. '
(1 CORINTIOS 15:3-8)
Pablo lleva el argumento al siguiente nivel en los versículos 14-19:
'Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. '
(1 CORINTIOS 15:14-19)
Pero el versículo 20 cambia todo con una explosión de esperanza:
'Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. '
(1 CORINTIOS 15:20)
La palabra "primicias" es un término agrícola: la primera cosecha que garantiza que vendrá una cosecha completa.
El grito triunfal de Pablo resuena a través de los siglos:
'¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? '
(1 CORINTIOS 15:55)
'Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, '
(1 TIMOTEO 2:5)
Un mediador es alguien que puede representar legítimamente a ambas partes en un conflicto.
La redención que Cristo logró es completa y perfecta.
'pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, '
(HEBREOS 10:12)
Esto tiene una aplicación práctica transformadora:
El Espíritu Santo nos invita:
'Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.'
(HEBREOS 4:16)
La redención no solo nos salvó del castigo; nos abrió las puertas de la intimidad con Dios.
Lea Isaías 53 completo una vez al día durante esta Lección, preferiblemente en voz alta. Cada vez que lea, subraye o anote las palabras que más le impactan. Además, prepare un breve testimonio personal de 2-3 minutos en el que explique lo que la muerte y resurrección de Cristo significan para usted personalmente. Practíquelo con su compañero de discipulado, de modo que esté listo para compartirlo con cualquier persona que le pregunte sobre su esperanza.
Solo por la fe en Cristo Jesús somos declarados justos ante Dios. La fe es el reconocimiento de nuestra imperfección moral y de nuestra incapacidad para ganar el favor de Dios, y el reconocimiento de que la única solución posible es recibir a Jesucristo.
Que cada discípulo comprenda:
Presente al grupo el siguiente escenario: "Imaginen que están en un tribunal. El juez lee los cargos contra ustedes y todos son ciertos: son culpables de cada acusación. Pero justo antes de dictar sentencia, alguien entra en la sala, se presenta ante el juez, paga toda la multa y los cargos son retirados. El juez golpea con su martillo y dice: 'Declarado inocente. Puede retirarse.' ¿Cómo se sentirían en ese momento? ¿Qué sentirían hacia la persona que pagó por ustedes?" Permita que varios compartan y luego diga: "Esto es exactamente lo que Dios ha hecho por nosotros a través de Jesucristo. Se llama justificación."
La justificación es un término legal tomado del ámbito de los tribunales.
'siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, ' ROMANOS 3:24 RVR1960
'Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él… ' ROMANOS 3:21-22 RVR1960
'De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. ' GÁLATAS 3:24 RVR1960
Pablo subraya que esta justificación es “para todos los que creen en él”.
'por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, ' ROMANOS 3:23-24 RVR1960
Efesios 2:8-9 es uno de los pasajes más claros de toda la Escritura sobre la salvación:
'Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. ' EFESIOS 2:8-9 RVR1960
La salvación es "por gracia" (su origen es el favor inmerecido de Dios),
¿Qué es la fe que justifica?
No es simplemente creer que Dios existe. Santiago nos recuerda que "también los demonios creen, y tiemblan" (Santiago 2:19).
La fe salvadora incluye tres elementos:
(Ejemplo)
Es como entender la diferencia entre:
La fe verdadera implica un salto de confianza total en Cristo.
Pablo dice "no por obras" porque las obras humanas, por buenas que sean, jamás podrán alcanzar el estándar de la perfección divina.
Isaías explica nuestro estado:
'Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias [mejores obras] como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento. ' ISAÍAS 64:6 RVR1960
Sin embargo, sería un grave error concluir que las obras no importan.
Efesios 2:10 completa el cuadro con una verdad hermosa:
'Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. ' EFESIOS 2:10 RVR1960
Las obras no son la causa de la salvación, sino su consecuencia.
Santiago 2:17 afirma:
'Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. ' SANTIAGO 2:17 RVR1960
Esto no contradice a Pablo; lo complementa.
Observe que Pablo dice que las buenas obras fueron "preparadas de antemano" por Dios.
EFESIOS 2:8-10 RVR1960
'Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. '
La palabra griega "poiema" (traducida como "hechura") es la raíz de nuestra palabra "poema."
Escriba Efesios 2:8-10 en una tarjeta o en la pantalla de inicio de su teléfono y léalo cada mañana al despertar y cada noche antes de dormir. Cada vez que lo lea, agradezca a Dios por un aspecto específico de su salvación. Además, ore pidiéndole a Dios que le revele una "buena obra" específica que él ha preparado para usted esta Lección — puede ser un acto de servicio, una palabra de aliento, una ayuda práctica a alguien necesitado. Cuando la identifique, hágala con gozo sabiendo que fue diseñada por Dios antes de que usted naciera.
El mayor privilegio de la vida cristiana es nuestra adopción como hijos y nuestra entrada en la familia eterna de Dios a través de su Hijo, Jesucristo.
Que cada discípulo comprenda el significado bíblico y las implicaciones transformadoras de la adopción espiritual, experimente la intimidad de poder llamar a Dios "Abba, Padre" por medio del Espíritu Santo, y viva con la identidad, la seguridad y la esperanza que corresponden a un hijo y heredero de Dios.
Pablo hace una transición dramática en Gálatas 4:1-7 y Romanos 8:15-16.
'Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre. Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo. Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.
Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo. '
GÁLATAS 4:1-7 RVR1960
'Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. '
ROMANOS 8:15-16 RVR160
Romanos 8:15 presenta el contraste de manera impactante
Note la progresión en Gálatas 4:6-7:
Romanos 8:16 confirma: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”
El apóstol Juan no puede contener su asombro cuando escribe:
'Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. '
1 JUAN 3:1-2 RVR1960
La exclamación "mirad cuál amor"
Y añade enfáticamente: "ahora somos hijos de Dios "
Para entender la magnitud de esto, debemos recordar quiénes éramos antes:
'En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. '
EFESIOS 2:12 RVR1960
1 Juan 3:2 añade una dimensión futura que quita el aliento:
Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. '
1 JUAN 3:2 RVR1960
Romanos 8:17 revela una verdad que debería dejarnos sin palabras:
'Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. '
ROMANOS 8:17 RVR1960
¿Qué heredamos?
Todo lo que pertenece al Padre.
Pedro lo describe como '…una , reservada en los cielos para vosotros, '
1 PEDRO 1:4 RVR1960
Esta herencia Incluye:
Pero Romanos 8:17 también añade una nota solemne: '…si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. ' ROMANOS 8:17 RVR1960
'Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. ' ROMANOS 8:18 RVR1960
Estos pasajes describen el proceso y el privilegio de llegar a ser hijos adoptados de Dios.
Packer, J.I., "Hijos de Dios". Capítulo 19, en Conociendo a Dios (Viladecavalls, Barcelona: CLIE, 1985).
Durante esta Lección, al inicio de cada tiempo de oración, tome un momento para decir en voz alta: "Abba, Padre, soy tu hijo/hija." Permita que esta verdad penetre su corazón antes de hacer cualquier petición. Además, escriba una lista titulada "Lo que es verdad sobre mí como hijo/hija de Dios" con al menos diez declaraciones basadas en lo que hemos estudiado (ejemplo: "Soy heredero de Dios," "Mi deuda ha sido cancelada," "Tengo acceso directo al Padre"). Coloque esta lista donde pueda leerla cada día. Cuando el enemigo le diga que no es suficiente, lea la lista y recuerde quién es usted en Cristo.
Lecciones 14 a 24 • Siendo como Cristo y Sirviendo a Cristo
Lecciones 14–19 • El Espíritu Santo, el carácter cristiano, y nuestra misión en el mundo
Jesús prometió que no nos dejaría solos, sino que enviaría al Consolador. Este Consolador, el Espíritu Santo, tiene la libertad de trabajar en nosotros a medida que nos vamos deshaciendo de nuestros pecados y buscamos estar llenos de su poder de forma continua.
Que cada discípulo comprenda la persona y obra del Espíritu Santo según las promesas de Jesús en Juan 14-16, entienda qué significa ser lleno del Espíritu como un proceso continuo según Efesios 5:18, y busque activamente vivir bajo la dirección y el poder del Espíritu en su vida cotidiana. Esta lección marca el inicio del segundo nivel de la Escuela de Discipulado.
Dé la bienvenida especial al grupo por iniciar el segundo nivel. Luego pregunte: "¿Alguna vez han intentado hacer algo difícil completamente solos — mover un mueble pesado, armar algo sin instrucciones, resolver un problema sin ayuda — y después descubrieron que tenían ayuda disponible todo el tiempo?" Permita que algunos compartan experiencias graciosas o frustrantes. Luego conecte: "Muchos cristianos viven su fe exactamente así: luchando con sus propias fuerzas, frustrados por su falta de poder, sin darse cuenta de que Jesús les dejó el recurso más poderoso del universo: el Espíritu Santo viviendo dentro de ellos. Hoy vamos a aprender a vivir con el poder que ya tenemos."
En la noche antes de su crucifixión, Jesús sabía que sus discípulos estaban a punto de enfrentar la prueba más devastadora de sus vidas. Por eso les hizo una promesa extraordinaria en Juan 14:16-18: "Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros."
La palabra "otro" en griego es "allon," que significa "otro de la misma clase" — no diferente, sino igual. El Espíritu Santo no es un sustituto inferior de Jesús; es otra persona de la misma Trinidad, con la misma naturaleza divina, el mismo poder, la misma santidad. Y mientras Jesús estuvo con los discípulos externamente, el Espíritu estaría en ellos internamente. Jesús dice literalmente: "Mora con vosotros y estará en vosotros." La presencia del Espíritu es más íntima que la presencia física de Cristo durante su ministerio terrenal.
La palabra "Consolador" (Parakletos en griego) tiene un significado rico: significa "uno llamado al lado de otro" para ayudar. Se usaba para describir a un abogado defensor en un tribunal, a un consejero que acompaña, a un fortalecedor que da ánimo. El Espíritu Santo es todo eso y más: es nuestro abogado ante las acusaciones del enemigo, nuestro consejero en las decisiones de la vida, nuestro fortalecedor en los momentos de debilidad, y nuestro compañero constante que nunca nos abandona. Jesús prometió: "No os dejaré huérfanos." Y cumplió esa promesa en Pentecostés.
En Juan 16:5-15, Jesús describe tres funciones principales del Espíritu Santo. Primero, convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio (v. 8-11). El Espíritu Santo es quien abre los ojos de las personas para que reconozcan su condición pecaminosa, la justicia perfecta de Cristo, y la realidad del juicio venidero. Sin la obra del Espíritu, ninguna predicación, por elocuente que sea, puede producir convicción genuina. Es por eso que la evangelización efectiva depende absolutamente de la oración y del poder del Espíritu.
Segundo, el Espíritu guía a toda verdad (v. 13). Jesús dijo: "Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad." El Espíritu no habla por su propia cuenta, sino que toma lo que es de Cristo y nos lo revela. Esta es la razón por la que podemos entender la Biblia: el mismo Espíritu que inspiró las Escrituras es quien las ilumina en nuestro entendimiento. Sin el Espíritu, la Biblia es un libro cerrado; con el Espíritu, se convierte en la voz viva de Dios hablándonos personalmente.
Tercero, el Espíritu glorifica a Cristo (v. 14): "Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber." Esta es una clave fundamental para discernir la verdadera obra del Espíritu. El Espíritu Santo nunca llama la atención sobre sí mismo; siempre señala hacia Jesús. Cualquier supuesta manifestación espiritual que ponga el foco en la experiencia misma en lugar de en Cristo, no proviene del Espíritu de Dios. La marca del Espíritu es hacer que Cristo sea más grande, más hermoso, más precioso y más central en nuestra vida.
Efesios 5:18 contiene uno de los mandamientos más importantes para la vida cristiana: "No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu." Pablo establece un contraste sorprendente entre la embriaguez y la llenura del Espíritu. En ambos casos, algo externo toma el control de la persona. El alcohol controla la mente, las emociones y las acciones de quien se embriaga, llevándolo a la destrucción. El Espíritu también busca controlar nuestra mente, nuestras emociones y nuestras acciones, pero para llevarnos a la plenitud de vida.
El verbo griego "sed llenos" (plerousthe) está en tiempo presente e imperativo, lo que indica una acción continua y obligatoria. No es "sean llenos una vez," sino "sigan siendo llenos continuamente." La llenura del Espíritu no es un evento único que ocurre una sola vez en la vida; es una experiencia que debe renovarse constantemente. Así como necesitamos alimentarnos cada día para mantener nuestro cuerpo, necesitamos ser llenos del Espíritu cada día para mantener nuestra vida espiritual vigorosa.
¿Cómo somos llenos del Espíritu? No por técnicas místicas ni por fórmulas religiosas, sino por tres prácticas fundamentales: primero, la confesión y el abandono del pecado, porque el pecado contrista al Espíritu (Efesios 4:30); segundo, la rendición total de nuestra voluntad a Dios, presentando nuestros cuerpos como sacrificio vivo (Romanos 12:1); y tercero, la dependencia activa en la oración y la Palabra. Efesios 5:19-20 describe los resultados de estar llenos del Espíritu: adoración gozosa, gratitud constante y relaciones saludables. No es una experiencia solo emocional; transforma toda nuestra manera de vivir.
Efesios 5:18-20
"No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo."
El contraste entre la embriaguez y la llenura del Espíritu es más profundo de lo que parece a simple vista. En el mundo greco-romano, los cultos a Dionisio (dios del vino) buscaban el éxtasis a través de la embriaguez. Pablo dice: no busquen llenarse de vino como los paganos, sino del Espíritu de Dios. La voz pasiva del verbo "sed llenos" (plerousthe) indica que no nos llenamos a nosotros mismos — permitimos que el Espíritu nos llene. Es un acto de rendición, no de esfuerzo. Los resultados que Pablo enumera — adoración comunitaria, alabanza del corazón, y gratitud constante — son la evidencia natural de una vida controlada por el Espíritu. Pablo anima a los efesios a imitar a Dios estando llenos del Espíritu Santo, dando siempre gracias y alabando a Aquel que envió a su Espíritu para que estuviera con nosotros.
Aunque Jesús había hablado del Espíritu Santo en otros momentos de su ministerio, la enseñanza central sobre la tercera persona de la Trinidad la encontramos en la víspera de la crucifixión. Aquella noche Jesús reunió a sus discípulos en el aposento alto (Juan 13-17). Les dijo: "Hijitos, estaré con vosotros un poco más de tiempo" (Juan 13:33). Enseguida les explicó que él se iba por su bien, pues les convenía que viniera el Espíritu Santo para estar con ellos y vivir en ellos.
Por Darrell Johnson
Los capítulos del 14 al 16 del Evangelio de Juan son un recuento de las últimas palabras que el Señor dirigió a sus discípulos la noche anterior a la crucifixión. Sitúate en ese contexto, en aquel lugar llamado el aposento alto. Estás reclinado en el suelo, igual que los demás, todos en torno a una gran mesa. La comida y la bebida de la Pascua están dispuestas sobre la mesa. Aunque hay un ambiente de gozo, también se percibe cierto sentimiento de pesar.
La velada va avanzando, y Jesús hace una serie de cosas sorprendentes. En primer lugar, cambia en dos ocasiones el orden prescrito de la Pascua. Toma un trozo de pan, y después de pronunciar la bendición tradicional, lo parte, te lo pasa, y te dice: "Ésto es mi cuerpo". Luego toma la copa de vino, y después de pronunciar otra bendición tradicional te la ofrece diciendo: "Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre". A continuación, se pone en pie, se quita la túnica exterior, coge una toalla, se arrodilla, y empieza a lavarte los pies. Y entonces llega la mayor de las sorpresas: unas noticias horrorosas. "Hijitos míos, ya no estaré mucho tiempo con vosotros" (Juan 13:33, DHH). Y durante el resto de la velada Jesús os prepara para su partida, para el momento en que Él ya no esté entre vosotros de forma física. "Ahora voy al que me envió" (Juan 16:5).
No es de sorprender que Jesús empiece diciendo "No se turbe vuestro corazón" (Juan 14:1). La palabra que nosotros traducimos por "turbar" o "angustiar" es, en el original, una palabra muy fuerte. Quiere decir estremecerse, estar confundido. Las noticias que Jesús les acaba de dar les hacen estremecerse, y les hace caer en una profunda confusión. Durante tres maravillosos años han disfrutado de su compañía. Dependían de su íntimo compañerismo y de su presencia. Cuando estaban con Él se sentían seguros, tenían esperanza, no tenían miedo, y habían descubierto lo que significaba ser amados de forma incondicional. "Os dejó". No le querían creer. ¿Qué iban a hacer sin Él? Al oír estas palabras tuvieron miedo, miedo a estar solos, miedo a tener que vivir el resto de sus vidas sin su compañía.
Lo que más sorprendió a sus discípulos entonces, y nos sigue sorprendiendo hoy, es lo que Jesús dice en Juan 16:7: "Pero os digo la verdad: os conviene que me vaya". ¿Cómo podía ser? ¿Cómo les iba a convenir a los discípulos vivir sin la presencia física de Jesús?
Jesús continúa diciendo: "Porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré" (16:7). La palabra que nosotros traducimos por "Consolador" es, de hecho, muy difícil de traducir al castellano. Mientras que la versión RV opta por "Consolador", igual que LBLA y la NVI, DHH prefiere "defensor"; otras traducciones usan términos como "Consejero", "Ayudador" y "Abogado". J.B. Phillips usa la paráfrasis "alguien llamado para estar a tu lado y apoyarte". Aunque es una expresión un tanto extensa, es, probablemente, la mejor definición. La forma verbal derivada de la misma raíz de la que deriva la palabra "Espíritu" tiene una amplia variedad de significados: "llamar, mandar a buscar, exhortar, animar, confortar, fortalecer, consolar, conectar, convencer". En el griego clásico esta palabra es un término jurídico. Se usaba para llamar a declarar al que venía como representante y abogado defensor del acusado.
Juan usa esta palabra con su sentido jurídico en 1ª Juan 2:1: "Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo". Jesús, a quien el Padre envió al mundo, vuelve al Padre para ser nuestro abogado, para representarnos e interceder por nosotros.
En el aposento alto Jesús les dice a sus discípulos que se va por el bien de ellos. Si no se va, el Espíritu no vendrá. Pero si se va, les enviará "al que ha sido llamado para estar al lado de ellos". Cuando Jesús ya no esté con ellos, no estarán solos. Pero, ¿por qué es mejor tener al Espíritu, que contar con la presencia física de Jesús? Jesús dice:
"Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre; es decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni le ve ni le conoce, pero vosotros sí le conocéis porque mora con vosotros y estará con vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros." — Juan 14:16-18
¿Cómo es el Espíritu? A continuación se enumeran cuatro características.
Una Persona. La palabra "espíritu" en el original es una palabra neutra, es decir, no es ni masculino ni femenino. Juan rompe las reglas gramaticales del griego cuando se refiere al Espíritu usando los pronombres personales en masculino. Quiere dejar claro que el Espíritu Santo no es una cosa, no es una fuerza impersonal. Esto es importante, porque si el Espíritu fuera una cosa, podríamos verlo como algo distante. Pero si el Espíritu es una persona, tenemos que decidir cómo vamos a reaccionar ante Él. En el libro de los Hechos queda muy claro que el Espíritu es una persona: habla (1:16; 8:29; 10:19), tiene que aguantar mentiras (5:3), es puesto a prueba (5:9), da testimonio (5:32), encuentra resistencia (7:51), arrebata (8:39), da órdenes (13:2), envía (13:4), piensa (15:28), prohíbe (16:6), impide (16:7), y da responsabilidades (20:28). Las epístolas también lo presentan como persona: nos ayuda a orar (Romanos 8:16), escudriña nuestros corazones (1ª Corintios 2:10), enseña (1ª Corintios 2:13), guía (Romanos 8:14; Gálatas 5:18), habla (1ª Timoteo 4:1; Hebreos 3:7; 10:15), predice (1ª Pedro 1:11) y se entristece (Efesios 4:30).
Otro como Jesús. El pasaje dice que el Espíritu Santo es "otro del mismo tipo, no otro de un tipo diferente". ¿Quién es el primer Consolador? Jesús de Nazaret. Él es el primero que ha sido llamado para estar a nuestro lado como Consolador, Ayudador y Abogado. Él promete que cuando se vaya, enviará a otro del mismo tipo que Él. Cuando Jesús ya no está presente de forma física, "otro" como Jesús viene a estar con sus discípulos; y porque es como Jesús, el mismo Jesús les dice: ya "le conocéis". Ese "otro" ha estado con Jesús todo el tiempo. Su personalidad está estrechamente relacionada con la personalidad de Jesús. Así que cuando el Espíritu viene, no es para nosotros un extraño. Por ello, el resto del Nuevo Testamento habla indistintamente de la presencia del Espíritu y de la presencia de Cristo. Son conceptos que no se pueden separar. Estar "en Cristo" es lo mismo que "estar en el Espíritu", y decir que "Cristo intercede por nosotros" es lo mismo que decir que el "Espíritu intercede por nosotros" (ver Romanos 8:9-10; 8:26, 34).
Con nosotros siempre. Cuando Jesús vino a este mundo se dejó limitar por el tiempo y el espacio. Si Jesús estaba en Capernaum y los discípulos en Jerusalén, no podía estar con ellos. Si venía "otro Consolador" la presencia de Jesús ya no estaría limitada ni por el tiempo ni por el espacio. Michael Green escribe: "Cuando Jesús vivió en la Tierra, estuvo limitado por el tiempo y el espacio. Su marcha hizo posible la venida del Espíritu,... y a partir de entonces ya no habría barreras espaciales ni temporales que impidieran que sus discípulos tuvieran una relación estrecha con Él." Con la venida del Espíritu Santo, Jesús cumple su promesa: "Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días" (Mateo 28:20). Con la presencia del Espíritu Santo podemos experimentar a Jesús como Emmanuel, Dios con nosotros. ¡Por eso nos convenía que Jesús volviera con el Padre!
Vive en nosotros. "Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Consolador... porque mora con vosotros y estará con vosotros" (Juan 14:16-17). Ahora, los discípulos iban a tener una relación aún más estrecha que la que habían tenido con Jesús mientras éste estaba en el mundo. Jesús había vivido con ellos, pero el otro Parakletos (Consolador) viviría en ellos. Gracias a la venida del Espíritu, nuestros cuerpos, aunque mortales y pecadores, se han convertido en el lugar santísimo, en la morada sagrada del Dios vivo.
Jesús describe al Espíritu Santo como el "Espíritu de verdad". Pronunciamos la palabra "santo" tantas veces que olvidamos que su significado es "diferente a todo lo demás", "puro", "el Único completamente diferente a todo lo demás". El Espíritu que vive con nosotros y en nosotros es puro y está obrando para purificarnos, para limpiarnos, para librarnos de todo aquello que no agrada a Dios. El Espíritu en nosotros está cumpliendo la Palabra de Dios: "Sed santos porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo" (Levítico 19:2; 1ª Pedro 1:15-16). Ésa es la razón por la que la presencia del Espíritu no solo conforta, sino también incomoda. El Espíritu crea en nosotros un malestar santo cuando vemos la imperfección que hay en nosotros y en el mundo. El Espíritu no descansará, ni nos dejará descansar, hasta que seamos como Aquel que lo envió.
El "Espíritu de verdad" nos enseñará y nos guiará a toda la verdad (Juan 14:16; 16:13). El Espíritu Santo en nosotros nos enseña toda la verdad sobre nosotros mismos, sobre el mundo y sobre Dios. Por tanto, no debería sorprendernos que el resto del Nuevo Testamento haga tanto énfasis en conocer, hacer y hablar la verdad. Ciertamente, si no hablamos la verdad, entristecemos al Espíritu de Dios (Efesios 4:25-30). Cuando nos encontremos en una situación en la que tenemos que esconder, negar o tergiversar la verdad, tengamos por seguro que no estamos siendo guiados por el Espíritu. El malestar que sentimos cuando exageramos o cambiamos un poco la verdad, o mentimos, no es simplemente el resultado de nuestra propia conciencia; ese malestar es el resultado de la decepción del Espíritu que vive en nosotros.
Pero hay esperanza. El Espíritu está obrando para llevarnos, arrastrarnos si es necesario, guiarnos a la verdad. Constantemente nos guía a Jesucristo, a Aquel que es la verdad encarnada (Juan 14:6). Como dice el apóstol Pablo, en Cristo "están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento" (Colosenses 2:3). El deseo del Espíritu es que el ser humano conozca a Cristo en toda su plenitud y que se evalúe a la luz de lo que ve en su Maestro y Salvador. La misión del Espíritu es, por tanto, apuntar a Cristo.
"Él me glorificará", dice Jesús hablando del Espíritu de verdad (Juan 16:14). Se podría decir que el Espíritu Santo es la "persona tímida" o "discreta" de la Trinidad. No quiere que la luz de los focos recaiga sobre Él. Si eso ocurre, se aparta de forma discreta para que la luz brille sobre el Dios hecho hombre. Por tanto, cualquier acción del Espíritu que no lleve a la gente a Cristo no es una acción del Espíritu de Dios. El deseo del Espíritu de Dios es lograr que el Cristo vivo sea el centro de nuestras vidas.
Concluimos, pues, que nos convenía que Jesús volviera al Padre. Cuando Jesús dejó la tierra y envió a "otro", envió a una persona del mismo tipo que Él, a través de la cual Jesús sigue estando con nosotros y vive en nosotros. Además, esta persona nos está ayudando a ser más como el Santo y a ver la vida a la luz de Aquel que es la Verdad.
📚 Lectura Recomendada: Michael Green, I Believe in the Holy Spirit (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1975). Publicado en español por la editorial Caribe en 1992 bajo el título Creo en el Espíritu Santo (actualmente fuera de circulación).
Cada mañana de esta Lección, antes de comenzar sus actividades, haga una oración sencilla de rendición: "Espíritu Santo, te entrego el control de este día. Llena mi mente, mis palabras, mis decisiones y mis relaciones. Muéstrame a Jesús." Luego, al final de cada día, haga un breve examen: ¿Hubo momentos en que actué en mis propias fuerzas en lugar de depender del Espíritu? ¿Hubo momentos en que sentí su guía? Anote sus observaciones en un diario espiritual. Al final de la Lección, comparta con su compañero de discipulado lo que aprendió sobre la diferencia entre vivir en sus propias fuerzas y vivir dependiendo del Espíritu.
El Espíritu Santo trabaja para que aquellos en los que vive desarrollen el carácter de Cristo. Las cualidades de ese carácter se conocen como el fruto del Espíritu.
Que cada discípulo comprenda que el fruto del Espíritu es el carácter de Cristo formándose en su vida, distinga entre el esfuerzo humano y el crecimiento orgánico que produce el Espíritu, y evalúe honestamente qué aspectos del fruto necesitan mayor desarrollo en su vida personal.
Traiga a la clase una fruta real (una manzana, una naranja, etc.) y pregunte: "¿Cuánto esfuerzo hizo esta manzana para crecer? ¿Se despertó cada mañana diciendo: 'Hoy voy a esforzarme más por ser roja'?" La respuesta obvia es que la fruta creció naturalmente, sin esfuerzo propio, simplemente porque estaba conectada al árbol, recibía agua, luz y nutrientes. Luego pregunte: "¿Y qué pasaría si arranco esta manzana del árbol y le pido que siga creciendo?" Conecte con la lección: "El fruto del Espíritu funciona de la misma manera. No crece por nuestro esfuerzo, sino por nuestra conexión con Cristo. Hoy vamos a aprender qué significa permanecer conectados para que el fruto crezca naturalmente."
Gálatas 5:22-23 presenta una de las listas más conocidas de la Biblia: "Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza." Lo primero que debemos notar es que Pablo dice "el fruto" (singular), no "los frutos" (plural). Esto es significativo. No se trata de nueve frutas separadas que podemos seleccionar a nuestro gusto — "yo tengo amor y gozo, pero la paciencia no es lo mío." Es un solo fruto con nueve manifestaciones, como una naranja con nueve gajos. Todos son inseparables porque todos son aspectos del carácter de una sola persona: Jesucristo.
Cada cualidad del fruto refleja algo del carácter de Cristo. El amor (agape) es el fundamento de todo lo demás — el amor sacrificial que busca el bien del otro sin importar el costo. El gozo (chara) no es una felicidad superficial que depende de las circunstancias, sino un regocijo profundo que brota de la relación con Dios. La paz (eirene) es la tranquilidad interior que viene de saber que Dios tiene el control. La paciencia (makrothymia) es la capacidad de soportar las provocaciones sin reaccionar con ira — literalmente, "largo de ánimo."
La benignidad (chrestotes) es la disposición a tratar a otros con amabilidad y generosidad. La bondad (agathosyne) es la benignidad puesta en acción, haciendo el bien de manera práctica. La fe (pistis) aquí se refiere a la fidelidad, la lealtad inquebrantable a Dios y a los demás. La mansedumbre (praytes) no es debilidad, sino fuerza bajo control — como un caballo salvaje que ha sido domado. Y la templanza (egkrateia) es el dominio propio, la capacidad de decir "no" a los deseos que nos destruyen. Juntas, estas nueve cualidades pintan el retrato completo de una vida transformada por el Espíritu.
Antes de presentar el fruto del Espíritu, Pablo describe el contexto en que debe crecer: una guerra espiritual interna. Gálatas 5:17 dice: "Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis." Todo cristiano experimenta esta tensión. La "carne" (sarx) no se refiere al cuerpo físico, sino a la naturaleza pecaminosa que heredamos de Adán — esa inclinación interior hacia el egoísmo, la rebeldía y la autosatisfacción.
Pablo contrasta el fruto del Espíritu con las "obras de la carne" en Gálatas 5:19-21: "Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas." Note el contraste deliberado: la carne produce "obras" (plural) — acciones múltiples y fragmentadas que reflejan el caos del pecado. El Espíritu produce "fruto" (singular) — una vida integrada y coherente que refleja la belleza de Cristo.
La buena noticia es que la batalla no depende de nuestras fuerzas. Gálatas 5:24-25 declara: "Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu." La crucifixión de la carne ocurrió posicionalmente cuando creímos en Cristo, pero debe hacerse realidad práctica cada día mediante decisiones deliberadas de rendirnos al Espíritu. No es que la tentación desaparezca; es que el poder para resistirla está disponible. Cada vez que elegimos caminar en el Espíritu en lugar de satisfacer los deseos de la carne, el fruto crece un poco más.
En Juan 15:4-5, Jesús revela el secreto del fruto espiritual: "Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer." El fruto espiritual no se produce por esfuerzo humano, por disciplina religiosa, ni por fuerza de voluntad. Se produce por conexión vital con Cristo.
Un pámpano (rama) no hace esfuerzo por producir uvas. Simplemente permanece conectado a la vid, y la savia fluye naturalmente produciendo fruto. De la misma manera, cuando permanecemos en Cristo — a través de la oración, la Palabra, la adoración, la obediencia y la comunión con otros creyentes — el Espíritu Santo fluye a través de nosotros produciendo su fruto de manera orgánica. El problema no es que necesitemos "esforzarnos más" para ser amorosos, pacientes o mansos. El problema es que necesitamos estar más conectados a Cristo.
Esto no significa que somos pasivos. Permanecer en Cristo requiere decisiones diarias: decir "sí" a la oración cuando preferiríamos dormir, decir "sí" a la Palabra cuando preferiríamos el entretenimiento, decir "sí" a la obediencia cuando preferiríamos el camino fácil. Pero el esfuerzo está en permanecer conectados, no en producir el fruto. El fruto es responsabilidad del Espíritu; la conexión es nuestra responsabilidad. Y cuando permanecemos, el resultado es inevitable: "éste lleva mucho fruto." No poco fruto, no fruto ocasional, sino mucho fruto. Es la promesa de Jesús.
Gálatas 5:22-23
"Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley."
La frase final — "contra tales cosas no hay ley" — es una declaración de libertad profundamente irónica. La ley fue dada para restringir el pecado, para poner límites al comportamiento humano. Pero cuando el Espíritu produce su fruto en nosotros, ninguna ley es necesaria porque el fruto del Espíritu nunca viola la ley de Dios. No existe ley que prohíba el amor, el gozo o la paz. La persona que camina en el Espíritu cumple naturalmente la intención de la ley sin estar bajo su peso. Es la libertad que Cristo prometió: no libertad para pecar, sino libertad del poder del pecado.
La enseñanza sobre el fruto del Espíritu aparece en un pasaje en el que Pablo describe la guerra que hay dentro de nosotros entre la vieja y la nueva naturaleza. Antes de llegar al catálogo de virtudes, es necesario entender el campo de batalla en el que ese fruto debe crecer.
Una niña salía de la iglesia hablando con su madre sobre el sermón que acababan de escuchar. El pastor había dicho dos cosas que a la niña le parecían contradictorias: que Dios es más grande que nosotros, y que Dios vive dentro de nosotros. Con la lógica implacable de la infancia, concluyó: "Entonces, si Dios es más grande que nosotros, y vive dentro de nosotros, lo normal sería que se le viera a Él y no a nosotros, ¿no?" Sin saberlo, aquella niña había descrito con precisión lo que significa ser cristiano: alguien en quien Cristo vive, y que por tanto debería dejarlo ver.
Una de las expresiones favoritas de Pablo para describir esta realidad es "Cristo en vosotros". A los gálatas, que aún estaban madurando en la fe, Pablo se presenta como una comadrona que sufre dolores de parto en su lugar: "Hijitos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros" (Gálatas 4:19). Y a los corintios les dice que, cuanto más se entregan a Cristo, más extienden su fragancia: "por medio de nosotros manifiesta en todo lugar la fragancia de su conocimiento. Porque fragante aroma de Cristo somos para Dios" (2ª Corintios 2:14-15).
Ya sea con la imagen del aroma o con la del fruto, la idea es la misma: estamos llamados a manifestar a Cristo a través de nuestra propia personalidad. Gálatas 5:16-23 recoge la misma verdad que Jesús enseñó en Juan 15:1-11: debemos permanecer unidos a Él como el pámpano a la vid. Y por eso, cuando Pablo describe el resultado de esa unión en Gálatas 5:22, escribe algo curioso: no dice "los frutos del Espíritu son...", como esperaríamos, sino "el fruto del Espíritu es...", en singular. El fruto es el carácter multifacético de una sola persona, Jesucristo, cuyo Espíritu vive en nosotros. La imagen de la vid ayuda a entenderlo: el fruto es como un racimo de uvas, unido a la rama por un solo tallo, y cada uva del racimo es una faceta distinta del carácter de Cristo.
Consideremos, entonces, cada una de esas "uvas" del racimo, y después veamos cómo crecen en nosotros.
La lista comienza con la cualidad que más caracteriza a Jesús, y que Él mismo señaló como la marca distintiva de sus seguidores: "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros" (Juan 13:35). Amar a los enemigos y perdonar a quienes buscan destruirnos es un amor que solo puede venir de lo alto.
Una pareja coreana cuyo hijo, un brillante estudiante de Medicina, fue asesinado por un grupo de adolescentes que querían robarle, ilustra esta clase de amor de manera conmovedora. Durante el juicio, los padres guardaron silencio hasta el veredicto. Cuando los jóvenes fueron declarados culpables y se les dio la oportunidad de hablar, se arrodillaron ante el juez. Fue entonces cuando los padres del muchacho, para asombro de todos los presentes, pidieron clemencia para los asesinos de su hijo — e incluso solicitaron que se les permitiera acogerlos en su propio hogar, para darles el amor y la familia que nunca habían tenido. Explicaron al juez que eran cristianos, y que querían mostrar a aquellos jóvenes la misma gracia que ellos habían recibido de Dios. El amor de Dios rompe todos los esquemas humanos, y precisamente por eso resulta irresistible.
Cuando comprendemos que somos merecedores de condena y, aun así, somos perdonados por Aquel que debería condenarnos, sentimos gozo. El hijo pródigo, al volver a casa, no encontró reproche sino el abrazo de su padre, y pasó de ser un fugitivo arrepentido a un invitado de honor. El gozo es vivir bajo el favor del Padre, sabiendo que somos la niña de sus ojos — su tesoro y su herencia para toda la eternidad.
El gozo suele confundirse con la felicidad, pero no son lo mismo. Somos felices cuando todo va bien; el gozo, en cambio, puede coexistir con el sufrimiento porque está anclado en la esperanza, no en las circunstancias. Jesús mismo lo dijo: "¡Confiad! Yo he vencido al mundo" (Juan 16:33). Quienes tenemos la esperanza fundada en la muerte y resurrección de Jesús ya conocemos el final de la historia: tenemos gozo porque sabemos que seremos testigos de un desenlace glorioso.
"Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo" (Romanos 5:1). Esa paz no es un logro nuestro sino una obra de Dios: el Dios santo, cuya naturaleza estaba en guerra con nuestra naturaleza pecaminosa, nos reconcilió consigo mismo entregando a Jesús como ofrenda de paz. Como observó el teólogo R.C. Sproul, cuando Dios firma un tratado de paz, queda firmado de forma perpetua: aunque nuestro pecado le disguste y nos discipline, Dios ya no está en guerra con nosotros.1
La palabra hebrea que traducimos por "paz" es shalom, y no describe tanto la ausencia de conflicto como la presencia de un rey justo y benevolente. Israel vivía en shalom cuando sabía que su soberano era un hombre de carácter. De igual modo, vivimos en paz porque sabemos que nuestro Soberano está sentado en el trono del universo, obrando "todas las cosas para el bien de los que le aman" (Romanos 8:28). De ahí nace una serenidad que no depende de las circunstancias, sino de la seguridad de quién gobierna.
La palabra griega que traducimos "paciencia" describe literalmente a alguien "que todo lo sufre" o es "sufrido". El padre del hijo pródigo esperó con el corazón abierto, viviendo con la herida del rechazo sin cauterizarla con desprecio. Pudo haber deshonrado a su hijo cuando regresara; en cambio, practicó uno de los ingredientes esenciales de la paciencia: ser lento para la ira.
Rara vez tenemos con los demás la paciencia que le pedimos a Dios que tenga con nosotros. Una vieja historia ayuda a recordarlo: en la Edad Media, una campesina le preguntó a un monje qué hacían los hombres de Dios en el monasterio. El monje respondió con humildad: "Te lo diré, hija mía: nos caemos y nos levantamos, nos caemos y nos levantamos, nos caemos y nos levantamos." Si Dios sufre pacientemente cada vez que tropezamos, ¿no deberíamos nosotros sufrir con la misma paciencia por los demás?
La benignidad, o amabilidad, escasea en un mundo marcado por la beligerancia y la falta de humanidad, donde muchos consiguen lo que quieren a base de intimidación. Jesús, sin embargo, tenía las prioridades claras: fue firme y se airó justamente frente a la hipocresía religiosa, pero fue tierno con los débiles y los vulnerables.
Cuando la élite religiosa llevó ante Jesús a una mujer sorprendida en adulterio, dispuesta a apedrearla, Él les dijo: "El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en tirarle una piedra" (Juan 8:7). Cuando todos se marcharon, avergonzados, Jesús le dijo a la mujer: "Yo tampoco te condeno. Vete; desde ahora, no peques más" (Juan 8:11). El Espíritu, a través de nosotros, quiere hablar con esa misma amabilidad a los heridos, ofreciendo sanidad en medio de un mundo hostil.
El predicador puritano Jonathan Edwards escribió que ni en el cielo ni en la tierra encontraríamos algo más dulce que la santidad. Y el salmista invita: "Probad y ved que el Señor es bueno" (Salmo 34:8). Una forma de definir la bondad es "el amor por aquello que es santo"; otra es la generosidad o magnanimidad de espíritu. En un mundo lleno de heridas, necesitamos un corazón grande para vivir, y generosidad de espíritu para sobrevivir con gracia.
Dios es un Dios de pactos: los hace y los cumple. El primer pacto que hizo con Abraham fue sellado de forma dramática — al partir animales por la mitad y pasar entre ellos con símbolos de su propia presencia, Dios estaba diciendo, en esencia, que Él mismo sería partido en dos antes de romper su promesa de hacer de Abraham una gran nación (Génesis 15).
El teólogo Lewis Smedes observó que cuando cumplimos nuestras promesas actuamos como Dios actuaría. Deberíamos ser conocidos por nuestra integridad: "Sea vuestro hablar: 'Sí, sí' o 'No, no'" (Mateo 5:37). Que de nosotros se diga: "Si ha dicho que lo va a hacer, cuenta con que así será."
Jesús dijo de sí mismo: "Soy manso y humilde de corazón" (Mateo 11:29). La palabra "manso" no siempre suena positiva en nuestros oídos, pero Jesús declaró: "Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra" (Mateo 5:5). De Moisés se dice que fue el hombre más manso de la tierra — el mismo que se enfrentó al faraón y sacó a su pueblo de la esclavitud. La mansedumbre no tiene nada que ver con la debilidad: es la misma palabra que describía a un semental salvaje después de ser domado y puesto bajo freno. Mansedumbre significa someter nuestro poder al control de Dios.
El dominio propio no consiste en reprimir nuestras pasiones, sino en dirigirlas hacia donde Dios quiere que vayan. Es como dirigir una orquesta formada por músicos apasionados y enérgicos — nuestros deseos, nuestra ira, nuestros apetitos, nuestros recuerdos — cualquiera de los cuales, fuera de control, podría arruinar la sinfonía. El Espíritu Santo nos da el poder de mantener esos "instrumentos" en su lugar.
Tomemos el ejemplo de la lujuria: nace cuando dejamos que la atracción hacia otra persona se convierta en fantasía, y perdemos el control cuando permitimos que ese deseo perdure. Martín Lutero lo dijo con una imagen memorable: no podemos evitar que los pájaros revoloteen sobre nuestra cabeza, pero sí podemos evitar que construyan un nido en nuestro cabello. El dominio propio consiste, precisamente, en no dejar que los pájaros aniden.
Si agrupamos el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y el dominio propio, obtenemos un retrato de nuestro Señor. Y como el Espíritu vive en cada creyente, estas cualidades serán nuestras en la medida en que permanezcamos en la vid.
En esta época de autoayuda, dietas y realización personal, es fácil caer en el error de pensar que podemos producir el fruto del Espíritu a fuerza de voluntad y autodisciplina. Podemos imitar exteriormente el amor, el gozo o la paz — pero eso no será más que un fruto artificial. Creer que podemos dar fruto por nuestro propio esfuerzo es no haber entendido que la vida cristiana es una guerra: nuestra vieja naturaleza, aunque vencida, no está muerta, y lucha contra la nueva naturaleza del Espíritu.
Un estudiante universitario recién convertido describió esa lucha interior con una imagen memorable: "Es como si dentro de mí hubiera un perro callejero y un perro de raza luchando sin cesar." Cuando le preguntaron cuál de los dos iba ganando, respondió, después de pensarlo: "Supongo que el perro que más alimento." Con nuestras propias fuerzas no podemos vencer a nuestra naturaleza pecaminosa; lo que debemos hacer es someter nuestra voluntad al Espíritu — alimentar al perro de raza es entregarle a Dios el control de nuestra vida, reconociendo que sin Cristo no podemos hacer nada.
Ver el fruto que el Espíritu ha producido en nosotros es tan difícil como intentar mirarnos nuestros propios ojos: no podemos ver el órgano con el que vemos. Pero las personas que nos rodean sí pueden verlo. En cierta ocasión, un pequeño grupo hizo el ejercicio de decirse unos a otros qué cualidades del carácter de Cristo veían reflejadas en cada uno. Fue una experiencia conmovedora — muchos se sorprendieron al escuchar cualidades que ni siquiera sabían que estaban mostrando, y todos salieron de la reunión llenos de gozo. ¡Qué bueno es saber que Dios sigue obrando en nosotros, aun cuando no lo notamos!
📚 Lectura Recomendada
Sproul, R.C., The Holiness of God (Wheaton, Ill.: Tyndale House, 1985), p. 197 — sobre la naturaleza permanente de la paz que Dios establece con el creyente.
Haga un ejercicio de autoevaluación honesta. En una hoja, escriba las nueve cualidades del fruto del Espíritu y, al lado de cada una, califíquese del 1 al 10 según cómo se manifiesta en su vida actualmente. Luego identifique las dos o tres cualidades con la puntuación más baja. No intente mejorarlas por fuerza de voluntad. En cambio, cada día de esta Lección, dedique tiempo extra a permanecer en Cristo — quince minutos adicionales de oración, un pasaje extra de la Biblia, o un tiempo de adoración — y pídale específicamente al Espíritu que fortalezca esas áreas débiles. Al final de la Lección, vuelva a evaluarse y observe si hubo algún cambio.
Por la fe en Dios, que es absolutamente bueno, tenemos acceso al poder del Espíritu Santo e iniciamos la arriesgada aventura de seguir a Jesucristo a donde quiera llevarnos.
Que cada discípulo comprenda que la confianza en Dios es el fundamento de la vida cristiana, aprenda de los héroes de la fe en Hebreos 11 que vivieron por fe sin ver las promesas cumplidas, y se comprometa a confiar en Dios con todo su corazón en cada área de su vida, especialmente en las circunstancias inciertas y difíciles.
Pida a los participantes que piensen en la persona en quien más confían en este mundo — puede ser un padre, un cónyuge, un amigo cercano. Luego pregunte: "¿Qué ha hecho esa persona para ganarse su confianza? ¿Fue un solo evento o fueron muchas experiencias a lo largo del tiempo?" Permita que algunos compartan. Luego pregunte: "¿Y qué pasaría si esa persona les pidiera hacer algo que no entienden, algo que parece ilógico o arriesgado? ¿Confiarían?" Use las respuestas para introducir el tema: "La confianza en Dios funciona de manera similar: se construye conociendo su carácter a lo largo del tiempo. Y cuando él nos pide dar pasos que no entendemos, la pregunta no es si entendemos el plan, sino si confiamos en el Planificador."
Proverbios 3:5-6 es uno de los pasajes más amados y más desafiantes de toda la Biblia: "Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas." El mandamiento es claro pero radical: confiar en Dios con todo el corazón. No con la mitad, no con la parte que sobra después de que hemos agotado nuestros propios planes. Con todo. Esto significa que no hay área de nuestra vida que esté exenta de la confianza en Dios — ni nuestras finanzas, ni nuestras relaciones, ni nuestra salud, ni nuestro futuro.
La segunda parte del versículo 5 es igualmente importante: "y no te apoyes en tu propia prudencia." La palabra hebrea para "apoyarse" (sha'an) describe a alguien que descarga todo su peso sobre algo, como apoyarse en una pared. Dios nos dice: no descargues el peso de tu vida sobre tu propio entendimiento. Esto no significa que no debamos pensar, planificar o usar la razón que Dios nos dio. Significa que nuestra confianza final no debe estar en nuestra capacidad de entender las circunstancias, sino en el carácter de Dios que está por encima de todas las circunstancias.
El versículo 6 añade la clave práctica: "Reconócelo en todos tus caminos." La palabra "reconocer" (yada) en hebreo implica un conocimiento íntimo y personal, no solo intelectual. Es la misma palabra que se usa para la relación más profunda entre personas. Reconocer a Dios en todos nuestros caminos significa incluirlo en cada decisión, consultarle en cada encrucijada, honrarlo en cada área. Y la promesa es gloriosa: "él enderezará tus veredas." No dice que eliminará todos los obstáculos o que el camino será fácil. Dice que el camino será el correcto, dirigido por la mano sabia y amorosa de un Padre que conoce el destino final.
Hebreos 11 es conocido como el "salón de la fama de la fe," y abre con una definición magistral: "Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (Hebreos 11:1). La fe no es un salto al vacío sin razón; es una certeza fundamentada en el carácter de Dios. No vemos lo que esperamos, pero tenemos convicción — una seguridad firme — porque conocemos a Aquel que prometió. La fe bíblica no es fe en la fe; es fe en Dios.
La lección presenta un desfile de hombres y mujeres que vivieron por fe en circunstancias imposibles. Abraham salió de su tierra "sin saber a dónde iba" (v. 8) — confiando en la voz de Dios más que en el mapa. Sara "recibió fuerza para concebir" siendo estéril y anciana, "porque creyó que era fiel quien lo había prometido" (v. 11). Moisés "rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios" (v. 24-25) — prefirió el sufrimiento con propósito al placer sin sentido. Rahab, una prostituta pagana, arriesgó su vida por fe y fue incluida en la genealogía del Mesías.
Pero lo más impactante viene en los versículos 13 y 39: "Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido... Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido." Estos héroes vivieron toda su vida confiando en promesas que nunca vieron cumplidas en la tierra. Abraham nunca vio la nación numerosa como las estrellas. Moisés nunca entró en la tierra prometida. Sin embargo, no se rindieron, no perdieron la fe, no se amargaron. ¿Por qué? Porque su confianza no estaba en las circunstancias sino en el Dios que está por encima de todas las circunstancias. Esa es la fe que Dios honra.
Confiar en Dios no es un acto pasivo de resignación; es una aventura activa y a menudo arriesgada. Cuando Jesús llamó a sus discípulos, no les dio un plan de cinco años con todos los detalles. Les dijo simplemente: "Sígueme" (Mateo 4:19). Pedro dejó sus redes. Mateo dejó su mesa de impuestos. Ninguno sabía exactamente a dónde los llevaría ese camino. Pero sabían en quién habían confiado, y eso era suficiente.
Romanos 8:28 nos da una de las promesas más poderosas para sostener nuestra confianza: "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados." Note que no dice "todas las cosas son buenas," sino que "todas las cosas ayudan a bien." Hay una diferencia enorme. Dios no promete que todo será agradable, pero sí promete que todo — incluso el dolor, la pérdida, la confusión y el sufrimiento — será usado para nuestro bien y su gloria. Dios es el Maestro que convierte las tragedias en testimonios.
La confianza en Dios se fortalece con cada paso de obediencia. Cada vez que obedecemos sin entender completamente, cada vez que damos un paso de fe en medio de la incertidumbre, cada vez que elegimos confiar en su bondad cuando las circunstancias gritan lo contrario, nuestra fe crece. George Müller, quien alimentó a miles de huérfanos en la Inglaterra del siglo XIX sin pedir dinero a nadie, solamente orando, dijo: "El principio de la fe es el final de la ansiedad; el principio de la verdadera fe es el final de la ansiedad." Dios nos invita a una vida de aventura confiada, donde cada día es una oportunidad de ver su fidelidad en acción.
La vida práctica de la confianza se manifiesta en las decisiones cotidianas. No se trata solo de confiar en Dios en las grandes crisis — la enfermedad grave, la pérdida del empleo, la muerte de un ser querido. Se trata de reconocerlo en cada conversación, en cada compra, en cada relación, en cada uso de nuestro tiempo. Proverbios 3:6 dice "en todos tus caminos," no "en algunos." Esto incluye los caminos profesionales, familiares, financieros, recreativos, y cada decisión aparentemente pequeña de cada día.
Reconocer a Dios en todos nuestros caminos requiere desarrollar una conciencia constante de su presencia. Es aprender a preguntarnos en cada situación: "¿Qué quiere Dios en esto? ¿Cómo puedo honrarlo aquí? ¿Estoy siguiendo su dirección o la mía?" No es un legalismo agotador; es una relación viva con un Padre amoroso que quiere participar en cada detalle de nuestra vida. Y la promesa es que cuando lo hacemos, él "endereza nuestras veredas" — no siempre como esperamos, pero siempre mejor de lo que podríamos haber planeado por nuestra cuenta.
Al cerrar esta lección, recordemos que la confianza en Dios no es ausencia de miedo; es la decisión de avanzar a pesar del miedo porque sabemos que Dios es fiel. Josué enfrentó la tarea imposible de conquistar la tierra prometida después de la muerte de Moisés, y Dios le dijo: "Esfuérzate y sé valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas" (Josué 1:9). La misma promesa es para nosotros hoy. Dios no nos pide que confiemos en nosotros mismos; nos pide que confiemos en él. Y él nunca ha fallado.
Proverbios 3:5-6
"Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas."
El verbo hebreo "batach" (confiar, fiarse) transmite la idea de tenderse boca abajo, de descansar el peso completo sobre algo. Es una imagen de total vulnerabilidad y dependencia. "De todo tu corazón" (bekhol-libekha) enfatiza la totalidad — no una confianza parcial o condicional, sino absoluta. La expresión "enderezará tus veredas" (yeyasher orehoteykha) literalmente significa "hacer recto, allanar, remover obstáculos." Dios no promete que el camino será siempre fácil, pero sí promete que será el camino correcto, guiado por su sabiduría infinita hacia el destino que él ha diseñado para cada uno de sus hijos.
Hebreos 11:1
"Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve."
La palabra griega "hypostasis" (certeza/sustancia) se usaba en documentos legales del primer siglo como "título de propiedad." La fe es el título de propiedad de las promesas de Dios — aunque aún no las tenemos en la mano, son legalmente nuestras. "Elenchos" (convicción/evidencia) era un término jurídico para la prueba que establece un hecho en un tribunal. La fe no es ilusión ni sentimentalismo; es la evidencia interna, dada por el Espíritu, de realidades que los ojos físicos no pueden ver pero que son más reales que el mundo material.
El texto de Hebreos 11 se suele conocer con el título "Los héroes de la fe" porque es como un registro de la fidelidad de los grandes hombres y mujeres que nos precedieron. Invite al grupo a dejar el miedo al riesgo a un lado, y a contagiarse de aquel espíritu aventurero que les permitió ir a donde Dios les llevara.
La fe se ve probada cuando somos capaces de confiar en Dios en los momentos difíciles. Pero, ¿en qué se basa esa confianza? La promesa en la que descansan todas las promesas de Dios es la siguiente: "Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito" (Romanos 8:28).
Este versículo es tan conocido, nos resulta tan familiar, que muchas veces perdemos de vista su profundidad. En la comunidad cristiana se usa con tanta ligereza y de forma tan superficial, que la mayoría de la gente no percibe la esperanza que estas palabras encierran. Lo usamos para acallar los problemas de la gente, como si fuéramos un médico que no quiere que le molesten a altas horas de la noche: "Tómese este versículo y llámeme por la mañana." Pero Pablo no escribe estas palabras para que olvidemos los problemas con los que nos enfrentamos. Lo que está diciendo es que todo lo que nos ocurre en este mundo puede mirarse desde la perspectiva de que tenemos un Dios bueno, que gobierna este mundo con poder soberano y actúa según la benevolencia de su voluntad.
Para que esta promesa se pueda aplicar a la vida de alguien, se deben cumplir dos condiciones. La primera queda clara en el orden del texto griego: "para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien." Para poder contar con esta protección, tenemos que amar a Dios — y amarle es obedecerle. Nuestra sumisión libre y voluntaria a los planes de Dios es la forma en la que él mueve todas las cosas según su voluntad. Si confiamos en que Dios, en su gracia, dirige cualquier situación para bien, podremos aceptar con humildad todo lo que nos envíe; si no confiamos en ello, estaremos luchando contra sus propósitos, y eso producirá amargura en nosotros.
La segunda condición es "haber sido llamados conforme a su propósito." Ser llamados significa haber oído el llamamiento de Dios, haberle hecho caso, y haber respondido a Jesús de forma afirmativa. Significa someternos a la formación que Jesucristo nos ofrece, cuyo propósito es que lleguemos a ser igual que él. No podemos hacer nuestra la promesa de que todas las cosas ayudan para bien si no hemos entregado nuestras vidas al Dios bueno.
En el verano de 1993, el autor tuvo el privilegio de conocer a Gerry Sittser, quien contó una tragedia ocurrida en el otoño de 1991: mientras su familia volvía a casa después de unas cortas vacaciones, un conductor borracho se estrelló de frente contra su furgoneta. En cuestión de segundos, Gerry perdió a tres miembros de su familia: su madre, su esposa y su hija de cuatro años.
Lo que ocurrió es producto del mal, resultado de la naturaleza pecaminosa del hombre. Antes de poder creer de corazón que "Dios usa todas las cosas para bien," Gerry tuvo que pasar por un periodo de ira contra aquel conductor y contra Dios, sintiendo que nada tenía sentido, y tuvo que sacar fuerzas para enfrentarse solo a las tareas de su casa y a la educación de sus hijos traumatizados. ¿Saber que Dios es bueno libró a Gerry del dolor? No. Creer que Dios es bueno no significa ser inmunes a las tragedias de la vida.
La promesa es que Dios es soberano para sacar algo bueno incluso de lo malo. Consideremos tres implicaciones de esta verdad.
Dios incorpora nuestros desvíos en su mapa de carreteras. Nuestras calles sin salida se convierten en autopistas despejadas. John Piper lo expresa así: "El poder glorioso de Dios que hemos de ver, y en el que necesitamos confiar, es el poder que Él tiene para convertir todos nuestros desvíos y todos nuestros obstáculos en resultados gloriosos" (John Piper, Future Grace, 1995). Una de las características de las alfombras persas es que los patrones decorativos están llenos de errores, pero cuando el fabricante se da cuenta de un error, siempre encuentra la forma creativa de incorporarlo al patrón.
El tiempo nos ayuda a ver las cosas con perspectiva. Mucho de lo que sucede en este mundo no quedará claro ni completo hasta que Cristo vuelva en su reino y deshaga las consecuencias del mal. Gerry Sittser morirá sin acabar de entender la pérdida de su familia, pero los años transcurridos desde aquella tragedia ya le han permitido mirar atrás con cierta perspectiva y ver cómo Dios está sacando cosas positivas de aquella desgracia (relato que él mismo narra en su libro A Grace Disguised, 1996).
La vida no es arbitraria ni caprichosa. Larry Crabb escribió: "Estudiando el devenir de la vida nadie llegará a la conclusión de que Dios es bueno" (Larry Crabb, Finding God, 1993). Gerry mismo confiesa que uno de los peores aspectos de su pérdida fue el sentido de arbitrariedad total que se apoderó de él: "un accidente," como se suele decir. La tragedia es mucho más llevable si miramos más allá de nosotros mismos y encontramos un propósito general. Pablo basa su confianza en un Dios soberano que tiene una perspectiva total del tiempo y que va guiando las cosas de acuerdo con su propósito.
Vivimos mirando la parte de debajo del tapiz: vemos los hilos inconexos y desordenados. Pero Pablo nos anima a mirar la parte de arriba, la perspectiva celestial que Dios tiene de la eternidad. El apóstol describe cinco eslabones que van desde antes del tiempo hasta la gloria eterna: "Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo... y a los que predestinó, a esos también llamó; y a los que llamó, a esos también justificó; y a los que justificó, a esos también glorificó" (v. 29-30).
A los que de antemano conoció — el conocimiento previo de Dios no es una mirada distante sino personal e íntima; conocer de antemano significa amar de antemano. Los predestinó — Dios decretó de antemano que nuestro propósito es ser conformados a la imagen de su Hijo, algo que no ocurre de la noche a la mañana ni sin pasar por dificultades. Los llamó — un llamamiento personal, eficaz, que nos invita a entregarle las riendas de nuestra vida; podemos resistirnos, pero podemos también responder por voluntad propia. Los justificó — nos coloca en posición de acercarnos a Dios cuando depositamos nuestra fe en Jesucristo. Los glorificó — Pablo está tan seguro de que Dios llevará a su pueblo con él que lo expresa en tiempo pasado. El versículo 28 es verdad porque descansa sobre este fundamento de los versículos 29 y 30.
La demostración histórica de que Dios usa todas las cosas para bien es la Cruz. Si hubiéramos estado presentes el día de la muerte de Jesús, lo habríamos visto tan solo como un acto de violencia gratuita; el mal parecía haber vencido. Recordemos las palabras de José en Génesis 50:20: "Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo tornó en bien para que sucediera como vemos hoy, y se preservara la vida de mucha gente." Los hermanos de José le habían abandonado para que muriese, pero Dios le guardó para que llegara a ser alguien clave en el avance de sus propósitos. La Cruz, pensada para hacer el mal, fue en los planes de Dios el medio para redimir a la Humanidad perdida. Si Dios pudo hacer que la crucifixión de su Hijo sirviera para bien, podrá hacer lo mismo con cualquier desgracia que recaiga sobre sus hijos.
J.I. Packer explica bien las implicaciones de la Cruz: "Como creyentes, encontramos en la cruz de Cristo la seguridad de que Dios nos ama a cada uno de nosotros, de forma individual... Porque sabemos que esto es verdad, podemos aplicarnos la promesa de que todas las cosas ayudan para bien para los que aman a Dios y han sido llamados conforme a su propósito. No solo algunas cosas, sino ¡todas las cosas! Cada una de las cosas que nos ocurren es una expresión del amor de Dios por nosotros" (J.I. Packer, Conociendo a Dios, 1985, p. 154). Por eso podemos regocijarnos aún cuando, desde nuestra perspectiva, las cosas van mal: sabemos que cuando podamos ver la historia de nuestra vida al completo, podremos decir como el himno: "la Gracia me guardó de principio a fin, en ningún momento me dejó."
📚 Lectura Recomendada
Lewis, C.S., "Las tres partes de la moral" y "Las 'virtudes cardinales'", en Mero Cristianismo (Madrid: Ediciones RIALP, 2001, 3ª ed.).
Esta Lección tiene un desafío en dos partes. Primero, lea Hebreos 11 completo de una sola vez y escoja al personaje de la fe que más le inspire. Investigue más sobre su historia en el Antiguo Testamento y escriba tres lecciones sobre la confianza que puede aprender de esa persona. Segundo, identifique un área específica de su vida donde está intentando mantener el control en lugar de confiar en Dios — puede ser una decisión pendiente, una preocupación financiera, una relación difícil o un sueño que parece imposible. Cada día de esta Lección, entregue esa área a Dios en oración diciendo: "Padre, confío en ti con todo mi corazón en esta situación. No me apoyo en mi propia prudencia. Te reconozco como Señor de este camino." Registre lo que Dios haga durante la Lección y compártalo con su compañero de discipulado.
El amor sacrificial de Cristo como marca distintiva del discipulado
Que cada discípulo comprenda que el amor cristiano no es un sentimiento pasajero, sino una decisión sacrificial modelada por Jesús en la cruz y en el lavamiento de pies, y que este amor se convierte en la señal más poderosa ante el mundo de que somos verdaderos seguidores de Cristo.
Pida a cada participante que recuerde a una persona que le haya demostrado amor de manera inesperada o sacrificial. Puede ser un familiar, un amigo, un maestro o incluso un desconocido. Que comparta brevemente: ¿Qué hizo esa persona? ¿Por qué fue tan significativo? Luego pregunte al grupo: ¿Qué tienen en común todas estas historias? Guíe la conversación hacia el hecho de que el amor verdadero siempre implica dar algo de uno mismo.
En la noche antes de su crucifixión, Jesús tomo una vasija con agua y una toalla, y comenzo a lavar los pies de sus discípulos. Este acto era el trabajo de un esclavo, la tarea más baja en la jerarquía del hogar. Ningún discípulo se había ofrecido a hacerlo. Pedro incluso se resistió. Pero Jesús, sabiendo que había venido de Dios y a Dios iba, se arrodilló y sirvió. El Señor del universo se convirtió en el siervo de todos.
Este acto no fue meramente simbólico. Jesús estaba estableciendo un patrón de vida para todos sus seguidores. Les dijo: "Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagais" (Juan 13:15). El amor cristiano no se expresa desde una posicion de superioridad, sino desde la humildad de quien se arrodilla para servir. Somos llamados a ser "la gente de la vasija y la toalla", personas dispuestas a realizar las tareas más humildes por amor a los demas.
En nuestra cultura, el servicio humilde rara vez es valorado. Se admira al líder fuerte, al exitoso, al que manda. Pero Jesús invirtió completamente esos valores. En su reino, el mayor es el que sirve. Cuando una comunidad de fe vive de esta manera, algo sobrenatural ocurre: el mundo se detiene a observar, porque este tipo de amor no se puede fabricar con esfuerzo humano. Solo fluye del corazón transformado por Cristo.
Jesús dijo: "Un mandamiento nuevo os doy: Que os ameis unos a otros; como yo os he amado, que también os ameis unos a otros" (Juan 13:34). La novedad de este mandamiento no está en la orden de amar, porque el Antiguo Testamento ya mandaba amar al projimo. Lo radicalmente nuevo es el estandar: "como yo os he amado". Jesús no nos pide que amemos con amor humano, limitado y condicional. Nos llama a amar con el mismo amor con el que El nos amo: un amor que da la vida.
Este amor tiene características muy concretas. Es sacrificial: está dispuesto a pagar un precio personal. Es incondicional: no depende de que el otro lo merezca. Es servicial: se expresa en acciones, no solo en palabras. Y es voluntario: Jesús dijo "Nadie me quita la vida, sino que yo de mi mismo la pongo" (Juan 10:18). De la misma forma, el amor cristiano no es una obligacion forzada, sino una entrega gozosa que nace de haber sido amados primero.
El apostol Juan, quien estuvo presente aquella noche y recosto su cabeza sobre el pecho de Jesús, entendio esto profundamente. Decadas después escribio: "Nosotros le amamos a El, porque El nos amo primero" (1 Juan 4:19). El amor cristiano no es un logro moral que alcanzamos por disciplina propia. Es la respuesta natural de un corazón que ha experimentado la gracia inmerecida de Dios. Cuanto más comprendemos lo que Cristo hizo por nosotros, más naturalmente fluye de nosotros ese mismo amor hacia los demas.
En su oración sacerdotal registrada en Juan 17, Jesús pidio al Padre algo extraordinario: "Que todos sean uno; como tu, oh Padre, en mi, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tu me enviaste" (Juan 17:21). Jesús vincula directamente la unidad de los creyentes con la capacidad del mundo para creer en El. El amor entre los hermanos no es un asunto privado de la iglesia; es el argumento más convincente del evangelio ante los ojos del mundo.
El amor sacrificial entre cristianos es tan contrario a la naturaleza humana caida que solo puede explicarse por la presencia de Dios. Cuando personas de diferentes trasfondos, culturas, niveles sociales y temperamentos se aman genuinamente y se sirven mutuamente, el mundo ve algo que no puede producir por si mismo. Francis Schaeffer dijo que el amor entre los cristianos es "la apologetica final", la prueba definitiva de la verdad del cristianismo.
Esto significa que cada conflicto no resuelto en la iglesia, cada division, cada murmullo, cada falta de perdón, es un obstaculo para la mision evangelistica. No podemos predicar un evangelio de reconciliacion mientras vivimos en discordia. Por el contrario, cuando una comunidad de fe practica el perdón, la generosidad, la paciencia y el servicio mutuo, se convierte en una ciudad sobre un monte que no se puede esconder. El amor visible entre los discípulos es la estrategia misionera más efectiva que Jesús diseño.
Juan 13:34-35
"Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros."
Jesús pronunció estas palabras en el aposento alto, la misma noche en que lavó los pies de sus discípulos y antes de ir a la cruz. El término griego para "nuevo" es kainos, que significa nuevo en calidad, no simplemente nuevo en tiempo. Lo que hace nuevo este mandamiento no es el concepto de amor, sino su medida: "como yo os he amado". Jesús establece su propio sacrificio como el patrón del amor cristiano. La frase "en esto conocerán todos" indica que el amor mutuo es la credencial visible del discipulado, la marca que identifica a los seguidores de Cristo ante un mundo que observa.
En esta lección tocaremos dos textos que forman parte de las últimas palabras que Jesús dirigió a sus discípulos en el aposento alto. Los versículos para memorizar se centran en un amor que se demuestra a través del servicio. El segundo pasaje, que veremos en el apartado del Estudio Bíblico Inductivo, es el llamamiento que Cristo hace a la unidad. Parece ser que el amor y la unidad son inseparables.
El amor es la señal que le dice al mundo que somos seguidores de Jesús, mientras que la unidad es la señal de que Jesús fue enviado por el Padre. El amor y la unidad son lo que Francis Schaeffer llamó "la apologética definitiva". La verdadera defensa de nuestra fe no está en las explicaciones y argumentaciones, sino en nuestra conducta.
¿Cuál es la característica principal de un cristiano? ¿Llevar un pez en la parte de detrás del coche? ¿Una cruz al cuello? ¿Saber de teología? ¡Qué error, pensar que eso son muestras de la autenticidad de nuestra fe! Jesús nos habló claramente de lo que nos debía definir como cristianos. Él puso una cualidad por encima de las demás, y ésta es el amor: "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos por los otros" (Juan 13:35). Pero, ¿cómo ha de ser ese amor? Jesús quería dejarles a sus discípulos una imagen visual de lo que significaba amarse los unos a los otros, una imagen que no olvidasen jamás. Y lo que hizo fue lavarles los pies para dejarles un ejemplo de servicio.
Juan 13 es el comienzo de lo que se ha llamado el discurso del aposento alto (Juan 13-17), momento climático de la vida de Jesús. Juan nos hace saber que Jesús es plenamente consciente de la importancia de ese momento. Hay tres momentos en los que esto se ve de forma muy clara.
Jesús sabía que había llegado la hora de marchar de este mundo para ir al Padre. Una expresión que se repite con bastante frecuencia en el Evangelio de Juan es "su hora aún no había llegado". Jesús actuaba consciente de que seguía una agenda previamente establecida. Era un hombre que había nacido para morir. En una ocasión los hermanos de Jesús quisieron que fuera a Jerusalén para hacerse famoso, pero él les respondió: "Aún mi tiempo no se ha cumplido" (Juan 7:8); porque era en Jerusalén donde le esperaba la cita con la muerte. En otra ocasión los líderes religiosos quisieron arrestarle porque según ellos había dicho una blasfemia, pero Juan dice: "Pero nadie le echó mano porque todavía no había llegado su hora" (Juan 7:30). Pero en Juan 13, "su hora había llegado".
Satanás mueve ficha. Si esto fuera una partida de ajedrez cósmica, Satanás estaría a punto de hacer un jaque mate. Solo le queda un peón, y le toca mover. "Y durante la cena, como ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el que entregara [a Jesús]…" (Juan 13:2). Jesús sabe que en unas horas uno de sus seguidores le traicionará.
A pesar de la traición y la muerte inminentes, Jesús es plenamente consciente de quién es. Él está al mando. Podría parecer que todo se le está escapando de las manos, pero Jesús ya ha hecho jaque mate: "Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos, y que de Dios había salido y a Dios volvía…" (Juan 13:3). Jesús sabía de dónde había venido, y a dónde iba.
Jesús, sabiendo que su valor estaba en su relación con el Padre, pudo asumir un papel humilde: "Se levantó de la cena y se quitó su manto, y tomando una toalla se la ciñó. Luego echó agua en una vasija, y empezó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía ceñida" (Juan 13:4-5).
Ninguno de los discípulos tuvo la humildad ni el valor de desempeñar una función que tocaba hacer a los siervos. El Evangelio de Lucas nos cuenta que empezaron la cena discutiendo sobre quién era el mayor de ellos. En la cultura judía, lavar los pies de los invitados era una tarea denigrante, reservada para los sirvientes gentiles, para las mujeres y para los niños.
Cuando le llega el turno a Pedro, éste se opone a que su maestro le lave los pies, y farfulla indignado: "Señor, ¿tú, lavarme a mí los pies?" (Juan 13:6). Jesús le dice que aunque ahora no entienda lo que está haciendo, ya lo entenderá más adelante, pero Pedro no le escucha, y sigue en sus trece: "¡No, jamás me lavarás los pies!" (Juan 13:8).
¿Qué le pasa a Pedro? ¿Por qué se resiste de esa forma? La acción de Jesús violaba por completo la forma en la que Pedro entendía el valor de las cosas. El menor sirve al mayor; así son las cosas. Pedro acaba de discutir con sus amigos sobre quién ocuparía la mejor posición cuando Jesús se sentase en su trono. A Pedro se le han roto todos los esquemas. No entiende nada.
En segundo lugar, ser servido por su Señor era como darle una bofetada al orgullo y a la autosuficiencia de Pedro. Cuando uno recibe, se está poniendo en una posición de vulnerabilidad. Es mucho más fácil dar de forma condescendiente a alguien que tiene necesidad. Somos adictos a la necesidad de sentir que somos necesarios. Pero estar en la posición del que necesita ayuda demuestra una debilidad contraria a nuestro afán de autocontrol. El arzobispo William Temple dijo: "La humildad del hombre no empieza por el servicio; empieza por la disposición a ser servido." Antes de poder estar en disposición de dar, Pedro tiene que aprender a recibir.
Quizá la tercera razón por la que Pedro se resistió fuera ver que Jesús bajaba del pedestal en el que le había puesto y se iba a ensuciar las manos con asuntos de la vida real y cotidiana. Muchas veces queremos mantener a Jesús en el lugar que se merece, cuidado y bien atendido, reservado para los momentos religiosos. George MacLeod lo expresó de forma clara: "Estoy intentando recordar a la gente que Jesús no fue crucificado en una catedral entre dos velas, sino en una cruz entre dos ladrones; en el vertedero de la ciudad… un lugar donde los cínicos atacan con sus palabras, donde los ladrones maldicen todo lo que se mueve, y donde los soldados se rifan las pertenencias del que está sufriendo. Y quiero que la gente lo recuerde porque ese es el lugar en que Jesús murió. Y por eso murió. Y ese es el lugar donde los creyentes deberían estar" (George MacLeod, Only One Way Left, Glasgow: Iona, 1956, p. 33).
Jesús explica el significado de lo que acaba de hacer. Al realizar ese acto de humildad, Jesús estaba apuntando a su muerte en la cruz. Al tomar la posición de un sirviente que lava los pies de los invitados, Jesús mostró la degradación que iba a caracterizar la muerte que le esperaba. Las palabras tajantes de Jesús por fin logran captar la atención de Pedro: "Si no te lavó, no tienes parte conmigo" (Juan 13:8). Los pies sucios son un símbolo de la necesidad que tenemos de que Jesús muera en la cruz para limpiarnos de forma completa. La imagen del bautismo se une a la imagen de la cruz: en las aguas del bautismo Jesús lava nuestros pecados, y eso solo es posible porque el derramamiento de la sangre de Cristo es la forma que Dios ha provisto para la limpieza de nuestra culpa y de nuestro pecado.
Pedro, fiel a su carácter fogoso, vuelve a reaccionar de forma extrema: "Señor, entonces no solo los pies, sino también las manos y la cabeza" (Juan 13:9). Jesús simplemente le contesta que no se trata de lavarle los pies, las manos o todo el cuerpo: Él ha venido para lavarlo de una forma más profunda, para lavarlo de la culpa, y solo Él puede hacerlo.
Después de que Jesús se arrodillara ante cada uno de los discípulos, incluso de Judas, dejó aquella posición humilde, se sentó a la mesa, y volvió a tomar el papel de maestro. Les lanzó a los discípulos una pregunta, que Él mismo respondió: "¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y tenéis razón, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os lavé los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros" (Juan 13:12-15).
¿De qué forma se materializa este amor servicial? Mary Rutan cuenta que conoció a un siervo que puso en práctica lo que Jesús enseñó. Su iglesia en Alaska iba a hospedar a un grupo de misioneros, alojándolos con varias familias de la congregación. Pero justo antes de que llegara su invitado, toda la familia enfermó. Cuando alguien llamó a la puerta, el marido de Mary le explicó al visitante la situación, sugiriéndole que sería mejor que se hospedara en algún otro lugar. Entonces, con voz firme el hombre dijo: "¡Oh no! ¡Vosotros necesitáis que me quede!" Para sorpresa del marido de Mary, aquel hombre entró, dejó sus maletas, se arremangó, y se puso a fregar los platos. Un siervo no espera que le digan qué debe hacer, sino que observa con ojos atentos buscando oportunidades para cubrir las necesidades que hay a su alrededor.
Un siervo se preocupa más de las necesidades de los demás que de las suyas propias. Una vieja historia lo ilustra bien:
"Había dos hermanos que tenían un campo y un molino. Cada noche repartían entre sí de forma igual el grano que habían molido durante el día. Uno de ellos vivía solo; el otro estaba casado y tenía una gran familia. El que estaba soltero pensaba para sí mismo: 'No es justo que repartamos el grano en partes iguales. Yo solo tengo que cuidar de mí mismo, pero mi hermano tiene que dar de comer a su mujer e hijos'. Así que en secreto, cada noche llevaba parte de su grano al granero de su hermano. Pero el hermano que estaba casado se decía a sí mismo: 'No es justo que repartamos el grano en partes iguales, porque yo tengo hijos que trabajarán y cuidarán de mí cuando yo sea mayor. Pero, ¿qué hará mi hermano cuando sea mayor?'. Así que en secreto, cada noche llevaba parte de su grano al granero de su hermano. Como resultado, cada mañana los dos veían que el grano de su granero había aumentado de forma misteriosa." — Christian Century, 16 de diciembre de 1981.
El servicio implica sacrificio. Ser siervo significa morir a uno mismo. Eso es algo en contra de nuestra naturaleza, pues requiere que pensemos en los demás. Robert Bellah, en su estudio Habits of the Heart, dice que hoy en día somos alérgicos a conceptos como el sacrificio y la negación a uno mismo: "Dado que la única medida para analizar si algo es bueno es aquello que es bueno para uno mismo, lo que sea una carga para mí no puede formar parte del amor." Después de entrevistar a muchas personas, concluye: "A la gente le costaba explicar por qué acercarse a los demás podía suponer un riesgo: riesgo a experimentar el dolor, a la pérdida, o a tener que sacrificarse" (Robert Bellah, et al., Habits of the Heart, New York: Harper & Row, 1985, p. 109).
En el sentido bíblico, cualquier acción que aspire a ser un acto de servicio implicará algo de sacrificio por parte del que sirve: estar dispuesto a actuar sin esperar nada a cambio, interrumpir la rutina cómoda para cubrir la necesidad de alguien, o no esperar que los demás presten atención a las buenas acciones realizadas. Dicho de otro modo, el siervo es alguien que se centra en los demás, y no en uno mismo.
Después de lavarles los pies a sus discípulos, Jesús llega a la parte más importante de su discurso: "Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros" (Juan 13:34). Y a continuación hace una sorprendente declaración: "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos por los otros" (v. 35). Es como si Jesús se volviera para dirigirse a un auditorio imaginario compuesto por gente no creyente, diciéndole: "Os doy el derecho de juzgar si estos son mis discípulos, y lo que os servirá de señal es si hay entre ellos un amor visible". El filósofo alemán Friedrich Nietzsche retó a la Iglesia diciéndole: "Si queréis que crea en vuestro redentor, tenéis que vivir de forma que se vea que habéis sido redimidos."
📚 Lectura Recomendada
John R. W. Stott, Cristianismo básico, capítulos 9, 10 y 11 ("El costo", "La decisión", "Ser cristiano"), Ediciones Certeza, USA, 1977.
Esta Lección, elija a una persona con quien tenga una relación tensa o distante y realice un acto intencional de amor sacrificial hacia ella. Puede ser una llamada para pedir perdón, un acto de servicio inesperado, una carta de agradecimiento, o simplemente escuchar con paciencia. Ademas, busque una oportunidad cada día para servir a alguien sin que se lo pidan y sin esperar reconocimiento. Al final de la Lección, escriba en su diario como estas acciones afectaron tanto al receptor como a usted mismo.
El llamado del discípulo a defender la justicia bíblica y servir a los vulnerables
Que cada discípulo entienda que la justicia bíblica no es opcional para el creyente, sino una expresión esencial de la fe. Cuando el amor de Cristo se encuentra con el sufrimiento humano, el discípulo está llamado a actuar: liberando al oprimido, alimentando al hambriento y siendo voz de los que no tienen voz.
Muestre al grupo dos fotografías (pueden ser impresas o en una pantalla): una de una persona realizando caridad (entregando comida en un comedor) y otra de alguien abogando por un cambio sistémico (participando en una marcha pacífica por los derechos de los vulnerables). Pregunte: ¿Cuál de estas acciones es más importante? ¿Se puede tener una sin la otra? Permita un breve debate antes de introducir el tema de la justicia bíblica, que abarca ambas dimensiones.
A lo largo de toda la Escritura, Dios se revela como defensor de los pobres, las viudas, los huérfanos y los extranjeros. En el Antiguo Testamento, las leyes de Israel incluían provisiones específicas para los necesitados: la espiga dejada en los campos, el año de jubileo, la prohibición de cobrar interés a los pobres. Estas no eran sugerencias caritativas, sino mandamientos divinos que reflejaban el carácter de Dios mismo.
El profeta Isaías confrontó duramente a Israel porque practicaban un ayuno religioso vacío. Ayunaban, pero al mismo tiempo oprimían a sus trabajadores. Dios, a través de Isaías, declaró que el verdadero ayuno que Él había escogido era "desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo" (Isaías 58:6). La religión que ignora la injusticia es una religión falsa, no importa cuán elaborados sean sus rituales.
Esto desafía profundamente a la iglesia contemporánea. Es posible tener cultos de adoración hermosos, estudios bíblicos profundos y programas eclesiásticos impresionantes, y aun así fallar en lo que Dios considera esencial. Miqueas 6:8 resume lo que Dios requiere: "hacer justicia, amar misericordia, y caminar humildemente con tu Dios". La justicia no es un complemento opcional de la vida espiritual; es parte integral de lo que significa caminar con Dios.
En la parábola de las ovejas y los cabritos (Mateo 25:31-46), Jesús presenta una escena de juicio final que resulta impactante. El Rey separa a las naciones, y el criterio de separación no es la ortodoxia teológica ni la asistencia al templo, sino cómo trataron a "estos mis hermanos más pequeños". "Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; estuve enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí."
Lo más asombroso de esta enseñanza es la identificación de Jesús con los necesitados. Él no dijo simplemente "ayuden a los pobres porque es lo correcto". Dijo: "En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis" (Mateo 25:40). Cristo mismo está presente en el rostro del hambriento, del enfermo, del preso, del extranjero. Servir al necesitado es servir a Jesús. Ignorar al necesitado es ignorar a Jesús. Esta verdad transforma radicalmente nuestra motivación para la justicia.
Notemos también que los justos en esta parábola no estaban conscientes de haber servido a Cristo. Preguntaron: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento?" Su servicio no fue una estrategia religiosa calculada, sino la expresión natural de un corazón transformado. La justicia auténtica no busca reconocimiento ni se practica para acumular méritos espirituales. Fluye espontáneamente de quienes han sido tocados por la gracia de Dios y ven a cada ser humano como portador de la imagen divina.
Existe una diferencia importante entre caridad y justicia, aunque ambas son necesarias. La caridad responde a la necesidad inmediata: dar comida al hambriento, ropa al desnudo, techo al desamparado. La justicia pregunta: ¿por qué esta persona tiene hambre? ¿Qué estructuras, sistemas o decisiones han creado esta situación de vulnerabilidad? Y luego trabaja para cambiar esas condiciones. Un antiguo dicho ilustra esta distinción: "La caridad recoge al herido a la orilla del camino; la justicia pregunta por qué el camino está lleno de heridos."
La justicia bíblica va más allá de la compasión individual. Implica denunciar la opresión, abogar por leyes justas, defender los derechos de quienes no pueden defenderse por sí mismos. Los profetas del Antiguo Testamento no solo alimentaban a los pobres; confrontaban a los reyes y a los poderosos que causaban la pobreza. Amós clamó: "Corra el juicio como las aguas, y la justicia como arroyo impetuoso" (Amós 5:24). La fe bíblica nunca fue un asunto meramente privado y espiritual; siempre tuvo implicaciones públicas y sociales.
Como discípulos de Cristo en el siglo XXI, estamos llamados a ambas dimensiones. Debemos atender las necesidades inmediatas de quienes sufren a nuestro alrededor, pero también debemos preguntarnos qué podemos hacer para prevenir ese sufrimiento. Esto puede significar involucrarse en programas de educación, apoyar iniciativas comunitarias, ser mentores de jóvenes en riesgo, o simplemente usar nuestra influencia para hablar a favor de los que no tienen voz. La justicia bíblica es amor en acción a nivel estructural.
Isaías 58:6-7
"¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?"
Este pasaje se encuentra en el contexto de Israel preguntando a Dios por qué no responde a sus ayunos. Dios responde que sus ayunos son hipócritas: afligen sus cuerpos pero no cambian sus corazones ni sus acciones. El verdadero ayuno que agrada a Dios no es una práctica ritual sino una vida de justicia activa. Los verbos que Isaías usa son poderosos y concretos: "desatar", "soltar", "dejar ir libres", "romper", "partir", "albergar", "cubrir". Son acciones, no sentimientos. Dios no pide que los israelitas simplemente sientan compasión por los oprimidos, sino que actúen decisivamente para cambiar su situación. Este texto es un recordatorio permanente de que la espiritualidad auténtica siempre se traduce en justicia práctica.
En las Escrituras hay una sana tensión entre las obras hechas para salvación y las obras hechas como evidencia de la salvación. Está claro que no podemos ganar por nuestros propios méritos el derecho a presentarnos ante un Dios santo y perfecto. No obstante, también está claro que si no mostramos evidencias mediante actos de compasión de que tenemos un corazón cambiado, cualquiera podrá cuestionar nuestra salvación. En el siguiente pasaje Jesús no está diciendo que hemos de ganarnos la salvación, pero sí dice que seremos juzgados por esas obras que reflejan que tenemos una relación estrecha con Aquel que transforma vidas.
El tema económico es uno de los más tratados en las Escrituras; solo la idolatría lo supera en número de menciones. Solo en el Nuevo Testamento hay quinientos versículos —uno de cada dieciséis— que tratan cuestiones materiales. En los Evangelios Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) la proporción sube a uno de cada diez, y en el Evangelio de Lucas, que se centra más en las implicaciones físicas del Reino, llega a uno de cada siete. Entender la perspectiva bíblica sobre la pobreza y el uso de los recursos materiales es, por tanto, una parte esencial del discipulado. Después de todo, Jesús dijo: "Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón" (Mateo 6:21).
La Biblia identifica cuatro categorías de personas pobres. Primero, los pobres por elección personal y amor a la justicia: personas con el don de desprenderse de lo superfluo para vivir entregadas a Cristo identificándose con los necesitados, como los que Pablo describe dando "todos sus bienes para dar de comer a los pobres" (1ª Corintios 13:3) — la vida de la Madre Teresa de Calcuta es un ejemplo conocido. Segundo, los pobres a consecuencia de una catástrofe: un desastre natural puede arrebatar posesiones y medios de vida de un momento a otro, como le ocurrió a Job, "el más grande de todos los hijos de Oriente" (Job 1:3), que lo perdió todo repentinamente.
Tercero, los pobres a consecuencia del pecado o de la pereza: conductas como la embriaguez pueden costar el trabajo o la salud de las relaciones; Pablo reprende a los tesalonicenses que "andan desordenadamente, sin trabajar" diciéndoles: "si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma" (2ª Tesalonicenses 3:10-11). Cuarto, y la causa más extendida en el mundo: los pobres a consecuencia de la opresión ejercida por los poderosos. La mayoría de la gente pobre en el mundo lo es porque está bajo la explotación de quienes manipulan la política y la economía. La Biblia se refiere a este grupo con términos como necesitados, oprimidos, viudas, huérfanos y extranjeros: personas débiles que no pueden defenderse y a quienes los poderosos acechan como presa fácil.
En la Biblia, con frecuencia se equipara a los necesitados con los "inocentes" y los "justos". Amós 5:12 lo expresa con una construcción paralela: "Oprimís al justo, aceptáis soborno y rechazáis a los pobres en la puerta [los tribunales]." Hay una diferencia enorme entre la justicia bíblica y la justicia tal como la entiende nuestra cultura. Para nosotros, la justicia es "ciega": un juez neutral, sin sesgos, que aplica una ley impersonal por igual a todos. En Israel, en cambio, el papel del juez era proteger activamente al pobre frente al rico y al poderoso; la ley de Éxodo 23:6-8 ordenaba: "No pervertirás el derecho de tu hermano menesteroso en su pleito… no aceptarás soborno, porque el soborno ciega aún al de vista clara y pervierte las palabras del justo."
Al profeta Amós le preocupaba la subversión de ese sistema judicial: los ricos se habían apoderado de los tribunales y los usaban para enriquecerse aún más, mientras imponían fuertes impuestos sobre el pobre (Amós 5:10-11). Los arqueólogos han confirmado esa creciente desigualdad social en Israel: en los primeros asentamientos había un reparto igualitario entre familias, pero dos siglos más tarde ya existían casas grandes y ostentosas junto a construcciones muy pobres. Aquellos campesinos ya no eran dueños de su tierra, sino arrendatarios de terratenientes que les exigían tributos desmedidos. La pobreza que describe Amós no nace de la pereza, sino de una distribución injusta de la riqueza y del poder concentrado en pocas manos. John Perkins, un afroamericano de Mississippi, recordaba cómo de adolescente trabajó doce horas diarias para un agricultor blanco por apenas quince centavos, sabiendo que al último hombre negro que se había enfrentado a ese mismo agricultor lo habían arrastrado encadenado por la ciudad. Perkins concluyó: "la explotación y la opresión son las primeras causas de la pobreza" (John Perkins, Let Justice Roll Down, Ventura, Calif.: Regal, 1976, p. 47-48).
El teólogo Karl Barth lo resumió de forma provocadora: "Dios no es neutral cuando se trata de posicionarse a favor de los pobres o a favor de los ricos. El rico puede cuidarse de su futuro; Él está de parte del pobre… la Biblia está de parte del pobre y del destituido" (Karl Barth, "The Call to Discipleship", en Church Dogmatics, Edinburgh: T & T Clark, 1969, 4:543-55). La compasión de Dios se evidencia en que oye el clamor de los pobres y los libra de la opresión: Israel nació como un pueblo esclavizado, y Dios mismo declaró: "He visto la aflicción de mi pueblo… he escuchado su clamor… y he descendido para librarlos de la mano de los egipcios" (Éxodo 3:7-8). Por eso, después del éxodo, Dios ordenó a su pueblo no oprimir jamás al extranjero, "porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto" (Éxodo 22:21).
Dios muestra que está de parte del pobre haciendo justicia para redimir al oprimido y juzgar al opresor: "Haga él justicia a los afligidos del pueblo, y aplaste al opresor" (Salmo 72:1-2,4). Dios es el abogado defensor de los pobres: si nadie más levanta su voz por ellos, Él lo hará, tal como levantó a profetas como Amós, Isaías y Miqueas para denunciar la injusticia. Y cuando el pueblo seguía yendo al templo a adorar mientras toleraba la explotación, Dios rechazó su culto: "Aborrezco, desprecio vuestras fiestas… pero corra el juicio como las aguas y la justicia como una corriente inagotable" (Amós 5:21,24). La adoración sin justicia es, para Dios, un hedor abominable.
Conocer la actitud de Dios hacia los pobres nos llama a cuatro respuestas. Primero, arrepentirnos del desprecio que a veces sentimos hacia los pobres y de los prejuicios que disfrazan nuestro deseo de no sacrificar nuestro nivel de vida; la mayoría de nosotros tenemos lo que tenemos por el contexto en que nacimos, no por mérito propio. Segundo, identificarnos con los pobres y defenderlos, como hizo Jesús: nació en una provincia insignificante, sus primeros visitantes fueron pastores pobres, sus padres solo pudieron ofrecer dos tórtolas en su purificación, y él mismo dijo: "Las zorras tienen madrigueras… pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza" (Mateo 8:20). Tercero, llevar un estilo de vida compasivo, simplificando nuestros gastos y obedeciendo a Dios en dar generosamente —al menos el diez por ciento de nuestros ingresos— para la obra del Señor y las misiones. Cuarto, predicar el Evangelio a los pobres, tal como Jesús inauguró su ministerio citando a Isaías: "para anunciar el Evangelio a los pobres" (Lucas 4:18). A lo largo de la historia, y hoy mismo en América Latina, África y Asia —donde el Evangelio crece el doble que la población—, el mensaje ha encontrado su mejor recibimiento entre los pobres: "¿No escogió Dios a los pobres de este mundo para ser ricos en fe?" (Santiago 2:5).
El antiguo senador de Oregón Mark Hatfield, discípulo de Jesús, oró una vez en un desayuno presidencial: "Hoy, estamos aquí sentados como ricos y poderosos, pero te rogamos que nos ayudes a recordar que aquellos que siguen a Cristo se encontrarán con más frecuencia entre las minorías pobres, y no entre la mayoría acomodada." Como parte esencial de nuestro discipulado, estamos llamados a preocuparnos por lo que preocupaba a Jesús, y a estar donde él estaba: entre los pobres.
📚 Lectura Recomendada
John Perkins, Let Justice Roll Down (Ventura, Calif.: Regal, 1976), capítulo sobre la explotación y la opresión como causas de la pobreza.
Esta Lección, identifique una necesidad concreta en su comunidad y responda a ella con acción. Puede visitar a una persona enferma o anciana que esté sola, llevar provisiones a una familia necesitada, ofrecer su tiempo como voluntario en un comedor comunitario o un albergue, o investigar una organización local que trabaje por los vulnerables y considerar cómo apoyarla. Además, ore cada día de esta Lección por una situación de injusticia específica en el mundo, pidiendo a Dios que le muestre su papel en ser parte de la solución.
El poder del Espíritu Santo para hacer de cada creyente un testigo de Cristo
Que cada discípulo comprenda que ser testigo de Cristo no es una tarea reservada para evangelistas profesionales, sino el privilegio y la responsabilidad de todo creyente, capacitado por el Espíritu Santo para compartir las buenas nuevas con naturalidad y poder, comenzando con las personas más cercanas.
Pida al grupo que imagine la siguiente situacion: acaban de presenciar un accidente de transito y son llamados como testigos en un juicio. ¿Qué se espera de un testigo? (Que diga lo que vio, que sea honesto, que hable de su experiencia directa.) Ahora pregunte: ¿En qué se parece esto a ser un testigo de Cristo? Guíe la conversación hacia la idea de que un testigo no necesita ser un experto en leyes; simplemente necesita contar lo que ha visto y experimentado. De la misma forma, ser testigo de Jesús no requiere un título en teología, sino haber tenido un encuentro personal con El.
Las ultimás palabras de Jesús antes de ascender al cielo no fueron un discurso teologico, sino una promesa y una comision: "Recibireis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me sereis testigos en Jerusalen, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo ultimo de la tierra" (Hechos 1:8). Note el orden: primero el poder, luego el testimonio. Jesús no envio a sus discípulos a testificar con sus propias fuerzas. Les prometio un recurso sobrenatural.
La palabra griega para "poder" es dynamis, de donde viene nuestra palabra "dinamita". El Espíritu Santo no nos da apenas un empujon suave, sino una fuerza transformadora. Los mismos discípulos que se escondieron por miedo después de la crucifixión, tras recibir el Espíritu Santo en Pentecostes, predicaron con tal audacia que tres mil personas se convirtieron en un solo día. No fue su elocuencia ni su preparación académica lo que produjo ese resultado, sino el poder del Espíritu obrando a través de ellos.
Esta misma promesa es para nosotros hoy. Muchos cristianos sienten temor de compartir su fe porque piensan que no saben lo suficiente, que no son lo suficientemente elocuentes, o que seran rechazados. Pero Jesús no nos pidio que convencieramos al mundo con argumentos brillantes. Nos pidio que fueramos testigos, y nos prometio su Espíritu para capacitarnos. Nuestra responsabilidad es estar disponibles y ser obedientes; la responsabilidad de convencer los corazónes es del Espíritu Santo.
Juan 4 nos ofrece uno de los ejemplos más hermosos de como Jesús compartia las buenas nuevas. En su camino a Galilea, Jesús eligio pasar por Samaria, algo que la mayoría de los judíos evitaba. Alli, junto al pozo de Jacob, se encontró con una mujer samaritana. En esta conversación, Jesús cruzó al menos tres barreras enormes: la barrera de genero (un rabi no hablaba en publico con una mujer), la barrera etnica (los judíos despreciaban a los samaritanos), y la barrera moral (esta mujer tenía un pasado complicado).
Observemos la estrategia de Jesús. No comenzo con un sermon ni con una condena. Comenzo con una necesidad fisica: "Dame de beber." Esto creo un puente de conexion humana. Luego, con habilidad y ternura, guio la conversación de lo físico a lo espiritual: "El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás." Cuando la mujer mostró interés, Jesús no evitó las áreas difíciles de su vida, pero las abordó con gracia, no con juicio. El resultado fue que la mujer no solo creyo, sino que corrio a su pueblo a contar lo que había experimentado.
De este encuentro aprendemos principios invaluables para nuestro testimonio. Primero, debemos estar dispuestos a cruzar barreras sociales y culturales. Segundo, debemos comenzar donde la persona está, con sus necesidades y preguntas reales. Tercero, debemos guiar la conversación con sensibilidad hacia las verdades espirituales. Cuarto, no debemos temer abordar las áreas difíciles, pero siempre con gracia. Y quinto, cuando una persona tiene un encuentro genuino con Jesús, se convierte naturalmente en testigo ante los demas.
La palabra griega para "testigo" es martys, de donde viene nuestra palabra "martir". Un testigo es alguien que declara lo que ha visto y experimentado, aun a costa de su propia vida. En el contexto del evangelismo, esto significa que nuestro testimonio más poderoso no es un argumento filosofico, sino nuestra historia personal: lo que eramos antes de conocer a Cristo, como lo encontramos, y como ha transformado nuestra vida. Nadie puede refutar tu experiencia personal.
El evangelismo más efectivo ocurre en el contexto de relaciones autenticas. Las estadisticas muestran consistentemente que la gran mayoría de las personas que llegan a la fe lo hacen a través de la influencia de un amigo o familiar. Esto significa que nuestro campo misionero más importante no está al otro lado del mundo, sino en nuestra mesa de comedor, en nuestro lugar de trabajo, en nuestro vecindario. Jesús lo expreso geograficamente: "Jerusalen" primero (los más cercanos), luego Judea (la region), Samaria (los diferentes), y lo ultimo de la tierra.
Compartir la fe con amigos requiere dos ingredientes fundamentales: una vida que respalde nuestras palabras y una disposición a hablar en el momento oportuno. Pedro lo expreso perfectamente: "Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros" (1 Pedro 3:15). Note que Pedro asume que la gente preguntara. Cuando vivimos una vida transformada, la gente nota la diferencia y quiere saber por que. Nuestro trabajo es vivir de tal manera que provoquemos preguntas, y estar preparados para responder con amor cuando esas preguntas lleguen.
Hechos 1:8
"Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra."
Este versículo funciona como el programa narrativo de todo el libro de Hechos. Jesús está respondiendo a la pregunta de los discípulos sobre la restauración del reino a Israel, redirigiendo su atención de la política a la misión. La estructura geográfica "Jerusalén, Judea, Samaria, lo último de la tierra" no es solo un itinerario misionero, sino una expansión progresiva que rompe todas las barreras: de la ciudad santa a la provincia, de la provincia a los enemigos históricos (Samaria), y de allí al mundo entero. La frase "me seréis testigos" usa el futuro indicativo, no el imperativo: no es tanto un mandato como una declaración profética. Cuando el Espíritu viene, testificar es la consecuencia inevitable. No se trata de hacer sino de ser: seréis testigos.
El relato del encuentro de Jesús con la mujer samaritana nos sirve de modelo para saber cómo transmitir nuestra fe. Veamos cómo Jesús despierta el interés de la mujer, con el objetivo último de revelarle su identidad.
¿Hay algo que nos produzca más ansiedad que la presión que sentimos al saber que estamos llamados a dar testimonio? Rebeca Manley Pippert describe bien esta sensación en su libro Fuera del salero para servir al mundo. Ella luchaba con una visión errónea de la evangelización: pensaba que testificar significaba "atrapar a una víctima y forzarla a escuchar de Jesús". Con esa imagen en mente, escribió: "Como consecuencia de esta forma de pensar, postergaba cuanto podía el dar testimonio. Cada vez que la culpa se volvía insoportable, me lanzaba sobre algún escéptico desprevenido y lo sometía a un monólogo sin interrupción, para luego desaparecer pensando: ¡Uf, ya está!"1
Para ser testigos eficaces hemos de reducir nuestros miedos. ¿No estamos convencidos de que tenemos las mejores noticias del mundo? Contra la autenticidad no hay nada peor que el miedo y la ansiedad. El testimonio más eficaz tiene lugar en el contexto de relaciones auténticas construidas con el tiempo, y no en la presión de "vomitar" el Evangelio sobre cualquier persona con tal de acallar un sentimiento de culpa. En Juan 1:35-42 encontramos seis principios que nos ayudan a reducir nuestros miedos y a dar testimonio con mayor libertad, en el contexto de las relaciones personales.
Nuestros miedos se acentúan cuando tememos que lo que digamos nos afecte negativamente. Si estamos demasiado preocupados por lo que la gente piensa de nosotros, quedamos atados de pies y manos. Juan el Bautista es el modelo opuesto: no le preocupaba su propia reputación, sino la de Jesús. "Al día siguiente Juan estaba otra vez allí con dos de sus discípulos, y vio a Jesús que pasaba, y dijo: 'He ahí el Cordero de Dios'. Y los dos discípulos le oyeron hablar y siguieron a Jesús" (Juan 1:35-37).
Ponernos en segundo lugar es difícil, sobre todo si estábamos en el primero. Juan tenía su propio grupo de seguidores, y con gusto animó a sus discípulos a seguir a alguien que lo eclipsaba. El orgullo es por naturaleza competitivo; a nuestro corazón no le resulta natural exaltar a otro y reducir nuestra propia importancia. Jim Elliot definió el testimonio como "un grupo de donnadies que intenta exaltar al que es Alguien". Thomas Merton lo expresó así: "Cuando la humildad libra a una persona de estar atada a sus acciones y su reputación, ésta descubre que el verdadero gozo solamente se encuentra cuando nos olvidamos por completo de nosotros mismos."2 La humildad reduce nuestros miedos, porque deja de importarnos tanto lo que la gente piense de nosotros.
Los dos discípulos que dejaron a Juan para seguir a Jesús ya estaban preparados, al final de un largo proceso, para reconocer al Cordero de Dios. Nunca vemos en el texto a todas las personas y circunstancias que el Espíritu usó a lo largo de ese proceso. Piensa en la conversión como un camino que va del uno al cien: es muy probable que nosotros solo seamos cinco de esos cien puntos. Puede que seamos la persona que ayude a alguien a deshacerse de estereotipos negativos sobre los cristianos, sin que lleguemos a ver nunca el fruto final de esa decisión.
La ansiedad empieza cuando creemos que tenemos que ser nosotros quienes lleven a la persona del punto uno al cien: plantar la semilla, regarla y segarla, todo a la vez. Ni siquiera Pablo se puso esa presión: "Yo planté, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. Así que ni el que planta ni el que riega es algo, sino Dios que da el crecimiento" (1ª Corintios 3:6-7). Simplemente pidamos a Dios que nos use para ayudar a cada persona que conocemos a dar un paso más en su camino hacia la conversión.
"Jesús se volvió, y viendo que le seguían [los dos discípulos], les dijo: '¿Qué buscáis?'" (Juan 1:38). Jesús era un maestro haciendo preguntas que servían para descubrir el corazón de las personas. Decirle a la gente algo que no espera oír hace que se ponga a la defensiva; pero las preguntas hechas con compasión son como el caballo de Troya que logró adentrarse en la ciudad. El Espíritu Santo puede usar las preguntas para abrir un corazón y despertar el deseo de investigar más.
Si nuestro testimonio consistiera, sobre todo, en escuchar con amor y atender las necesidades de quienes nos rodean, habría un sinfín de oportunidades de hablar de Cristo. Si miramos solo la superficie, la gente no parece tener mucha sed espiritual, pero esa sed se esconde justo debajo. Si escuchamos con atención las preocupaciones y dudas de las personas -sobre el trabajo, sobre cómo educar a sus hijos- empezaremos a entrar debajo de la superficie, y nuestro mensaje de esperanza será relevante para esas necesidades.
"A veces ese vaso de agua fría resulta ser una taza de café caliente, y lo que se nos pide es que la ofrezcamos… y que escuchemos. […] Los activistas afanados olvidan que el simple hecho de escuchar es un acto de compasión. Los discípulos apasionados olvidan que el simple hecho de escuchar es un acto de fidelidad. […] quizá deberíamos leer de nuevo las instrucciones, sentarnos en torno a una taza de café caliente y escuchar, en su Nombre." — "Agua fría, café caliente" (poema anónimo)
A la pregunta de Jesús, los dos discípulos respondieron con una pregunta que reflejaba lo que buscaban: "Rabí (que traducido quiere decir, Maestro), ¿dónde te hospedas?" Él les dijo: "Venid y veréis." Entonces fueron y vieron dónde se hospedaba; y se quedaron con Él aquel día" (Juan 1:38-39). No se conformaron con un encuentro casual y una breve conversación en la calle; quisieron pasar tiempo con Jesús y comprobar si era verdad lo que decían de Él.
Con el tiempo, cualquier búsqueda espiritual genuina debe llevar a investigar la persona de Jesús. Cada pasaje del Evangelio de Juan nos lleva a preguntarnos: "¿Quién se cree este Jesús?". Para mucha gente, Jesús es tan solo otro alto en el camino de la vida; creen que lo que importa es la búsqueda, no el destino. Pero cuando entendemos quién es Jesús, sabemos que Él no es un alto más en el camino: es el punto en el que la búsqueda termina. Retemos a la gente a leer Juan o Marcos, y luego preguntémosles: "¿Qué te ha parecido este personaje? ¿Qué piensas de Él?". En última instancia, esa es la pregunta clave.
El testimonio bien vivido contagia gozo. Andrés, el hermano de Pedro, es un buen ejemplo de alguien que compartía su fe con sus amigos; para él, ser testigo era algo natural. "Él encontró primero a su hermano Simón, y le dijo: 'Hemos hallado al Mesías (que traducido quiere decir, Cristo)'" (Juan 1:40-41). Andrés no podía ocultar el gozo que le producía su descubrimiento; tenía que contarle a su hermano a quién había encontrado.
Sheldon Vanauken describió uno de los primeros momentos que lo llevaron, a él y a su esposa Davy, a considerar seguir a Cristo: la calidad de un pequeño grupo de cinco cristianos, sus mejores amigos en la Universidad de Oxford. Escribió: "Fueron nuestros primeros amigos, buenos amigos… Pero nos habían caído tan bien que se lo perdonamos… aquellos amigos nuestros eran inteligentes, ingeniosos, divertidos, considerados, ¡y cristianos!"3 A la hora de transmitir nuestra fe a nuestros amigos, no hay nada como el gozo contagioso.
Si somos conscientes de que Jesús nos ayuda a ser la persona que Dios diseñó originalmente, sabremos que le estamos ofreciendo a nuestros amigos el mejor de todos los regalos. Pedro descubrió su potencial en su primer encuentro con Cristo: "[Andrés] trajo [a su hermano] a Jesús. Jesús mirándolo, dijo: 'Tú eres Simón, hijo de Juan; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)'" (Juan 1:42). "Cefas" significa "roca" -la última palabra que alguien habría usado para describir a un hombre impulsivo e inestable como Simón. Pero Jesús "miró" su corazón, no lo que era en ese momento, sino la persona que podía llegar a ser. Lo mejor de nosotros está en Jesús.
Cuando le hablamos a alguien de Jesús, le estamos dando la oportunidad de descubrir el potencial que le espera en Él. Si te resulta difícil dar testimonio de Jesús, que estos seis principios te ayuden a soltar cualquier sentimiento de culpa o inadecuación -esos sentimientos que dicen que tú no puedes hacerlo- y a ver el testimonio como un privilegio gozoso. Entonces, de una forma relajada y cariñosa, Jesús se dará a conocer a través de ti.
1 Rebeca Manley Pippert, Fuera del salero para
servir al mundo (Buenos Aires, Argentina: Ediciones Certeza, 2004), p. 16.
2 Thomas Merton, citado en Tim Hansel, Through the Wilderness of Loneliness (Elgin, Ill.: David C.
Cook, 1991), p. 123.
3 Sheldon Vanauken, A Severe Mercy (New York: Harper & Row, 1977), p. 77.
Dedique un tiempo, en clase o como tarea, a que cada discípulo escriba su propia historia -su testimonio personal-. Antes de empezar, pídales que contesten estas tres preguntas como esqueleto de su relato:
Esta estructura de tres partes -antes, encuentro, después- es la misma que usó Pablo al contar su testimonio ante el rey Agripa (Hechos 26:4-23), y es fácilmente transferible a una conversación de tres minutos con cualquier amigo.
📚 Lectura Recomendada
Pippert, Rebeca Manley. Fuera del salero para servir al mundo (Buenos Aires, Argentina: Ediciones Certeza, 2004).
Escriba su testimonio personal en una hoja: su vida antes de Cristo, como lo encontro, y como ha cambiado su vida. Practique contarlo en tres minutos o menos. Luego, ore cada día por tres personas no creyentes de su entorno cercano, pidiéndole a Dios oportunidades para compartir su fe con ellas. Si surge una oportunidad natural esta Lección, sea obediente y comparta lo que Cristo ha hecho en su vida, confiando en el poder del Espíritu Santo.
Lecciones 20–24 • La Iglesia, los dones, la batalla espiritual, la obediencia y la multiplicación
La Iglesia como Cuerpo vivo de Cristo donde cada miembro es esencial
Que cada discípulo comprenda que la Iglesia no es un edificio ni una organización humana, sino un organismo vivo: el Cuerpo de Cristo en la tierra. Cada creyente es un miembro indispensable de ese Cuerpo, y la salud de la Iglesia depende de que todos cumplan su función con fidelidad.
Invite al grupo a realizar un ejercicio: pida a un voluntario que intente atarse los zapatos usando solo una mano. Luego pida a otro que intente aplaudir con una sola mano. Finalmente, pida a alguien que camine con un pie sin tocar el suelo. Después de las risas, pregunte: ¿Qué nos enseña esto sobre como funciona un cuerpo? ¿Qué sucede cuando una parte falta o no coopera? Use esta actividad como puente para hablar de la Iglesia como el Cuerpo de Cristo.
Cuando la mayoría de la gente piensa en "la iglesia", piensa en un edificio, una denominacion o una reunion dominical. Pero en el Nuevo Testamento, la Iglesia es algo radicalmente diferente. Pablo usa la metáfora del cuerpo humano para describir la realidad espiritual más profunda: la Iglesia es el Cuerpo de Cristo. No es una organización que Cristo fundo y luego dejó para que funcionara por si sola. Es un organismo vivo a través del cual Cristo continúa su obra en el mundo.
Un organismo y una organización son cosas muy diferentes. Una organización puede funcionar mecanicamente: se siguen protocolos, se cumplen horarios, se llenan reportes. Pero un organismo vive, crece, se reproduce, se sana y responde a su cabeza. La Iglesia tiene a Cristo como cabeza (Efesios 1:22-23), y cada miembro está conectado a El y entre si por medio del Espíritu Santo. Asi como la vida fluye de la cabeza a cada parte del cuerpo, la vida de Cristo fluye a cada creyente y a través de cada creyente hacia el mundo.
Esta verdad tiene implicaciones profundas. Significa que la Iglesia no es un lugar al que "vamos" los domingos, sino algo que "somos" los siete dias de la Lección. Somos la presencia visible de Cristo en la tierra. Sus manos son nuestras manos; sus pies son nuestros pies. Cuando nos reunimos, no estamos simplemente asistiendo a un evento religioso, sino manifestando la realidad del Cristo resucitado que vive en medio de su pueblo. Esto eleva infinitamente el valor de la comunidad cristiana y nuestra participacion en ella.
Pablo hace una afirmacion sorprendente en 1 Corintios 12: "El ojo no puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros." En la iglesia de Corinto, algunos miembros se sentían superiores por tener dones más visibles, mientras otros se sentían insignificantes. Pablo corrige ambas actitudes. No hay miembros de primera y segunda clase en el Cuerpo de Cristo. Cada uno tiene una función disenada por Dios, y ninguna función es prescindible.
Es más, Pablo dice algo contra-intuitivo: "Los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios" (1 Corintios 12:22). En el cuerpo humano, los organos internos no se ven, pero sin ellos morimos. Del mismo modo, en la Iglesia, las personas que sirven detras del escenario, los que oran en silencio, los que animan con una palabra, los que limpian después de la reunion, son tan vitales como el pastor que predica o el musico que dirige la adoración. Dios no mide la importancia por la visibilidad.
Esto significa que cuando un miembro se ausenta, todo el cuerpo lo siente. Cuando un creyente decide que no necesita a la iglesia y se aísla, no solo se perjudica a sí mismo, sino que priva al cuerpo de la función única que Dios le asigno. Igualmente, cuando la iglesia margina o ignora a ciertos miembros por considerarlos menos importantes, está mutilando el Cuerpo de Cristo. La salud del cuerpo requiere que cada parte este activa, conectada y funcionando segun el diseño de Dios.
"Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu" (1 Corintios 12:13). La unidad de la Iglesia no es uniformidad. No somos un cuerpo porque seamos iguales, sino porque compartimos el mismo Espíritu. La diversidad no es un problema que resolver, sino un diseño divino que celebrar. Un cuerpo compuesto solo de ojos no podría caminar; uno compuesto solo de oídos no podría ver.
En la iglesia primitiva, esta unidad en medio de la diversidad fue algo revolucionario. Judíos y gentiles, amos y esclavos, hombres y mujeres, ricos y pobres, todos se sentaban a la misma mesa, compartian el mismo pan, y se llamaban hermanos. Esto no existia en ninguna otra institucion del mundo antiguo. La Iglesia era, literalmente, una nueva humanidad creada por Dios donde las barreras que dividian al mundo habian sido derribadas por la cruz de Cristo.
Hoy seguimos siendo llamados a vivir esta realidad. En un mundo cada vez más polarizado, donde la gente se agrupa con los que piensan igual y demoniza a los diferentes, la Iglesia debe ser un lugar donde personas de diferentes edades, culturas, trasfondos sociales y personalidades se aman y se sirven mutuamente. Esta diversidad unida no solo es hermosa, sino funcional: el cuerpo necesita diferentes tipos de miembros para funcionar bien. Cuando abrazamos la diversidad como regalo de Dios en lugar de verla como amenaza, la Iglesia se fortalece y su testimonio ante el mundo se hace irresistible.
1ª Corintios 12:12-13
"Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu."
Pablo escribe a una iglesia plagada de divisiones: facciones, pleitos, competencia por dones espirituales, y abusos en la Cena del Señor. En este contexto, la metáfora del cuerpo es tanto descriptiva como correctiva. Notemos que Pablo no dice "así también la Iglesia" sino "así también Cristo". La Iglesia no es meramente como un cuerpo; la Iglesia es Cristo manifestado corporativamente. El bautismo del Espíritu no es una segunda experiencia post-conversión, sino el acto por el cual el Espíritu incorpora a cada creyente al Cuerpo en el momento de la fe. Las categorías que dividían al mundo antiguo (etnia: judíos/griegos; clase social: esclavos/libres) quedan abolidas en este nuevo cuerpo. La unidad no se logra por esfuerzo humano sino que es obra del Espíritu: "por un solo Espíritu... a todos se nos dio a beber."
En este pasaje Pablo juega con la imagen de la Iglesia, presentándola como el Cuerpo de Cristo. Así, de forma ilustrativa, describe una conversación entre diferentes partes del cuerpo. Invite a un voluntario a leer el pasaje completo en voz alta antes de responder las siguientes preguntas.
El Cuerpo de Cristo es la imagen bíblica más usada para describir a la Iglesia. En total, en el Nuevo Testamento se han encontrado noventa y nueve imágenes que expresan varios aspectos y perspectivas del lugar que la Iglesia ocupa en el plan de Dios, pero la que predomina, y la que verdaderamente define quiénes somos, es la imagen del Cuerpo de Cristo. Y gracias a esa imagen entendemos que la Iglesia es un organismo vivo.
El apóstol Pablo con mucho ingenio escogió la imagen del cuerpo humano para transmitir la armonía con la que la Iglesia debe funcionar. Podemos ver el cuerpo humano desde dos perspectivas diferentes. Primero vemos que el cuerpo es un conjunto funcional cuyas partes están bajo la coordinación de la cabeza. Pero si lo miramos más de cerca veremos que ese conjunto está compuesto de diversas partes, todas con una función distinta, única. Las manos están hechas para agarrar, los ojos para ver, los pies para caminar, y así sucesivamente. El cuerpo es el prototipo de la unidad y la diversidad.
Pablo usa la analogía del cuerpo humano para explicar la relación de Cristo con la Iglesia de una forma verdaderamente sorprendente. Fíjate en la conclusión del versículo 12:12: "Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo, así también es Cristo." ¿Es así como pensabas que acabaría el versículo? Lo más normal hubiera sido que Pablo hubiera escrito: "Así también es la Iglesia." De hecho, muchas veces nuestra tendencia es ignorar las palabras de Pablo y leer directamente lo que nuestra mente lee: "Seguro que lo que Pablo está diciendo es que la Iglesia es como el cuerpo humano, formado por diversas partes que están coordinadas por la cabeza." ¡Pero Pablo está diciendo mucho más! Para Pablo, "el Cuerpo de Cristo" no es solo una metáfora o una buena ilustración, sino que apunta a una gran verdad: Jesús habita en los miembros de su pueblo y les da su vida.
Dicho de otra forma, la Iglesia no es una organización humana que ha acordado mantener viva la memoria de una gran figura histórica. La Iglesia es un organismo divino que de forma mística está fusionado a Cristo, quien está vivo y reina, y que continúa revelándose a su pueblo. Ray Stedman lo explica de la siguiente manera:
"La vida de Cristo aún está en medio de nosotros, pero ya no a través de su cuerpo físico, limitado por el espacio, sino a través de un cuerpo colectivo y complejo llamado la Iglesia." — Ray Stedman, Body Life (Glendale, Calif.: Regal, 1972), p. 37.
Pablo entendía la Iglesia como un organismo desde que tuvo su primer encuentro con Cristo. Saulo, el fanático protector de la ley hebrea, iba de camino a Damasco, después de recibir la autoridad de arrestar a los cristianos y llevarlos a Jerusalén, pero sus planes se alteraron de forma dramática. En el cielo apareció una luz que le cegó, y, al caer a tierra, oyó una voz que decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" Saulo respondió: "¿Quién eres, Señor?" La voz celestial dijo: "Yo soy Jesús, a quien tú persigues" (Hechos 9:4-6). Pero... ¡si Pablo no estaba persiguiendo a Jesús! ¡Tan solo estaba persiguiendo a aquellos que decían ser sus discípulos!
¿Qué nos dice este incidente sobre la relación entre Jesús y sus seguidores? Jesús vive en ellos. Si tocas a un cristiano, estás tocando a Cristo. Los cristianos son un pueblo sacramental. Los sacramentos son un medio de gracia, símbolos que misteriosamente llevan la presencia de Cristo y a través de los cuales los creyentes se encuentran con Cristo. Thomas Oden resume cuál es la relación de Cristo con la Iglesia:
"El cristianismo es una fe única porque se entiende a sí mismo como una comunidad que continúa existiendo a través del Cristo vivo... Su singularidad está en su particular relación con su fundador... La única base de la realidad presente de la Iglesia sigue siendo la presencia del Señor resucitado. Jesús no es solo alguien que fundó una comunidad, y luego la abandonó, sino que es alguien que está presente para la comunidad ahora y en todos los periodos de la Historia como la esencia vital de la Iglesia." — Thomas Oden, Agenda for Theology (San Francisco: Harper & Row, 1979), p. 117-18.
La Iglesia depende de forma absoluta de su Cabeza, Jesucristo. Max Thurian capta muy bien tanto la relación de Cristo con la Iglesia, como nuestra relación con Cristo: "Jesús no hace nada sin contar con la Iglesia, y la Iglesia no puede hacer nada separada de Cristo" (Max Thurian, citado en Arnold Bittlinger, Gifts & Graces: A Commentary on 1 Corinthians 12-14, Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1967). La naturaleza de la relación de la Iglesia con Cristo queda implícita en Efesios 1:22, que dice que Jesús es "para la Iglesia lo que la Cabeza sobre todas las cosas."
En la Biblia, la palabra "cabeza" tiene dos significados: "fuente de vida" y "autoridad última". En nuestra sociedad, la palabra "cabeza" se asocia con la autoridad, con la persona que está al mando, pero la palabra original en griego también tenía la acepción de "fuente" u "origen". Si tenemos en mente este significado, entonces el uso que Pablo hace del término "cabeza" en Efesios 4:15 y 16 tiene mucho más sentido: "Sino que hablando la verdad en amor, crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la Cabeza, es decir, Cristo, de quien todo el cuerpo (estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen), conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor."
Pablo ha exhortado a los efesios a que "sean maduros", a que alcancen "la estatura de la plenitud de Cristo", a que "ya no sean niños". Pablo les recuerda a los efesios que la única forma de llegar a ser maduros espiritualmente es reconocer que dependen de la vida que Jesús les da, y que su objetivo es llegar a ser como Él. Eso es lo que significa crecer en la Cabeza, crecer en Cristo, y por Cristo.
En segundo lugar, si decimos que Jesús es la Cabeza eso también significa que la Iglesia está bajo su autoridad. La relación de la Iglesia con Cristo significa aceptar en obediencia y cumplir con fidelidad la función concreta que Dios nos ha asignado a cada uno de nosotros a través del Espíritu Santo. La confesión básica de la Iglesia es "Jesús es Señor" (1ª Corintios 12:3), pero eso es mucho más que la simple verbalización de un credo. Pablo quiere que esta verdad sea llevada a la práctica.
Si Jesús es la Cabeza, Él es quien organiza la vida del Cuerpo. Cada miembro está directamente conectado con la cabeza y, por tanto, recibe señales de la cabeza. Veamos cómo lo explica Paul Stevens:
"Hay una conexión viva y directa entre la cabeza y cada uno de los miembros del cuerpo... En el Nuevo Testamento no hay ningún líder que reciba el nombre de cabeza de una iglesia local. Ese título está reservado para Jesús. La cabeza no le dice a la mano que le diga al pie lo que tiene que hacer. La cabeza está directamente conectada con el pie. Por tanto, la gente no encuentra su ministerio bajo la dirección de los líderes, sino a través de la motivación y los medios... que recibe directamente de la cabeza." — R. Paul Stevens, Liberating the Laity (Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press, 1985), p. 36.
La Iglesia funciona como un organismo cuando aquellos que forman el Cuerpo de Cristo buscan en obediencia desarrollar la función que Dios les ha asignado. Volvamos a la analogía del cuerpo humano para entender la manera en que la Iglesia puede funcionar como organismo vivo. El cuerpo humano funciona perfectamente cuando cada parte lleva a cabo la función para la que fue diseñada originalmente. El centro de operaciones, la cabeza, envía las señales a través del sistema nervioso, que activa las diferentes partes del cuerpo. Esas partes del cuerpo no tienen voluntad propia. Los pies y las manos, por ejemplo, solo funcionan como respuesta a las órdenes que vienen de la cabeza. Si la mano pudiera actuar de forma independiente, habría un caos en el cuerpo. Cuando las personas del Cuerpo se comprometen delante de la Cabeza a descubrir y a ejercer la función que les ha sido dada, la Iglesia se convierte en un organismo vivo.
Nos necesitamos los unos a los otros. Según la imagen del cuerpo, todas las partes son interdependientes y necesarias para la buena salud del todo. Robert Banks dice: "Dios ha repartido las tareas de tal forma que la involucración de cada persona con su aportación especial es necesaria para el buen funcionamiento de la comunidad" (Robert Banks, Paul's Idea of Community, Peabody, Mass.: Hendrickson, 1994, p. 64). En 1ª Corintios 12 vemos que todos los miembros tienen valor. Dios, en su sabiduría, no nos hizo completos ni independientes, ni nos dio todos los talentos. Nos hizo de tal modo que nos necesitamos los unos a los otros, porque cada uno de nosotros aporta algo de valor. No somos autosuficientes.
Cuando olvidamos esta verdad, el cuerpo deja de funcionar según el diseño original. Pablo identifica dos actitudes que obstaculizan el buen funcionamiento del cuerpo.
La primera es la actitud de inferioridad o falta de amor propio. Para plasmar esa idea Pablo da personalidad a algunas partes del cuerpo, y recoge una conversación entre ellas. Las extremidades son las que hablan primero: "Si el pie dijera: 'Porque no soy mano, no soy parte del cuerpo', no por eso deja de ser parte del cuerpo." Y a continuación, los que se ponen a "combatir" son los sentidos: "Y si el oído dijera: 'Porque no soy ojo, no soy parte del cuerpo', no por eso deja de ser parte del cuerpo" (1ª Corintios 12:15-16).
Los corintios sufrían de la misma enfermedad que nosotros. Daban más importancia a unos dones que a otros. La Iglesia de hoy está enferma, en parte, porque ha dado tanto valor a la predicación que creemos que no hay otro don que esté a su nivel. Veamos lo que decía Martín Lutero sobre la importancia del predicador dentro del Cuerpo de Cristo: "Un predicador cristiano es un ministro de Dios que es apartado, sí, es un ángel de Dios, un obispo enviado por Dios, un salvador de muchos, un rey y un príncipe del reino de Cristo y entre el pueblo de Dios, un maestro, una luz para el mundo. No hay nada más precioso y más noble sobre la tierra y en esta vida que un predicador fiel y verdadero" (Martín Lutero, citado en H. Richard Niebuhr y Daniel D. Williams, ed., The Ministry in Historical Perspectives, San Francisco: Harper & Row, 1983, p. 115).
Cuando se hace una jerarquía o gradación de dones en el Cuerpo, ocurren dos cosas. Comparamos nuestros dones con los de los demás y nos consideramos deficientes. Y entramos en la rueda odiosa de las comparaciones: "Si tan solo pudiera ser como éste o aquel, entonces mi trabajo sería más importante y yo tendría más valor." Cuando envidiamos, aunque sea en secreto, los dones de los demás, nos denigramos a nosotros mismos y la forma en la que Dios nos ha diseñado. El Señor quiere que pensemos lo siguiente:
"Cristo nos hace a cada uno de nosotros de forma diferente a cualquier otra cosa creada; algo hermoso, emocionante, único; algo que será necesario en el Cuerpo de Cristo. Esa singularidad, ese ser tan difícil de explicar, esa persona carismática es el don del Espíritu Santo. Ése es el principal don que aportamos al Cuerpo, y sin él, el Cuerpo queda inmensamente empobrecido." — Gordon Cosby, Handbook for Mission Groups (Waco, Tex.: Word, 1975), p. 72.
Copiamos a aquellos que admiramos. En lugar de ser nosotros mismos, imitamos a otros y no somos esa creación única que Dios ha hecho.
Un día alguien encontró un huevo de águila. Como no vio el nido del que había caído, lo puso en el nido de una gallina. Después de un tiempo, el aguilucho, pensando que él era un polluelo, se dispuso a hacer lo que los polluelos hacían: removía la tierra en busca de semillas e insectos, cacareaba como las gallinas, y cuando volaba solo se alejaba del suelo unos cuantos metros.
Un día el águila vio un ave espléndida que volaba muy alto, planeando de forma majestuosa. "¡Qué ave más bella!", dijo el ave a los demás pollos. "¿Qué ave es?" "Es un águila", le contestaron, "la reina de todas las aves. Pero no te engañes. Nunca podrás ser como ella." Como no sabía que era un águila, siguió imitando a los pollos y nunca se elevó a las alturas a las que podría haber llegado.
Imitar a los demás es un pecado contra nosotros mismos y contra Dios. Fue el Señor quien nos diseñó tal como somos para que aportáramos algo especial y necesario al Cuerpo de Cristo: "Todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, distribuyendo individualmente a cada uno según la voluntad de Él" (1ª Corintios 12:11). Copiar lo que hacen los demás es ser tan solo una pálida imagen de ti mismo y perder de vista la forma única en la que Dios te ha creado. Eres necesario tal como eres.
La segunda actitud negativa es infravalorar a otros miembros del Cuerpo porque nos sentimos superiores. En el versículo 21 Pablo ve cómo algunas partes del cuerpo miran a otras por encima del hombro: "El ojo no puede decir a la mano: 'No te necesito'; ni tampoco la cabeza a los pies: 'No os necesito'" (1ª Corintios 12:21).
La independencia y la autosuficiencia son enemigos de la comunidad. Si no nos mostramos vulnerables ni somos conscientes de que necesitamos a los demás, no podremos estar en armonía en una comunidad. Desafortunadamente, en la Iglesia nos encontramos con mucha frecuencia esa fachada de autosuficiencia. Keith Miller describe a la Iglesia de hoy diciendo:
"Nuestras iglesias están llenas de personas que parecen contentas, completas y llenas de paz, pero que en lo más profundo de su ser anhelan que alguien las ame... tal como son: confundidas, frustradas, a veces asustadas, cargadas de sentimientos de culpa, y muchas veces incapaces de comunicar todo esto ni siquiera dentro de sus familias. Pero el resto de gente de la Iglesia también parece tan contenta, todo le va tan bien, que nadie tiene el valor de admitir ante un grupo tan autosuficiente sus necesidades profundas." — Keith Miller, The Taste of New Wine (Waco, Tex.: Word, 1965), p. 22.
La vulnerabilidad es un regalo para la comunidad. La vulnerabilidad nos hace decir: "Te necesito. Te dejó entrar en mi vida. Quiero que seas una parte de mí."
Pablo nos está diciendo que valoremos los dones de los demás. No obstante, con mucha frecuencia infravaloramos a los demás miembros del Cuerpo porque no piensan como nosotros o porque tienen gustos diferentes a los nuestros. Haz este ejercicio: visualiza a aquellos miembros del Cuerpo que te incomodan, a aquellos a quienes dirías: "No te necesito." Como un acto de arrepentimiento pon a estas personas delante de Dios y di: "Te necesito. Dios quiere que tú aportes algo a mi vida. Tienes dones que yo no tengo."
En lugar de las actitudes de inferioridad o superioridad, necesitamos una actitud de interdependencia y confianza. Eso significa que reconocemos que tú eres incompleto sin mí, y yo soy incompleto sin ti. Tú me necesitas y yo te necesito. Tú no eres más ni menos que yo. Yo no soy más ni menos que tú. Como dijo Pablo: "Ahora bien, vosotros sois el Cuerpo de Cristo, y cada uno individualmente un miembro de él" (1ª Corintios 12:27).
Esta Lección, identifique a un miembro de la congregación que sirve "detras del escenario" (limpieza, cocina, mantenimiento, oración intercesora, cuidado de ninos) y expresele su agradecimiento de manera significativa: una nota escrita, un regalo pequeño, o simplemente palabras sinceras de reconocimiento. Ademas, reflexione honestamente: ¿está usted cumpliendo su función en el Cuerpo, o se ha convertido en un miembro pasivo? Si ha estado al margen, dé un paso concreto esta Lección para involucrarse activamente en alguna área de servicio.
Cada creyente equipado por el Espíritu Santo para contribuir a la salud del Cuerpo
Que cada discípulo descubra que el Espíritu Santo le ha dado al menos un don ministerial para edificar al Cuerpo de Cristo, y que la Iglesia funciona saludablemente cuando cada miembro conoce, desarrolla y ejerce los dones que Dios le ha asignado, no para gloria personal, sino para el bien común.
Entregue a cada participante una tarjeta en blanco. Pidales que escriban una habilidad o talento que reconocen en la persona sentada a su derecha. Luego lean las tarjetas en voz alta. Después de compartir, pregunte: ¿Les sorprendio lo que otros ven en ustedes? ¿Hay cosas que los demás notan en nosotros que nosotros mismos no vemos? Use esto para introducir la idea de que a veces necesitamos la comunidad para descubrir los dones que Dios nos ha dado.
Pablo comienza su enseñanza sobre los dones espirituales en 1 Corintios 12:1 con una frase reveladora: "No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales." El uso de esta frase en las cartas de Pablo siempre indica un tema de suma importancia que estaba siendo malentendido. Los corintios no solo desconocian la naturaleza de los dones; los estaban usando de manera egoista y divisiva, creando una jerarquía espiritual donde quienes tenían los dones más espectaculares se sentían superiores.
El término griego para "dones espirituales" es charismata, derivado de charis (gracia). Los dones son, por definicion, regalos de gracia. No se ganan, no se merecen, no son motivo de orgullo. Son distribuidos soberanamente por el Espíritu Santo "a cada uno en particular como El quiere" (1 Corintios 12:11). Esto elimina toda base para la comparacion o la envidia. Usted no eligio su don, ni yo elegi el mio. Fueron asignados por la sabiduria perfecta de Dios segun las necesidades del Cuerpo.
La ignorancia sobre los dones espirituales produce dos problemas en la iglesia. Primero, hay creyentes que no sirven porque no saben que tienen algo que ofrecer. Piensan que el ministerio es solo para los pastores, predicadores y líderes visibles. Segundo, hay creyentes que sirven en áreas equivocadas, frustrandose porque estan forzando algo que Dios no diseño para ellos. Conocer nuestros dones nos libera para servir con gozo, efectividad y sin agotamiento, porque estamos funcionando segun el diseño de nuestro Creador.
El versículo clave de esta lección es 1 Corintios 12:7: "Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho." La palabra "provecho" en griego es sympheron, que significa "para el bien común, para lo que beneficia a todos." Los dones espirituales no fueron dados para beneficio personal, para exhibicion publica ni para construir una plataforma personal. Fueron dados para edificar al Cuerpo de Cristo en su conjunto.
Las listas de dones en el Nuevo Testamento son diversas y complementarias. Romanos 12 menciona profecia, servicio, enseñanza, exhortacion, dar con generosidad, presidir con solicitud, y hacer misericordia con alegria. 1 Corintios 12 anade palabra de sabiduria, palabra de ciencia, fe, sanidades, milagros, discernimiento de espíritus, lenguas e interpretacion. Efesios 4 habla de apostoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. 1 Pedro 4 resume: "Cada uno segun el don que ha recibido, ministrelo a los otros." Ninguna lista es exhaustiva; juntas revelan la rica variedad de maneras en que el Espíritu capacita a su pueblo.
El error de Corinto fue valorar unos dones sobre otros, especialmente los más visibles y espectaculares. Pablo corrige esto mostrando que los dones más humildes son tan necesarios como los más notorios. Un cuerpo donde solo funcionan los ojos y las manos está gravemente discapacitado. La iglesia necesita tanto al predicador como al que sirve café; tanto al maestro como al que consuela silenciosamente; tanto al líder como al que ora en su habitacion. Todos los dones, ejercidos en amor, contribuyen a la salud del Cuerpo.
Una pregunta frecuente es: ¿Cómo descubro mis dones espirituales? No hay una fórmula mágica, pero hay principios practicos que ayudan. Primero, los dones se descubren sirviendo. No se sientan a esperar una revelacion mistica. Involucrese en diferentes áreas de servicio y observe donde experimenta gozo, efectividad y fruto. Los dones tienden a manifestarse donde la pasion, la habilidad y la necesidad se encuentran.
Segundo, la comunidad juega un papel fundamental en la confirmacion de nuestros dones. Otros creyentes pueden ver en nosotros capacidades que no reconocemos en nosotros mismos. Cuando varias personas independientemente le dicen "tienes un don para enseñar" o "eres muy bueno animando a los demas", preste atencion. Dios usa al Cuerpo para confirmar lo que El ha puesto en cada miembro. Por esto es tan importante estar conectado a una comunidad de fe y no vivir el cristianismo de manera aislada.
Tercero, los dones deben desarrollarse. Un don espiritual es como una semilla que necesita ser cultivada. El hecho de tener un don para la enseñanza no significa que automáticamente será un maestro excelente. Necesita estudio, practica, retroalimentacion y crecimiento. Pablo le dijo a Timoteo: "Aviva el fuego del don de Dios que está en ti" (2 Timoteo 1:6). Los dones se "avivan" a través del uso fiel, la preparación diligente y la dependencia constante del Espíritu. No entierre su don por miedo o pereza; inviertalo para la gloria de Dios y el beneficio de su pueblo.
1ª Corintios 12:7
"Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho."
Este breve versículo contiene tres verdades fundamentales. Primero, "a cada uno": no hay excepción. Todo creyente, sin importar su edad, educación, género o trasfondo, ha recibido al menos un don espiritual. No hay cristianos sin dones. Segundo, "le es dada la manifestación del Espíritu": los dones no son habilidades naturales mejoradas, sino manifestaciones sobrenaturales del Espíritu Santo operando a través de personas ordinarias. Es el Espíritu quien obra; nosotros somos los canales. Tercero, "para provecho" (pros to sympheron): literalmente "para lo que conviene a todos", "para el bien común". El propósito de los dones es comunitario, no individual. Cualquier uso de un don que divida, enorgullezca o beneficie solo al que lo posee está distorsionando su propósito original. Este versículo introduce el capítulo 12 completo de 1ª Corintios, la enseñanza neotestamentaria más conocida sobre los dones espirituales y la descripción paulina de la Iglesia como el Cuerpo de Cristo.
Hay cuatro pasajes del Nuevo Testamento que hablan de los dones espirituales para el ministerio. Algunos escritores hablan de los siete dones que aparecen en Romanos 12:6-8 como los dones "motivacionales", y consideran que en cada creyente dominará una de esas siete motivaciones; entonces, los dones de 1ª Corintios 12 serían las "manifestaciones" de esas motivaciones, mientras que los cuatro dones de Efesios 4 serían "cargos" u "oficios". Otra forma de contemplar los cuatro catálogos —igualmente válida— es verlos como una ilustración de la forma tan variada en que el Espíritu Santo obra a través de nosotros, sin que ninguna lista agote por sí sola la riqueza de la Gracia de Dios.
El autor cuenta que su primer puesto ministerial con estudiantes universitarios, en Pittsburg, fue todo un éxito: trescientos estudiantes en la reunión semanal, cuarenta líderes de grupos pequeños, y conversiones cada semana. Después fue a servir a una iglesia que estaba en las últimas, y durante los siete años que la pastoreó sintió que se echaba a perder: aquel ambiente no le daba la oportunidad de usar todos los dones que tenía. Se sentía limitado, y perdió motivación.
A veces perdemos motivación porque no nos sentimos capaces de hacer una tarea, o porque ésta requiere habilidades que no son naturales en nosotros, o porque se nos pide invertir energía en algo que no nos importa. Como la esfera de cristal de juguete con orificios de diferentes formas: si intentamos meter el cilindro por el orificio cuadrado, no encaja, y toda nuestra energía y motivación se disipan. El Cuerpo de Cristo está diseñado de tal forma que todos tenemos una función concreta, pero el problema es que no siempre sabemos cuál es. No es de extrañar que Pablo empiece su enseñanza sobre los dones espirituales así: "En cuanto a los dones espirituales no quiero, hermanos, que seáis ignorantes" (1ª Corintios 12:1). Muchas veces acabamos desempeñando funciones para las que no hemos sido diseñados porque ignoramos cuáles son nuestras habilidades.
¿Qué quiere decir Pablo cuando usa el término "dones espirituales"? Antes de examinar sus sinónimos, tenemos que olvidarnos del uso coloquial que hacemos de la palabra "don" —hablar de un corredor con don para correr, o de alguien con don para la cocina— pues ese uso corresponde a talentos naturales que Dios da, en su bondad, tanto a cristianos como a no cristianos por igual. Los dones espirituales, en cambio, son solo para quienes tienen al Espíritu Santo, con el propósito de fortalecer a los hermanos y de extender la influencia de la Iglesia en un mundo apartado de Dios.
"Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios el que hace todas las cosas en todos. Pero a cada uno se le da la manifestación del Espíritu para el bien común." — 1ª Corintios 12:4-7
La palabra que se repite es "diversidad" (o "diferentes"): la variedad es una expresión del Dios en tres personas —la fuente es el Espíritu en el v. 4, el Señor Jesús en el v. 5, y Dios el Padre en el v. 6—. Dios es uno en tres personas, y la Iglesia es como el Dios al que adora. La palabra "diversidad" hace referencia también a la distribución, asignación o reparto: el énfasis es que Dios es el distribuidor, y nosotros los receptores.
1. Dones (v. 4). El término griego significa "un don de gracia": no solo somos salvos por gracia, sino que por gracia recibimos también capacidades y motivación concretas y únicas para servir a los demás. Los dones son nuestra contribución visible a la salud del Cuerpo de Cristo.
2. Ministerios (v. 5). Capta el espíritu con que los dones son ofrecidos: no buscan nuestra propia fama, sino edificar a la comunidad ("para el bien común", v. 7). En Corinto, los dones visibles —lenguas, sanidad— se habían convertido en plataforma para darse a conocer. Dios distribuye los dones, pero nos deja a nosotros la responsabilidad de decidir cómo los usamos. La palabra "ministerio" también apunta al entorno en que usamos nuestros dones: ¿en grupo grande, pequeño, o de forma individual? ¿Con niños, jóvenes, adultos, ancianos? El llamamiento está donde la compasión de Cristo en ti se cruza con una necesidad del mundo.
3. Operaciones (v. 6). Viene de una raíz que significa "energía"; otras versiones traducen "efectos" o "impactos". Cada don deja su propia huella: el don de enseñanza transforma con la verdad; el de evangelización lleva gente a conocer a Cristo; el de misericordia consuela a los enfermos y dolidos. Ray Stedman escribió: "Por desgracia, a muchos cristianos les han enseñado que hacer lo que Dios quiere que hagas es siempre desagradable... Pero cuando actuamos usando los dones que hemos recibido, nos sentimos amados y valorados, y sentimos que Dios se acerca con cariño para decirnos al oído: 'Esto es para lo que fuiste creado'".
4. Funciones (Ro. 12:4). Traducida también "práctica": nuestra forma natural de actuar. "Soy maestro, soy profeta, soy administrador, soy un siervo" describen lo que somos por dentro. Combinando todo esto, podemos definir los dones espirituales así: son las habilidades ministeriales que el Espíritu nos ha dado, que expresan nuestra motivación particular para trabajar en la edificación del Cuerpo de Cristo. Nuestra responsabilidad es descubrir y usar los dones que Dios nos ha dado —como en la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30), desenterrar nuestros dones es una búsqueda que dura toda la vida.
La razón principal por la que enterramos nuestros dones es el miedo, y ese miedo tiene diversas causas.
Miedo al fracaso o al riesgo. Pablo escribe a Timoteo porque éste estaba descuidando su don: "Te recuerdo que avives el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos" (2ª Timoteo 1:6). Cuando no usamos nuestros dones, se atrofian como los músculos del cuerpo. Timoteo no usaba su don porque temía las dificultades que eso le traería. Pablo le responde: "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio" (v. 7). El temor que nos encierra en nosotros mismos no viene de Dios.
Miedo a enfrentarnos al dolor. Muchos nos frustramos creyendo que no sabemos cuáles son nuestros dones, porque una herida espiritual del pasado distorsionó la imagen que tenemos de nosotros mismos y cerró parte de nuestro mundo interior. La única forma de vencer lo que nos paraliza es ir a la raíz del problema.
Miedo al compromiso. A veces decimos que no sabemos cuáles son nuestros dones porque eso es más cómodo: si no los hemos identificado, no estamos obligados a usarlos. Elizabeth O'Connor escribió: "Yo prefiero comprometerme con Dios de forma abstracta, que comprometerme ante Él en cuanto al tema de los dones". Cuando ponemos nombre a nuestros dones, nuestras opciones se reducen — y eso nos obliga a rendir cuentas.
🌿 Ilustración: El ángel dentro de la piedra. Se cuenta que un día Miguel Ángel iba por la calle empujando un gran bloque de piedra. Un vecino curioso le preguntó: "¿Por qué tanto esfuerzo para empujar un bloque de piedra tosca?". El artista contestó: "Porque dentro de ese bloque de piedra hay un ángel". Los que logran vencer el miedo al fracaso, al dolor y al compromiso descubren un gozo liberador: dedican su tiempo y energía a la necesidad que les preocupa. Invite a cada discípulo a salir del bloque de piedra en el que esté, y a sumarse a la búsqueda del tesoro que Dios ha puesto en él.
Pablo recoge los dones en cuatro pasajes (1ª Co. 12:8-10, 28-31; Ro. 12:6-8; Ef. 4:11-12; 1ª P. 4:9-10). La lista es descriptiva, no normativa ni exhaustiva; es un punto de partida para identificar la forma que la Gracia de Dios puede tomar. Podemos organizarla en cuatro grupos:
Dones de capacitación (apóstol, profeta, evangelista, pastor-maestro — Ef. 4:11). Su responsabilidad es preparar al resto del Cuerpo para el ejercicio de sus propios dones (Ef. 4:11-13), usando la Palabra como herramienta. Ray Stedman los compara con sistemas del cuerpo humano: los apóstoles como el esqueleto que sustenta; los profetas como el sistema nervioso que envía mensajes; los evangelistas como el sistema digestivo que extrae energía; los pastores-maestros como el sistema circulatorio que distribuye el alimento de la Palabra.
Dones de palabra (enseñanza, exhortación, sabiduría, conocimiento). Usan principalmente la lengua, y por eso Santiago 3 nos recuerda el poder que ésta tiene. La enseñanza interioriza y comunica la verdad de Dios; la exhortación motiva consolando, retando o animando; la sabiduría aplica la guía del Espíritu a necesidades específicas; el conocimiento puede ser erudición (investigar y sistematizar datos) o revelación (recibir entendimiento directo de Dios).
Dones milagrosos (milagros, sanidad, lenguas e interpretación). El autor los incluye como vigentes hoy, porque: Pablo entremezcla lo natural y lo sobrenatural sin separarlos; el Nuevo Testamento no anuncia que cesarían al terminar la época apostólica; y el Espíritu Santo continúa la presencia de Jesús en su pueblo, conforme a su promesa de que haríamos "aún mayores obras" (Juan 14:12).
Dones de servicio (servicio, ayuda, misericordia, dar, hospitalidad, visión o fe de liderazgo, administración, discernimiento). Con excepción del liderazgo, estos dones pasan desapercibidos, pero su callada fidelidad es el cimiento que mantiene unido al Cuerpo: son las articulaciones y ligamentos que le permiten moverse con agilidad.
Para descubrir qué dones tienes no hay un proceso mecánico; hay que acercarse desde varios ángulos:
Explorar las posibilidades. Conocer la definición bíblica de cada don para poder comparar tu comportamiento y motivación con lo que encontramos en la Escritura.
Discernir tu motivación o deseos. Cuando usas tus dones sientes que haces aquello para lo que Dios te diseñó, y eso lleva a la satisfacción y a la realización.
Buscar la opinión de los demás. Los que te conocen bien y te han observado son los mejores evaluadores, porque los dones edifican y tienen un efecto visible sobre otros.
Probar las diferentes opciones. A menudo hay que lanzarse y arriesgarse. Evalúa las áreas en que has servido y determina cuáles te llenaban y cuáles no te resultaron satisfactorias.
Explorar sentimientos críticos. A veces descubres un don al fijarte en qué criticas de los demás — puede ser la voz interior de "yo puedo hacer eso mejor", señal de un don propio; pero también puede ser espíritu crítico que necesita arrepentimiento, así que hazlo con cuidado.
Teniendo el discipulado en mente, esta semana nos centraremos en tres de los cinco pasos anteriores: explorar posibilidades, discernir la motivación, y buscar la opinión de los demás. Guíe al grupo a través de los dos ejercicios siguientes.
📚 Lectura Recomendada
Stedman, Ray C., Body Life (Ventura, Calif.: Regal, 1972), especialmente el capítulo sobre la analogía del Cuerpo y la función de cada don en su salud.
Esta Lección, haga dos cosas. Primero, pregunte a tres personas de confianza en su iglesia (un líder, un amigo cercano, y alguien que lo haya visto servir) qué dones espirituales ven en usted. Anote sus respuestas y busque patrones. Segundo, si ya conoce su don, busque una oportunidad concreta para ejercerlo esta Lección fuera de su zona de comodidad. Si tiene don de enseñanza, ofrezcanse a dirigir un devocional breve. Si tiene don de servicio, busque una necesidad practica que cubrir. Si tiene don de animo, escriba tres notas de aliento a personas que las necesiten. Los dones crecen cuando se usan.
Fortalecidos en el Señor para resistir al enemigo con la armadura de Dios
Que cada discípulo reconozca la realidad de la guerra espiritual, identifique las estrategias del enemigo, y aprenda a vestirse diariamente con la armadura completa de Dios, confiando no en sus propias fuerzas sino en el poder del Señor y en la victoria ya ganada por Cristo en la cruz.
Pida al grupo que imagine que van a viajar a una zona de clima extremo: un desierto con temperaturas de 50 grados durante el día y bajo cero durante la noche. ¿Qué llevarían en su equipaje? Permita que hagan su lista. Luego pregunte: ¿que pasaria si olvidaran un elemento esencial? ¿Si llevaran ropa de verano pero no abrigo para la noche? Conecte con la lección: en la vida cristiana, vivimos en territorio hostil, y Dios nos ha provisto de un equipo completo. El problema es cuando salimos sin ponernos alguna pieza.
Pablo comienza su enseñanza sobre la armadura de Dios con una declaracion fundamental: "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" (Efesios 6:12). El discípulo de Cristo tiene un enemigo real. No es un concepto mitologico ni una metáfora del mal en general. Es un ser personal, inteligente y estrategico cuyo objetivo es destruir nuestra fe y neutralizar nuestro testimonio.
Muchos cristianos cometen uno de dos errores respecto a Satanás: o lo ignoran completamente, viviendo como si no existiera, o le dan una atencion excesiva, viviendo en miedo constante. C.S. Lewis observo sabiamente que ambos errores le agradan igualmente al diablo. La postura bíblica es equilibrada: reconocemos la realidad del enemigo, pero no le tememos porque mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo (1 Juan 4:4). Cristo ya derroto a Satanás en la cruz, y nuestra victoria no depende de nuestra fuerza sino de la suya.
Es importante entender que la lucha espiritual no se gana con estrategias humanas. No podemos vencer fuerzas espirituales con recursos carnales. Por eso Pablo dice: "Fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza" (Efesios 6:10). Note que la fuerza es del Señor, no nuestra. Nuestra responsabilidad no es derrotar al enemigo (Cristo ya lo hizo), sino mantenernos firmes en la victoria que El ya gano. La palabra "resistir" aparece dos veces en este pasaje: estamos llamados a resistir, a mantenernos en pie, no a conquistar. La conquista ya fue lograda en el Calvario.
Pablo describe seis piezas de armadura, cada una representando una realidad espiritual esencial. El cinturon de la verdad es la base: la verdad de Dios que sostiene todo lo demas. Sin verdad, todo se desmorona. Satanás es llamado "padre de mentira" (Juan 8:44), y su estrategia principal es distorsionar la verdad sobre Dios, sobre nosotros mismos y sobre la realidad. Vestirnos con la verdad significa saturar nuestra mente con la Palabra de Dios y rechazar las mentiras del enemigo.
La coraza de justicia protege nuestro corazón. No se refiere a nuestra justicia propia, sino a la justicia de Cristo que nos fue imputada. Cuando el enemigo nos acusa y nos recuerda nuestros pecados pasados, la coraza de justicia nos permite decir: "Soy justo, no por mis obras, sino por la obra de Cristo a mi favor." El calzado del evangelio de la paz nos da una base firme y la disposición de llevar las buenas nuevas a donde quiera que vayamos. El escudo de la fe apaga los dardos de fuego del maligno: las dudas, las tentaciones, los pensamientos destructivos que el enemigo lanza contra nosotros. El yelmo de la salvación protege nuestra mente con la certeza de la salvación. Y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, es la única arma ofensiva: nos permite no solo defendernos sino contraatacar con la verdad revelada.
Es significativo que Pablo dice "toda la armadura de Dios", no solo parte de ella. Un soldado que sale al campo de batalla con casco pero sin escudo, o con espada pero sin coraza, es vulnerable. De la misma forma, un cristiano que conoce la Biblia pero no vive en justicia, o que tiene fe pero ignora la verdad, tiene puntos débiles que el enemigo explotará. La protección espiritual requiere la armadura completa, vestida diariamente con intencion y dependencia de Dios.
Después de describir las seis piezas de la armadura, Pablo anade algo que no es una pieza adicional sino el ambiente en el que toda la armadura funciona: "Orando en todo tiempo con toda oración y suplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y suplica por todos los santos" (Efesios 6:18). La oración no es la septima pieza de la armadura; es la atmosfera en la que el soldado cristiano vive y lucha. Sin oración, la armadura es como un traje vacío.
Note las cuatro veces que aparece la palabra "todo" en este versículo: "todo tiempo", "toda oración", "toda perseverancia", "todos los santos". La oración en la guerra espiritual no es casual ni esporádica. Es constante ("en todo tiempo"), variada ("toda oración y suplica", incluyendo alabanza, confesion, peticion, intercesion), persistente ("toda perseverancia"), y comunitaria ("todos los santos"). No luchamos solos. La guerra espiritual es un asunto corporativo donde intercedemos los unos por los otros.
La frase "en el Espíritu" es crucial. La oración efectiva en la guerra espiritual no es repetir fórmulas mecanicas ni gritar más fuerte. Es orar bajo la guía, con el poder y segun la voluntad del Espíritu Santo. Romanos 8:26 dice que "el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues que hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros." En la batalla espiritual, nuestra arma secreta no es nuestra elocuencia en la oración, sino el Espíritu de Dios orando a través de nosotros con poder que trasciende nuestras limitaciones humanas.
Efesios 6:14-18
"Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios, orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos."
Pablo escribe desde la prisión en Roma, probablemente encadenado a un soldado romano, lo cual le proporciona la imagen perfecta para su metáfora. Cada pieza de la armadura corresponde a un elemento del equipamiento militar romano del siglo I. Sin embargo, la analogía va más allá de lo militar: varias de estas imágenes provienen de Isaías, donde Dios mismo se viste de armadura (Isaías 59:17). Al ponernos la armadura de Dios, nos revestimos del carácter y el poder de Dios mismo. El verbo "estad firmes" (histemi) es la idea central: no se trata de avanzar ni de atacar, sino de mantenerse en pie, de no ceder terreno. Cristo ya avanzó y conquistó; nosotros defendemos la posición que Él ganó. La única arma ofensiva es la espada del Espíritu (la Palabra de Dios), lo cual Jesús demostró al responder cada tentación de Satanás en el desierto con "Escrito está".
En Efesios 6:10-20 Pablo cierra su carta con una llamada a la batalla: el discípulo debe fortalecerse en el poder del Señor, vestirse de la armadura completa de Dios para resistir las artimañas del diablo, y sostener toda la lucha por medio de la oración constante en el Espíritu.
¿Cómo explicar la limpieza étnica de los musulmanes en Bosnia? ¿Qué decir de la cantidad de pastores que han comprometido su fe y ministerio cayendo en la infidelidad o la tentación sexual? ¿Cómo entender la falta de unidad y la disensión que hay en muchas iglesias y que mancha el nombre de Cristo? ¿Cómo explicar la rápida desintegración del matrimonio, como demuestra el aumento de los divorcios, que en la década de los 50 afectó a un 11 por ciento de las parejas casadas, y que hoy está afectando a más del 50 por ciento? ¿Cómo justificamos la conducta autodestructiva que demostramos cuando violamos nuestras propias creencias sobre lo que es correcto, decente y virtuoso?
Las Escrituras dicen que tenemos un enemigo invisible que nos vencerá si no lo tomamos en serio. "Porque nuestra lucha no es contra carne y sangre, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" (Efesios 6:12). Si buscamos soluciones humanas a problemas cuyo origen es el mal sobrenatural, fracasaremos, porque no habremos calculado correctamente la fuerza de nuestro enemigo. La educación y los grupos de apoyo nos podrán ayudar hasta cierto punto, pero no dejarán de ser soluciones humanas para problemas espirituales.
En su autobiografía, A General's Life, el General Omar Bradley recoge un encuentro con el joven William Westmoreland, que más tarde se convertiría en comandante de las fuerzas estadounidenses en Vietnam. En aquel entonces, Westmoreland era cadete en la clase de West Point de 1936. Durante un simulacro de la defensa de una colina, el chico hizo un papel pésimo y perdieron la batalla. Bradley, que en aquel entonces ya era comandante, estaba observando el ejercicio. Acercándose al joven oficial, lo apartó de los demás para darle un consejo: "Mr. Westmoreland, mira esa colina. Mírala desde la perspectiva del enemigo. Es fundamental que te pongas en la posición del enemigo."
Pablo dice con toda claridad que detrás de la cara humana del pecado, del sufrimiento y de la maldad, hay un conjunto de fuerzas espirituales invisibles. Dice también que en este mundo de tinieblas hay "poderes". Este término se usaba en la Astrología para referirse a la alineación de los planetas, que controlaba el destino de los seres humanos. Lo que hace aquí el apóstol es tomar una palabra que todo el mundo conocía para darle otro significado. Al describir a estos poderes como malignos, Pablo está diciendo que son destructivos, sin escrúpulos, malévolos. Pedro escribió: "Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quién devorar" (1ª Pedro 5:8).
Aunque Pablo entendió la realidad de la personificación del diablo, nosotros muchas veces no somos conscientes de ello. C.S. Lewis dijo que en cuanto al tema del diablo, nosotros cometemos dos errores muy diferentes entre sí, pero igualmente perjudiciales. En el prefacio de su obra Cartas del diablo a su sobrino, escribe: "Uno consiste en no creer en su existencia. El otro, en creer en los diablos y sentir por ellos un interés excesivo y malsano" (C.S. Lewis, Cartas del diablo a su sobrino, Madrid: Ediciones RIALP, 2003, p. 21).
En cuanto al primer error, nosotros no creemos en el diablo porque en nuestra era la idea de un ser sobrenatural que es el enemigo de Dios se ve como producto de los tiempos primitivos. Ahora que hemos avanzado, tenemos una explicación causa-efecto para casi todo. Una noción como la del diablo es del todo ingenua. El teólogo escéptico Rudolf Bultmann expresa esta actitud: "Es imposible usar la luz eléctrica y los productos inalámbricos, y valernos de los modernos descubrimientos médicos y quirúrgicos, y a la vez creer en el mundo de demonios y espíritus que nos presenta el Nuevo Testamento" (Rudolf Bultmann, Kerygma and Myth, London: SPCK, 1953).
Richard Mouw, presidente de Fuller Theological Seminary, tuvo la oportunidad de visitar a un profesor de una importante universidad que hacía poco que se había convertido al cristianismo. La conversación empezó de una manera un tanto extraña, hasta que el recién convertido admitió que aquella conversación le ponía algo nervioso. "Quizá te suene extraño, pero es que eres el primer cristiano académico con el que hablo de mi fe. No me atrevía a hacerte las preguntas que tenía por miedo a que fueran demasiado básicas." Uno de los temas que le preocupaban era el tema del diablo. "Antes de ser cristiano yo pensaba que creer en Satanás era de lunáticos, pues eso quedó en la Edad Media. Pero ahora, cuando miro atrás, me doy cuenta de que antes de entregarme a Cristo yo estaba luchando contra un poder que estaba intentando dominar mis pensamientos. Cuando me convertí en discípulo de Cristo me sentí libre de aquella fuerza. En Cristo soy libre para ver las cosas de forma diferente" (Richard Mouw, Distorted Truth, San Francisco: Harper & Row, 1989, p. 30).
El segundo error que cometemos por lo que a Satanás se refiere es, según Lewis, "creer en los diablos y sentir por ellos un interés excesivo y malsano". Algunos cristianos creen ver demonios por todas partes. Si alguien es adicto al tabaco o al sexo es que el demonio del tabaco o del sexo ha entrado dentro de él, y hay que sacárselo. Esta actitud exagerada puede ser una forma de no aceptar la responsabilidad que uno tiene por su propio pecado. Es muy fácil decir: "El demonio me ha obligado a hacerlo."
Además del escepticismo y de esta actitud exagerada, hay un tercer problema que quizá es más común y más dañino que los otros dos. Podemos decir que sí creemos en la personificación del diablo, pero podemos vivir sin que esa creencia tenga ningún efecto en nosotros. Por ejemplo, cuando nos llega una enfermedad o una depresión, nuestra forma de enfrentarnos a ellas queda limitada a los servicios médicos o psicológicos. Aunque decimos que el maligno existe, pensamos con la mentalidad científica de nuestros días que dice que todos los problemas tienen una causa natural y que, por tanto, la única solución posible es una solución natural. La verdad es que la transformación y el cambio en nuestras vidas, la victoria sobre el pecado y sobre la influencia que el maligno ejercía sobre nosotros, es solo gracias a la actuación del Espíritu Santo que se enfrenta y saca a los poderes del mal y del pecado. Es fácil dejarse seducir por la idea de que podemos producir fruto por nuestro propio esfuerzo, cuando de hecho hemos sido llamados a entrar en el reino de una guerra espiritual que no se lidia con armas humanas.
Tenemos un enemigo, y ese enemigo nos está atacando. Dice Pablo que "nuestra lucha no es contra sangre y carne". La palabra "lucha" tiene su origen en el mundo de las competiciones atléticas, en los combates cuerpo a cuerpo. Pablo está queriendo decir que la batalla ahora es "cercana y personal". Del mismo modo en que un luchador tiene que conocer los movimientos de su contrario para saber cómo defenderse, también nosotros tenemos que conocer los movimientos de aquel que nos quiere destruir. Tenemos que ponernos toda la armadura de Dios para poder mantenernos firmes ante las artimañas del diablo.
El diablo usa básicamente cuatro estrategias para destruir a las personas, a la Iglesia, y al mundo. No debemos pensar que el diablo solo lucha a nivel personal. Muchas veces los cristianos no vemos que Satanás no solo está intentando neutralizarnos a nosotros de forma individual, sino que sus artimañas tienen que ver con la destrucción de la Iglesia de Cristo y con cubrir este mundo de su oscuridad. ¿Cuáles son las estrategias más comunes del diablo?
Cuando Jesús inició su ministerio público, la primera acción del Espíritu Santo fue llevarle al desierto "para ser tentado" (Mateo 4:1). La estrategia principal del maligno es ser una serpiente seductora cuyo método es sembrar semillas de desconfianza y de dudas sobre Dios, dudas sobre si Él ciertamente quiere nuestro bien. El diablo siempre empieza de forma muy sutil. Si nos retrotraemos al jardín del Edén, Satanás se le aparece a Eva en forma de una serpiente. Dios ha prometido a la pareja original vida abundante, y la única restricción es que no coman del árbol del conocimiento del bien y del mal. ¿Qué es lo que la serpiente hace? Lanza una pregunta maquinada para sembrar dudas sobre la bondad de Dios: "¿Conque Dios os ha dicho: 'No comeréis de ningún árbol del huerto'?" (Génesis 3:1).
La tentación consiste en hacernos dudar de que el plan de Dios para nuestras vidas vaya a ser el más satisfactorio. Aunque Santiago nos dice que la tentación se origina dentro de nosotros (Santiago 1:13-15), Satanás está presente en ese proceso alimentando las llamas de esos deseos o pasiones, creando imágenes en nuestra mente y seduciéndonos para que hagamos lo contrario a lo que Dios quiere. La tentación promete satisfacción, pero es superficial y dañina.
En Apocalipsis 12:10, Satanás recibe el nombre de "el acusador de nuestros hermanos". Lo que Satanás quiere es destruir a la Iglesia desde dentro. Su objetivo principal es atacar la gloria de Dios y darle un golpe definitivo al Hijo de Dios. ¿Qué mejor forma de hacerlo que sembrando disensión en medio del pueblo de Dios, que está llamado a reflejar la gloria de Dios? Si Satanás logra conseguir que el pueblo de Dios luche entre sí, la batalla habrá acabado. Tenemos que tener cuidado con la forma en la que hablamos sobre nuestros líderes y otros miembros del Cuerpo, pues sin darnos cuenta nos podemos convertir en el arma diabólica que busca la desunión.
Otra forma de experimentar la acusación es la voz interior de autocondena y desespero. Los cristianos muchas veces no alcanzamos a discernir la diferencia entre la convicción del Espíritu y las acusaciones del diablo. ¿Cómo podemos distinguirlas? En el resultado. Satanás tiene la capacidad de crear en nuestras mentes una trágica imagen de nuestros pecados y debilidades. Su intención es llevarnos a la frustración y a la desesperación. Pero la convicción del Espíritu Santo es una dulce liberación. Bajo su influencia, vemos con claridad nuestra culpa y la fealdad de nuestro pecado, pero también podemos ver las aguas frescas de la misericordia de Dios.
Satanás se enmascara de ángel de luz. Los creyentes de Éfeso conocían los intentos de Satanás de transformarse en un poder benévolo. En aquella ciudad las prácticas de magia y ocultismo eran bien normales. Se dice que en el templo de Artemisa había un zodíaco que aparentemente podía manipular las fuerzas cósmicas. Cuando mucha gente de la ciudad empezó a seguir a Cristo, "muchos de los que habían creído continuaban viniendo, confesando, y declarando las cosas que practicaban. Y muchos de los que practicaban la magia, juntando sus libros, los quemaban a la vista de todos" (Hechos 19:18-19).
Johanna Michaelsen cuenta la historia de cómo se metió en el mundo del Ocultismo a través de lo que en aquel entonces le pareció una práctica buena de curación psíquica. Su libro se titula The Beautiful Side of Evil [El lado hermoso del mal]. Satanás ejerce la curación, e incluso intenta que su acción se asocie al nombre de Jesús, pero ésa es una forma de abrirse camino y lograr que más gente caiga en sus redes. La gente, ingenuamente, se deja engatusar por la Astrología, la lectura de las manos, pensando que son cosas inofensivas, pero son la antesala al dominio del maligno. El atractivo del ocultismo es doble. Por un lado, está el deseo de un conocimiento sobrenatural del futuro y, por otro, el deseo de ganar el poder de manipular a las fuerzas espirituales para el beneficio propio.
La principal arma de Satanás no es el Ocultismo. Él sabe que es mucho más eficaz si lanza una nube de tinieblas sobre toda una cultura. Satanás engaña a naciones enteras con cosmovisiones que imponen una mentalidad dominante. La aceptación del relativismo, por ejemplo, es una maniobra ingeniosa y malévola de Satanás. Un estudio reciente revela que el 67 por ciento de los estadounidenses cree que la verdad absoluta no existe. Casi nadie busca una verdad fuera de uno mismo, pues están convencidos de que no la van a encontrar.
Cuando Satanás ve que está perdiendo, entonces ataca directamente. Nuestra sociedad es abiertamente hostil hacia los cristianos. Los medios de comunicación los presentan como estrechos de mente e, incluso, como lunáticos. Vivimos en una era de creciente anticristianismo. Tenemos que recordar que el que está potenciando ese antagonismo no es otro que el enemigo, cuyo objetivo principal es el Señor Jesucristo. Si no puede llegar a él de forma directa, lo intentará a través de sus seguidores.
Nos enfrentamos a un enemigo fuerte, pero no nos desanimemos. "Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza" (Efesios 6:10). Aunque el maligno parezca muy poderoso, estamos del lado correcto. La cabeza de nuestro ejército es Aquel que colgaron en una cruz, donde desenmascaró y juzgó a Satanás y a sus secuaces. Cuando él creía que había acabado con Jesús, Dios le levantó de entre los muertos, venciendo al poder de las tinieblas. Y el poder que resucitó a Jesús está con nosotros. Por eso Pablo oraba por los efesios diciendo: "Mi oración es que los ojos de vuestro corazón sean iluminados, para que sepáis... cuál [es] la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, ... [poder] el cual obró en Cristo Jesús cuando le resucitó de entre los muertos" (Efesios 1:18-20).
Tony Campolo nos explica el poder de la cruz y la resurrección contándonos lo que pasó en el culto de un viernes santo. En aquella ocasión, Campolo era el sexto de los siete predicadores que iban a participar en aquel acto. Tenía calor. Después de predicar, se sentó al lado del séptimo orador, se acercó, y le dijo: "A ver si puedes superar eso". Aquel hombre, que era su pastor, le dijo: "Espera y verás". Durante los siguientes cuarenta y cinco minutos aquel predicador mantuvo la atención de toda la congregación, y eso que había construido su sermón en torno a una sola línea: "Es viernes. ¡El domingo está por llegar!".
Empezó lentamente, para ir avanzando hasta el clímax: "Es viernes. Jesús está en la cruz. Está muerto. Ya no está. Les ha dejado. Pero solo es viernes. El domingo está por llegar." "¡Continúa!", gritó alguien. "Es viernes. Pilato se lava las manos. Los fariseos llevan la voz cantante. Los romanos se creen importantes. Pero solo es viernes. ¡El domingo está por llegar!" "¡Sigue predicando!". "Es viernes. Satanás está disfrutando de su pequeña actuación. Cree que gobierna el mundo. Las instituciones están bajo sus pies, los gobiernos obedecen sus órdenes, y las multitudes no ven más allá de la verdad que él les presenta. Pero eso es porque es viernes. ¡El domingo está por llegar!"
Acabó el sermón gritando a todo pulmón: "¡Es viernes!". Y una congregación de 1500 personas contestó con un gran estruendo: "¡El domingo está por llegar!" (Tony Campolo, It's Friday, but Sunday's Comin', Waco, Tex.: Word, 1984).
Ánimo. El domingo ya ha llegado.
📚 Lectura Recomendada
Lewis, C.S., Cartas del diablo a su sobrino (Madrid: Ediciones RIALP, 2003).
Cada mañana de esta Lección, antes de salir de casa, tome un momento para "vestirse" intencionalmente con la armadura de Dios. Puede usar esta oración como guía: "Señor, hoy me ciño con tu verdad, me cubro con tu justicia, calzo mis pies con la disposición de compartir tu paz, levanto el escudo de la fe contra todo ataque del enemigo, protejo mi mente con la certeza de tu salvación, y tomo tu Palabra como mi espada. Fortaleceme en tu poder, no en el mio." Ademas, identifique a un companero de oración con quien pueda interceder mutuamente durante la Lección, enviandose mensajes diarios de oración y animo.
Sustituir los viejos hábitos pecaminosos por una vida que agrada a Dios
Que cada discípulo comprenda que la santificacion no consiste simplemente en dejar de hacer lo malo, sino en un proceso activo de sustitucion: reemplazar los hábitos del viejo hombre con las prácticas del nuevo hombre en Cristo, renovando continuamente la mente conforme a la verdad de Dios.
Pida a los participantes que piensen en un habito cotidiano que hayan intentado cambiar (morderse las unas, tomar demasiado café, revisar el celular constantemente). Pregunte: ¿Funciono simplemente "dejar de hacerlo"? ¿O fue necesario reemplazar ese habito con otra cosa? Permita que compartan experiencias. Luego explique que en la vida espiritual funciona el mismo principio: no basta con dejar el pecado; hay que llenarse de algo nuevo. A esto le llamamos "el principio de la sustitucion".
En Efesios 4:22, Pablo usa una imagen poderosa y cotidiana: "En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos." La imagen es la de una persona que se quita ropa sucia y gastada. El "viejo hombre" no es simplemente una lista de pecados aislados, sino un sistema de vida completo, una manera de pensar, sentir y actuar que está corrompida desde la raiz por "los deseos engañosos".
La palabra clave es "engañosos". El pecado siempre promete más de lo que entrega. Promete placer y produce vacío. Promete libertad y produce esclavitud. Promete satisfacción y produce un hambre cada vez mayor. Los hábitos pecaminosos no se forman de la noche a la mañana; son el resultado de la repeticion constante de decisiones que se convierten en patrones automáticos. Cada vez que cedemos a una tentación, el camino se hace más fácil de recorrer la proxima vez, hasta que se convierte en un surco profundo del cual parece imposible salir.
Pero Pablo no presenta esto como una situacion sin esperanza. El mandato "despojaos" implica que tenemos la capacidad, por el poder de Cristo, de quitarnos esa vieja manera de vivir. No estamos condenados a repetir los mismos patrones para siempre. La cruz de Cristo no solo perdonó nuestros pecados pasados, sino que rompio el poder del pecado sobre nosotros. Como dice Romanos 6:6: "Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con El, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado." El primer paso para el cambio es reconocer que, en Cristo, ya no somos esclavos del pecado.
Entre el "despojaos" y el "vestios", Pablo coloca un paso intermedio crucial: "Renovaos en el espíritu de vuestra mente" (Efesios 4:23). La batalla por la obediencia se gana o se pierde en la mente. Nuestras acciones son el fruto de nuestros pensamientos, y nuestros pensamientos estan moldeados por aquello que alimentamos nuestra mente. Romanos 12:2 lo dice asi: "Transformaos por medio de la renovacion de vuestro entendimiento." La palabra "transformaos" es metamorphoo, la misma palabra de la metamorfosis de una oruga en mariposa. Es un cambio radical desde adentro.
La renovacion de la mente no es un evento único sino un proceso continuo. Cada día somos bombardeados por mensajes del mundo que contradicen la verdad de Dios: mensajes sobre lo que vale la pena, sobre como encontrar satisfacción, sobre que es normal y aceptable. Si no renovamos activamente nuestra mente con la Palabra de Dios, seremos moldeados pasivamente por la cultura que nos rodea. La lectura diaria de la Biblia, la meditacion en sus verdades, la memorizacion de versículos clave y la reflexion en comunidad son herramientas esenciales para este proceso de renovacion.
La renovacion de la mente también implica aprender a identificar y rechazar los pensamientos mentirosos que el enemigo planta. Pensamientos como "nunca voy a cambiar", "Dios ya no me ama", "este pecado no es tan grave", o "nadie lo sabrá" son mentiras diseñadas para mantenernos atrapados en patrones destructivos. Pablo nos instruye: "Llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" (2 Corintios 10:5). Cada pensamiento debe ser evaluado a la luz de la verdad de Dios. Los que no se alinean con ella deben ser rechazados y reemplazados con la verdad.
Pablo no se detiene en "dejar de hacer lo malo". Va un paso más alla con ejemplos concretos de sustitucion que revelan un patrón claro. "El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga que compartir con el que padece necesidad" (Efesios 4:28). Observe la progresion: no solo deja de robar (negativo), sino que trabaja (positivo), y no solo trabaja para sí mismo, sino para dar a otros (generosidad). El pecado es reemplazado no solo por la ausencia de pecado, sino por la virtud opuesta llevada a su maxima expresion.
Pablo aplica este principio a multiples áreas: la mentira se sustituye con hablar la verdad en amor (v.25). La ira descontrolada se sustituye con resolver los conflictos antes de que termine el día (v.26). Las palabras corrompidas se sustituyen con palabras que edifiquen y den gracia a los oyentes (v.29). La amargura, el enojo y la malicia se sustituyen con la bondad, la compasión y el perdón mutuo (v.31-32). En cada caso, no es suficiente crear un vacío dejando el pecado; el vacío debe llenarse con la práctica activa de la justicia.
Jesús mismo enseñó este principio en la parábola de la casa barrida (Mateo 12:43-45). Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, vuelve y encuentra la casa "desocupada, barrida y adornada." Al encontrarla vacía, trae siete espíritus peores. La lección es clara: un corazón vacío, aunque limpio, es vulnerable. No basta con barrer el pecado; hay que llenar la casa con la presencia y las prácticas de Dios. El discipulado no es solo un programa de abstención, sino una vida activamente llena de amor, servicio, verdad, generosidad y adoración.
Efesios 4:22-24
"En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad."
Estos versículos presentan la santificación como un proceso de tres pasos: despojar, renovar, vestir. El "viejo hombre" y el "nuevo hombre" no son dos naturalezas que coexisten eternamente en lucha, sino dos maneras de vivir: la antigua, dominada por deseos engañosos, y la nueva, creada por Dios. Los verbos "despojaos" y "vestíos" son aoristos en griego, indicando acciones decisivas y definitivas, mientras que "renovaos" es un presente continuo, señalando un proceso constante. La decisión de dejar lo viejo y abrazar lo nuevo se toma una vez, pero la renovación de la mente es diaria. El nuevo hombre es descrito con dos atributos: justicia (relación correcta con Dios y con los demás) y santidad de la verdad (separación del pecado basada en la realidad de Dios, no en reglas humanas). El fundamento de la nueva vida no es el esfuerzo moral sino la obra creadora de Dios: "creado según Dios."
Lea Efesios 4:17-32. Mientras que Efesios 4:17-24 describe el principio de sustitución de lo viejo por lo nuevo, y la necesidad de este principio, Efesios 4:25-32 ilustra que la transformación no está completa hasta que se abandona el viejo estilo de vida y se sustituye por los hábitos que Dios nos pide.
| Despojarse | Vestirse |
|---|---|
| La mentira (v. 25) | Hablar la verdad, cada uno con su prójimo |
| La ira que se prolonga y da lugar al diablo (v. 26-27) | Resolver el conflicto antes de que el sol se ponga |
| El hurto (v. 28) | Trabajar con las manos para tener qué compartir con el necesitado |
| La palabra corrompida (v. 29) | La palabra buena, que edifica y da gracia a los oyentes |
| Amargura, ira, enojo, gritería, maledicencia, malicia (v. 31) | Bondad, misericordia, perdón mutuo, como Dios nos perdonó (v. 32) |
En La travesía del explorador del amanecer, el tercer libro de Las Crónicas de Narnia, C.S. Lewis cuenta la historia de la transformación de Eustace, un niño maleducado, odioso, que se queja por todo y se aísla de sus compañeros de viaje. Al explorar una isla solo, Eustace se topa con un dragón que muere ante sus ojos; pero tras una noche de sueños, despierta convertido él mismo en un dragón: por fuera se ha vuelto lo que ya era por dentro.
Al comprender lo que ese cambio simboliza, Eustace llora. En otra noche de sueños se le acerca Aslan, el león que representa a Cristo en la historia, y lo lleva a un pozo de aguas invitadoras al que hay que entrar desvestido. Eustace entiende que debe deshacerse de la piel escamosa, como una serpiente que muda de piel, y se rasca una capa tras otra. Pero cada vez que se mira al agua, sigue viendo al mismo dragón. Lo intenta tres veces, sin éxito alguno: por más que lo intente, nada cambia por sus propios medios.
"Tendrás que permitir que te desvista yo", le dice entonces Aslan. Eustace, desesperado a pesar del miedo que le dan las garras del león, se tumba en el suelo: "La primera lágrima fue tan profunda que pensé que me había dado directamente en el corazón... sentí un tremendo dolor, el dolor más grande que nunca había sentido. La única cosa que me ayudó a soportarlo fue el placer de saber que me estaba deshaciendo de aquella horrenda capa. Cuando acabó de quitármela toda, mi piel era suave, agradable como la de un bebé... Y después de un rato el León me sacó del agua y me vistió. Me vistió con ropa nueva."1
Dios quiere hacer de nosotros personas nuevas que reflejen su imagen. Para ello, tiene que sustituir la piel vieja que representa nuestro antiguo estilo de vida por una piel nueva, hecha a su semejanza. La imagen de despojar y de vestir le sirve a Pablo para transmitir esta misma enseñanza: "En cuanto a vuestra anterior manera de vivir, que os despojéis del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos,... y que os vistáis del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y la santidad de la verdad" (Efesios 4:22, 24). La vida cristiana es un proceso de por vida de despojarnos de las feas vestimentas de nuestra naturaleza pecaminosa y de vestirnos con ropas nuevas que nos transforman en seres que reflejan la santidad y la justicia de Dios. Como Eustace, nosotros solos no podemos quitarnos esa piel de escamas; tenemos que darle permiso al Señor para que nos vista de nuevo.
El ser humano es un ser de hábitos. Los hábitos son una forma concreta de pensar, sentir o actuar que llegan a convertirse en una segunda naturaleza: se interiorizan tanto que podemos realizar acciones complejas —como conducir un coche— sin apenas pensar en ellas, aunque al principio exigían un esfuerzo consciente enorme. La vida está llena de hábitos buenos y malos; tenemos hábitos de pensamiento y de conducta que honran a Dios, pero también los tenemos que le desagradan.
Seguir a Cristo es comprometerse a deshacerse de lo viejo para sustituirlo por lo nuevo. La palabra "hábitos" deriva del término latino habitus, la pieza de vestir que los sacerdotes llevaban como señal de su compromiso a vivir una vida santa. Nosotros también debemos ponernos hábitos que nos lleven a la santidad. En Efesios 4:17-24 Pablo describe cuatro pasos para deshacernos de los hábitos que desagradan a Dios y "revestirnos" con hábitos que reflejan su carácter.
Pablo describe la cultura pagana que vive de espaldas a Dios sin equilibrar la descripción con cualidades nobles, porque quiere que los creyentes vean con claridad de qué deben apartarse: "que ya no andéis así como andan también los gentiles, en la vanidad de su mente, entenebrecidos en su entendimiento, excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón; y ellos, habiendo llegado a ser insensibles, se entregan a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas" (Efesios 4:17-19). Pablo describe tres pasos que llevan a la oscuridad:
1. Dirección errónea. La oscuridad comienza cuando pensamos en la dirección equivocada. Pablo habla de la "vanidad" de la mente (idolatría: si tu dios no es el Dios verdadero, has sustituido al Señor por una mentira), del "entendimiento entenebrecido" (una premisa equivocada siempre lleva a una conclusión errónea, por lógicos que seamos) y de "la ignorancia" —no inocente, sino consciente y premeditada, de la cual habremos de responder ante Dios—. El resultado es quedar "excluidos de la vida de Dios": separados de nuestra fuente de vida y enemistados con nuestro Creador.
2. Dureza de corazón. La dirección errónea produce un corazón calcificado. La palabra que traducimos "dureza" proviene de un término médico para el calcio que se deposita entre las articulaciones hasta volverse más duro que el mármol. Así llegamos a ser "insensibles" (v. 19): ya nada nos importa, la indiferencia nos invade y la línea entre el bien y el mal se desvanece.
3. Permisividad. Los gentiles "se entregaron a la sensualidad" —la pérdida de la vergüenza— y actúan "con avidez", ese deseo irresistible de tener lo que no nos corresponde. Pablo ofrece esta descripción detallada porque, para desarrollar hábitos que agraden a Dios, primero tenemos que reconocer la vieja vestimenta de la que debemos deshacernos.
Una de las razones por las que no logramos cambiar nuestros malos hábitos es que no reconocemos el poder que estos tienen sobre nosotros. Es como cortar un árbol y pensar que sacar el tocón será "pan comido en una hora"; después de tres horas de cavar descubrimos que las raíces eran mucho más largas de lo que imaginábamos. Habíamos subestimado la tarea.
La perseverancia, la resistencia y la disciplina son claves para cambiar hábitos. Cualquier hábito nuevo requiere un mínimo de tres a seis semanas para formar parte de nuestra rutina, y muchos abandonamos antes de llegar a ese punto. Necesitamos conocer la dureza de la batalla que tenemos por delante para poder clamar a Dios y que Él, en su gracia, nos ayude a cambiar.
Solemos creer que basta con dejar de pensar, sentir o actuar de cierta manera: reducimos la comida, evitamos los comentarios críticos, dejamos de beber. Pero, ¿cuánto dura? En la mayoría de los casos la voluntad flaquea y volvemos al viejo hábito con más fuerza aún. Lucas cuenta la historia de un hombre del que Jesús expulsó un demonio; como el demonio no tenía dónde ir, volvió al hombre trayendo consigo siete demonios más (Lucas 11:24-26). Cuando simplemente dejamos de practicar un hábito sin sustituirlo por otro que agrade a Dios, creamos un vacío que acaba siendo ocupado por una versión más potente del hábito antiguo.
Pablo dice que debemos poner en práctica el principio de sustitución: cuando nos "despojamos", después tenemos que "vestirnos". El primer paso es identificar el hábito al que hay que dar muerte, hacer un inventario moral y admitir delante de Dios, de nosotros mismos y de los demás la naturaleza de nuestro error. Luego debemos prepararnos para deshacernos de esos defectos de carácter. La transformación del Espíritu Santo no solo consiste en deshacerse de los hábitos antiguos; no estará completa hasta que los sustituyamos por hábitos nuevos.
Dios quiere que reflejemos su imagen: "vístete del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad" (v. 24). Así como los atletas ponen la mira en la línea de meta, lo que nos motiva a avanzar es poder ver cómo nuestro carácter se limpia de los hábitos que no agradan a Dios y cómo Jesús brilla cada vez más a través de nosotros.
Tenemos que ser pacientes porque se trata de un proceso. Richard Lovelace lo explica así: "Dios actúa de forma diferente según la persona. Él sabe cuál es el ritmo adecuado para cada uno de nosotros, y el orden adecuado, así que con el paso de los años nos irá mostrando una tras otra qué cosas debemos cambiar, en qué áreas debemos crecer. Rara vez nos muestra de golpe todos nuestros errores, ¡porque nos frustraríamos!"2 La santidad instantánea no existe. Para vivir de una forma contraria a nuestra sociedad, tenemos que dejarnos guiar por el Espíritu Santo y estar dispuestos a cambiar durante toda la vida.
El Espíritu Santo es como el sastre de Dios: está dispuesto a darnos ropa nueva y a deshacerse de nuestro raído vestuario. El antiguo modo de vivir muere de forma lenta, amarga, porque no quiere perder el control que tiene sobre nosotros; pero la ropa nueva nos favorece mucho más. Como Eustace, tenemos que darle permiso al Señor para que nos vista de nuevo: "Señor, haz lo que tengas que hacer, busca en lo más profundo hasta llegar a los malos pensamientos, los malos sentimientos, los malos comportamientos. Aunque me duela, porque mi deseo es ser transformado para parecerme a ti."
1 C.S. Lewis, La travesía del viajero del
alba / Crónicas de Narnia 5 (Barcelona: Destino, 2005), pp. 143-144.
2 Richard F. Lovelace, Dynamics of Spiritual Life (Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press,
1980), p. 111.
C.S. Lewis, La travesía del viajero del alba / Crónicas de Narnia 5 (Barcelona: Destino, 2005), pp. 143-144 — el relato completo de la transformación de Eustace, una de las imágenes más vívidas de la gracia salvadora en la literatura cristiana. Vea también Richard F. Lovelace, Dynamics of Spiritual Life (Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press, 1980), p. 111, sobre el ritmo pausado con el que Dios conduce el proceso de santificación en cada creyente.
Identifique un habito, actitud o patrón pecaminoso específico del que necesita despojarse. Escribalo en un papel. Luego, al lado, escriba la virtud o practica opuesta con la que lo va a sustituir. Por ejemplo: si su problema es la critica constante, su sustitucion será hablar palabras de edificacion cada día. Si es la preocupacion ansiosa, la sustitucion será la oración de gratitud cada vez que sienta ansiedad. Durante toda la Lección, practique activamente la sustitucion. Al final de cada día, haga un breve examen: ¿pude practicar hoy el "vestirme del nuevo hombre"? Comparta su progreso con un companero de confianza.
El discipulado generaciónal: invertir en otros lo que hemos recibido
Que cada discípulo comprenda que la señal más clara de madurez espiritual es el deseo y la capacidad de invertir en la vida de otro discípulo, transmitiendo a la siguiente generación las riquezas espirituales recibidas, y que asuma el compromiso de iniciar o participar en una relación de discipulado con otra persona.
Pida a cada participante que mencione el nombre de una persona que haya invertido significativamente en su crecimiento espiritual: un abuelo, un pastor, un líder de joven, un mentor. Que explique brevemente qué hizo esa persona y cómo impactó su vida. Después de escuchar las historias, haga esta pregunta al grupo: ¿Qué habría pasado si esa persona hubiera decidido no invertir en usted? ¿Dónde estaría hoy sin esa influencia? Ahora invierta la pregunta: ¿Quién será esa persona para alguien más gracias a usted?
El apóstol Pablo, al final de su vida, preso en Roma y consciente de que su muerte estaba cerca, escribió a Timoteo las que serían algunas de sus últimas palabras. Entre ellas, una instrucción que contiene el ADN del discipulado cristiano: "Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros" (2 Timoteo 2:2). En un solo versículo, Pablo describe cuatro generaciones de transmisión de fe: Pablo enseña a Timoteo, Timoteo encarga a hombres fieles, y estos hombres fieles enseñan a otros.
Esta es la estrategia de multiplicación que Jesús diseñó desde el principio. Jesús no predicó a millones; invirtió profundamente en doce, y dentro de ellos, aún más profundamente en tres (Pedro, Jacobo y Juan). No fue una estrategia de multitudes sino de multiplicación. Un pastor puede predicar a mil personas, pero si esas mil no transmiten la fe a otros, el impacto termina en una generación. En cambio, si un discípulo invierte en dos personas, y cada una de ellas invierte en otras dos, en pocas generaciones el impacto es exponencial.
Note las cualidades que Pablo busca en los receptores de esta inversión: "hombres fieles que sean idóneos." No busca a los más talentosos ni a los más carismáticos, sino a los fieles. La fidelidad es la cualidad número uno que Dios busca en un discípulo. Y la idoneidad no se refiere a capacidad natural sino a disposición para aprender y transmitir. El discipulado no es un programa académico para los intelectualmente dotados; es una inversión relacional en personas comprometidas que están dispuestas a hacer con otros lo que alguien hizo con ellas.
En 1 Tesalonicenses 2, Pablo describe cómo fue su ministerio entre los tesalonicenses con dos imágenes profundamente personales. Primero, dice: "Fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos" (v.7). La imagen de una madre amamantando a su bebé transmite intimidad, ternura, sacrificio propio y provisión vital. Pablo no veía su ministerio como una tarea profesional sino como una relación maternal: dar de sí mismo para nutrir la vida espiritual de otros.
Luego cambia la metáfora: "Como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios" (v.11-12). El padre en la cultura antigua era quien formaba el carácter, quien exhortaba con firmeza, quien preparaba para la vida adulta. Pablo combina la ternura de una madre con la firmeza de un padre. El discipulado auténtico requiere ambos: cuidado tierno y desafío valiente. Solo ternura produce dependencia; solo firmeza produce distancia. La combinación produce madurez.
Y en el versículo 8, Pablo revela el corazón del discipulado: "Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no solo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos." El discipulado no es transmitir información; es compartir la vida. No es un currículum que se entrega, sino una vida que se abre. Pablo no solo enseñó teología a los tesalonicenses; les entregó su vida. Y ese modelo de ministerio es el que debemos reproducir: relaciones intencionales, vulnerables y sacrificiales donde la fe se transmite de vida a vida.
A lo largo de estas 24 Lecciones, cada participante de este curso ha recibido una enorme riqueza espiritual: verdades fundamentales de la fe, hábitos espirituales, comprensión bíblica, experiencia de comunidad y crecimiento personal. Pero esta riqueza no fue dada para ser acumulada sino para ser compartida. Jesús dijo: "De gracia recibisteis, dad de gracia" (Mateo 10:8). La riqueza espiritual que no se comparte se estanca, y lo que se estanca se corrompe. La señal de un río vivo es que fluye; la señal de un pantano es que retiene.
¿Cómo comenzar? No se necesita un título de seminario ni años de experiencia. Se necesita disposición, fidelidad y dependencia del Espíritu Santo. Piense en una o dos personas que podrían beneficiarse de lo que usted ha aprendido. Puede ser un creyente nuevo, un cristiano estancado, o incluso alguien que aún no conoce a Cristo y está buscando. Invítelo a estudiar juntos, a reunirse semanalmente, a compartir la vida. Use los materiales que ha recibido. Cuente su propia historia. Sea transparente con sus luchas y sus victorias. El discipulado no requiere perfección; requiere autenticidad.
Este es el momento más importante de todo el curso. Todo lo que hemos estudiado, desde la identidad en Cristo hasta la guerra espiritual, desde la oración hasta los dones, cobra su mayor significado cuando se transmite a otra persona. El discipulado no termina cuando el curso acaba; el curso es apenas la preparación para que comience el verdadero trabajo: la multiplicación. Imagine lo que sucedería si cada persona en esta clase discipulara a dos personas en el próximo ano, y cada una de esas personas hiciera lo mismo. En pocos años, la transformacion alcanzaria a cientos de vidas. Ese es el plan de Jesús. Ese es el legado que estamos llamados a dejar. No se trata de construir un ministerio personal; se trata de ser fieles al mandato de Jesús. "Id y haced discípulos a todas las naciones."
2ª Timoteo 2:2
"Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros."
Este versículo es considerado por muchos estudiosos como el texto definitivo sobre la estrategia de multiplicación del discipulado en el Nuevo Testamento. Pablo escribe su segunda carta a Timoteo desde una prisión romana, probablemente la cárcel Mamertina, sabiendo que su ejecución es inminente (2ª Timoteo 4:6-8). En este contexto de urgencia, Pablo no le pide a Timoteo que construya un edificio, que organice un evento o que escriba un libro. Le pide que invierta en personas. El verbo "encarga" significa "depositar algo valioso en manos de alguien de confianza", como quien deja un tesoro en custodia. El Evangelio es ese tesoro. Las cuatro generaciones (Pablo, Timoteo, hombres fieles, otros también) revelan que el discipulado no es lineal sino exponencial. Cada eslabón multiplica el alcance. La cualidad requerida no es el talento sino la fidelidad: personas confiables que guardarán y transmitirán intacto lo que recibieron.
En el primer capítulo de 1ª Tesalonicenses Pablo alaba a los receptores de la carta por sus muchas cualidades. Luego, en el capítulo 2, describe las cualidades que él mismo tiene y los métodos que usó para animarlos a crecer.
Pablo se presenta como alguien digno de ser imitado. Son muchas las ocasiones en las que él dice, en esencia: "Si me imitáis, estáis siguiendo a Cristo." Llega a decirles a los corintios, sin ningún tipo de falsa modestia: "Os exhorto: sed imitadores míos" (1ª Corintios 4:16). Un elemento muy importante de la enseñanza bíblica es el papel del maestro como modelo viviente. Al analizar 1ª Tesalonicenses 2:1-12, encontramos varias cualidades del carácter de Pablo que todo discipulador debería procurar.
Pablo tuvo valor en el Señor (v. 2). Habló del Evangelio a pesar de la violenta oposición que había encontrado poco antes en Filipos (Hechos 16:11-40): lo habían golpeado y encarcelado injustamente por haber liberado a una joven esclava de un espíritu de adivinación. Aun así, en medio de aquella celda, Pablo y Silas oraron y cantaron himnos a Dios a medianoche. Cuando sus propios recursos se agotaron, Dios proveyó los suyos, y el carcelero de Filipos terminó creyendo en Cristo. Ese mismo valor forjado en el sufrimiento fue el que Pablo llevó consigo a Tesalónica.
Su mensaje y su motivación eran verdaderos (v. 3). El Evangelio de la encarnación y la resurrección sonaba a pura locura para el oído griego, y algunos insinuaban que Pablo era un fraude, e incluso lo acusaban de practicar en secreto rituales inmorales. Pero Pablo sostenía que su mensaje venía de Dios, y su conducta respaldaba sus palabras: no había en él intención de engañar, sino una honestidad abierta nacida de la convicción de que estaba diciendo la verdad.
Pablo hablaba para agradar a Dios, no a las personas (v. 4). Vivía con la conciencia de que Dios le había confiado un mensaje, y por eso no tenía derecho a suavizarlo ni a cambiarlo para ganarse la aceptación humana.
Pablo no buscaba su propio beneficio (v. 5). Trabajaba con sus propias manos haciendo tiendas, de modo que nadie pudiera acusarlo de usar el ministerio para enriquecerse.
El método de Pablo era invertir en las personas. La única manera de hacer discípulos es formar parte de la vida de aquellos a quienes se está guiando. Así como Dios se acercó a nosotros en la persona de Cristo, Él nos usa de la misma manera cuando nos entregamos a los demás. Observe cómo se entregó Pablo a los tesalonicenses:
1. "Como una madre que cría con ternura a sus propios hijos" (v. 7). Pablo conocía a las personas bajo su cuidado, se enfocaba en sus necesidades y las guiaba hacia la madurez, con la ternura de quien cuida de un bebé.
2. "Os hemos impartido... no solo el Evangelio, sino también nuestras propias vidas" (v. 8). Pablo no era una autoridad distante y sin relación con quienes servía; se implicó y compartió su vida con los tesalonicenses, mostrándoles su lado humano. El discipulado consiste en invertir en una o varias personas durante un período de tiempo considerable.
3. "Como un padre lo haría con sus propios hijos" (v. 8, 11). Ningún ser humano es igual a otro; cada uno tiene sus propias necesidades y su propio momento de crecimiento. Un padre potencia el carácter único de cada hijo, y lo mismo debe hacer quien enseña: animar y guiar a cada persona hacia la madurez y la semejanza a Cristo.
El estilo de Pablo es prácticamente el opuesto de lo que solemos hacer hoy en la Iglesia. Su estrategia ministerial podría resumirse en este orden: discípulos, congregación, programa. Él no empezaba por el programa; dejaba que el programa surgiera de manera espontánea del contexto del discipulado y de la comunión que nacía entre los discípulos. Proclamaba el Evangelio, invertía tiempo y esfuerzo en quienes respondían, y con ellos formaba una comunidad de creyentes. Su ministerio creció sobre ese fundamento.
El ministerio de la Iglesia hoy suele empezar en el orden inverso: organización, programa, discípulos. Creemos que el hacer discípulos se logra a través de programas, en los que el que enseña se presenta como maestro frente a un espectador pasivo. Un grupo reducido de personas planifica actividades, y la inmensa mayoría se limita a asistir sin comprometerse. Con frecuencia, los comités y los consejos diseñan un sistema por el que todos deben pasar, esperando así una producción en masa de discípulos. Pero por naturaleza los programas se centran en actividades, no en personas; no sirven para atender a nadie de forma individual.
En la primera línea de su carta a los tesalonicenses, Pablo escribe: "Pablo, Silvano y Timoteo..." El hecho de que mencione a dos compañeros revela su estrategia: era muy consciente de la responsabilidad que tenía de transmitir el Evangelio, y por eso eligió a personas que estuvieran con él para poder transmitirles la fe en el contexto de la vida cotidiana, invirtiendo en sus vidas durante un largo período. Pablo conocía el carácter de Dios y el contenido del Evangelio, y lo transmitió de forma eficaz.
Junto a este énfasis en las personas, vemos en Pablo la seguridad de que su vida era digna de imitar. Sin ningún disimulo, se atreve a decir: "Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor" (1ª Tesalonicenses 1:6), y también: "Vosotros sois testigos, y también Dios, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes" (1ª Tesalonicenses 2:10). La actitud de Pablo era: "Yo represento a Cristo, y vosotros deberíais seguir mis pasos." Sabía que tenía algo que ofrecer, y no dejó que una falsa humildad lo llevara a pedir disculpas cada vez que proclamaba la Palabra. Nosotros también, como discípulos, debemos creer que tenemos algo que ofrecer.
Pablo no escogió a Timoteo para que le ayudara con el equipaje en sus viajes. Vio en él la cualidad de la fidelidad, una cualidad que serviría para el futuro de la Iglesia. La amplitud de la visión de Pablo se entiende con claridad al leer 2ª Timoteo 2:1-2: transmitió su fe a Timoteo en presencia de muchos testigos, formándolo en un ministerio público, no como si fueran parte de una secta secreta, del mismo modo en que un padre le enseña su oficio a su hijo.
Timoteo debía continuar transmitiendo esa fe a personas fieles y leales, en las que se pudiera confiar. Era el eslabón entre la era apostólica y la generación siguiente. Como escribió William Barclay: "todo cristiano es un eslabón entre su generación y la generación siguiente."1 Pablo no quería dejar en herencia una estructura, una organización o un programa; para él lo más importante era preparar personas que después pudieran preparar a las generaciones futuras. Lo dejó bien claro cuando escribió: "A Él nosotros proclamamos, amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo. Y con este fin también trabajo, esforzándome según su poder que obra poderosamente en mí" (Colosenses 1:28-29).
1 William Barclay, The Letters to Timothy (Philadelphia: Westminster Press, 1956), p. 131.
Con esta última lectura del curso, cerramos el círculo que abrimos en la primera lección. Todo lo que usted ha recibido a lo largo de estas veinticuatro semanas —la identidad en Cristo, la disciplina del tiempo devocional, el estudio de las Escrituras, la oración, la redención, la guerra espiritual, los dones del Espíritu— no le fue dado para que terminara en usted. Pablo escribió a Timoteo desde una celda romana, sabiendo que probablemente no vería el fruto final de su inversión, pero confiando en que Timoteo continuaría la cadena. Usted, hoy, se encuentra exactamente en el mismo lugar que Timoteo: ha recibido un depósito valioso, y ahora tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de encargarlo a otros que sean fieles e idóneos para enseñar también a otros. La cadena que empezó con Cristo y los doce, que pasó por Pablo, por Timoteo, y por incontables generaciones de fieles hasta llegar a usted, no puede terminar aquí. El discipulado que usted ha recibido fue un regalo; ahora es un encargo.
📚 Lectura Recomendada
Coleman, Robert, Plan supremo de evangelización (El Paso, Tx.: Casa Bautista de Publicaciones, 1983).
Gregory J. Ogden, Discipulado que transforma: el modelo de Jesús (Terrassa: Editorial Clie, 2006).
Este es el desafío final y el más importante de todo el curso. Ore esta Lección pidiéndole a Dios que le muestre a una o dos personas en quienes invertir espiritualmente. Escriba sus nombres. Antes de que termine la Lección, contacte a esa persona e invitela a reunirse con usted regularmente para estudiar la Biblia, orar juntos y crecer en la fe. No espere a sentirse "listo" porque ese momento nunca llegara. Comience con lo que tiene y confie en que el Espíritu Santo suplira lo que le falte. Recuerde: usted no necesita tener todas las respuestas; solo necesita estar un paso adelante y dispuesto a caminar junto a alguien. El discipulado que usted recibio en estas 24 Lecciones fue una inversión de Dios en su vida. Ahora es su turno de invertir en otros. Que la cadena no se rompa con usted.